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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

El fuego ha sido protagonista en excelentes películas y documentales con títulos como: En llamas (2020), de Alexey Nuzhny; Lo que arde (2019); Héroes en el infierno (2017), de Joseph Kisinski; World Trade Center (2006), de Oliver Stone; o Llamaradas (1991), de Ron Howaerd).

Hay bastantes más, pues el fuego y los incendios, provocados o fortuitos, siempre ha sido una temática presente en muchas películas, en ocasiones teniendo al fuego como protagonista principal y en otros como fenómeno transversal del film, presente de forma secundaria.

Como muestra hoy comentaré tres filmes de incendios, excelentes. Empiezo con el estreno Arde Notre Dame (2022), de J. J. Annaud; La vida en llamas (2015), de M. H. Martín; y un clásico,El coloso en llamas (1974), de J. Guillermin - I. Allen.

ARDE NOTRE DAME (2022). En 2020 Jean-Jacques Annaud anunció su intención de llevar a la gran pantalla el incendio de la catedral de Notre Dame. Quería principalmente hacer un reconocimiento a los bomberos que extinguieron lo principal del fuego para que la tragedia no fuera a más.

Mi parecer es que el director francés ha conseguido transmitir de manera fidedigna y veraz el gran pesar que sentimos los millones de personas que vimos volatilizarse un templo magno que muchos habíamos visitado personalmente.

Un poco de historia

El 15 de abril de 2019 medio millones de personas entramos en shock ante la noticia y las imágenes del gran incendio que se desató en la emblemática Catedral de Notre Dame de París, una obra que se fue construyendo entre los siglos XII y XIV. Recrea este terrorífico y virulento incendio que provocó la caída de su aguja, así como el tejado de este bellísimo templo gótico. En apenas una hora, la cúpula y toda la parte alta colapsaron y cayeron para estupor de muchos.

Annaud se emplea a fondo

Detrás de la crónica del incendio que sacudió los cimientos de la catedral parisina, está todo un maestro del séptimo arte: Jean-Jacques Annaud (París, 78 años). Nuestro cineasta evita los efectos digitales. Lo que ha hecho es replicar a escala real algunas secciones de la catedral, para después prenderles fuego literalmente.

Annaud ha conseguido, así, una película espectacular, que hace uso del abundante material de archivo que grabaron las cadenas de televisión y los cientos de personas con sus móviles. Tiene incluso documentos de Macron o a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Todo en favor del realismo.

Técnicamente está impecablemente hecha y la fotografía de Jean-Marie Dreujou resulta majestuosa en lo visual, particularmente en las secuencias del incendio.

Dificultades en la urbe parisina

La película evidencia lo relacionado con el entramado de las avenidas y el diseño complejo de las calles de París, que al igual que en tantas ciudades europeas, son muy estrechas, transitadas y prácticamente colapsadas; una realidad con la que nos identificamos los espectadores que asistimos a la película, haciéndonos sudar la gota gorda de pura angustia.

Vemos en pantalla a los bomberos, responsables de apagar el incendio, que se encuentran mil y una dificultades, antes de llegar al lugar de la catástrofe. Momentos de gran tensión: calles taponadas por obras, tráfico intenso o vehículos entorpeciendo el recorrido.

Toda esta baraúnda de movimientos y la ansiedad que se sufre en la catedral, está acompañada por una banda sonora que arropa perfectamente, de Simon Franglen, que amplifica el voltaje dramático de los acontecimientos.

La iniciativa de los productores

Es claro que los productores han contratado a un director de prestigio para que lleve a la pantalla con el mayor énfasis y detalle posible, esta desdicha reciente en el país galo. Jean-Jacques Annaud se emplea a fondo para trasladar al espectador una de las mayores desgracias para el arte monumental de su país, rodando el siniestro a modo de gran espectáculo.

En el plano narrativo la ortodoxia se impone, siendo que los veinte primeros minutos aciertan a describir extraordinariamente cualquiera de los días turísticos corrientes de Notre Dame: aglomeraciones de turistas agitados por saborear la enorme belleza de la catedral.

Hasta que todo queda interrumpido por el aviso de incendio, y la difícil y caótica llegada de los bomberos con su heroísmo. Annaud no evita una velada crítica a cierta impericia, a la vez que alaba al esfuerzo anónimo para apagar el fuego.

Obra singular con clima asfixiante

No es una cinta al uso, tampoco es un documental, lo cual que el término “docudrama” bien podría encajar como manera de definir la obra; a la que se podría añadir el calificativo de: “género de catástrofes”.

El filme se mueve en torno a una tragedia, aunque sin víctimas. Gentes que arriesgan sus vidas para salvar el monumento, lo cual Annaud parece justificar en la búsqueda de la esperanza a través de la fe.

Crítica publicada en revista de cine ENCADENADOS.

 

LA VIDA EN LLAMAS (2015). Este gran documental sobre los malditos incendios de bosques y monte está: “Dedicado a todos los que luchan por salvar la naturaleza”.

Tuve la gran suerte de visionar, antes de su exhibición oficial, este excelente documental rodado sobre la realidad andaluza. En él podemos ver incendios en la Sierra de Huelva, en el Corredor Verde de Sevilla, en Cómpeta (Málaga). Incendios reales para los cuales los medios técnicos y el factor humano es principal para acabar con ellos. En estos infiernos, cada año se destruyen nuestros bosques, nuestra naturaleza, flora y fauna. Además, muchos son provocados por intereses o por pirómanos.

Se nos muestra y habla del operativo llamado INFOCA. Dentro del dispositivo existen unidades de élite helitransportadas que llegan a los sitios más peligrosos e inaccesibles del incendio, unidades con el nombre de BRICA (Brigada de Refuerzo contra Incendios de la Comunidad Autónoma de Andalucía). Cada BRICA se compone de 4 brigadas de 11 miembros lideradas por técnicos de extinción. En verano estas brigadas hacen guardia permanentemente.

Manuel H. Martín, director de esta obra, ha estado tres años centrado en este proyecto, tras otros cortos meritorios como 30 años de oscuridad (2011), que optó a los Goya. En este documental, Martín hace una labor impecable de dirección, con un magnífico guion y un argumento muy humano de Fernando Ureña, que ha seguido durante dos años a los miembros del BRICA y también a sus novias, amigos y familiares.

Gran fotografía, entre otros, de Alejandro Toro. Hay que señalar que la recaudación que se obtuvo con la proyección de este documental fue destinada a los bomberos forestales.

El reparto de este documental lo componen los héroes que se juegan incluso la vida para preservar el monte a resguardo de las llamas. Así, Gustavo A. Vidal, técnico que dirige todo, incluso a los helicópteros y su novia Sonia Calderas, para quienes “la naturaleza es vida”; Francisco Abarca, con más de sesenta años a quien pretenden jubilar, siendo el más entendido y trabajador de todos: el “sabio del fuego”, el que conoce las intenciones de las diabólicas llamas y alerta por dónde hay que abordar la tarea de extinción.

Los protagonistas son estos y más, todos gentes trabajadoras y firmes en sus convicciones de amor a la naturaleza, gente noble.

En el documental hay imágenes de incendios como los producidos en la Sierra de Huelva o el perímetro de Aznalcóllar con el retén El Madroño (los retenes son unidades de vigilancia e intervención repartidas por toda Andalucía); el ruido de las llamas que “parecen aviones”, y “¡ven pacá!”, y “¡aquí estoy!”, y “¡ten cuidao!”; y “¡salte de ahí!”; fuertes brazos batiendo sierras y azadas, haciendo cortafuegos; siempre presente la parte teórica del fuego: dirección del viento, combustión del tipo de madera, constantemente tomando decisiones lo más acertadas posible. Y en algunas escenas, el “quejío” del cante hondo en la forma de fandango onubense.

Los árboles, los boques, pinares, encinares, choperas, todos son para nuestro bien, purifican el aire, nos dan la noble madera, nos cobijan y dan sombra en los tórridos días de verano en nuestra calurosa Andalucía. Y junto a él mirlos, abubillas, aves rapaces, jabalíes, ciervos y cabras montesas que caen junto a ellos cuando arden.

Este documental habla con maestría y entendimiento de los guardianes oficiales contra el fuego en Andalucía, como los hay en otras regiones y autonomías.

Crítica publicada en revista de cine ENCADENADOS.

 

EL COLOSO EN LLAMAS (1974). El día de la inauguración de un rascacielos de última generación de 138 plantas, la mayoría de las autoridades y los personajes más importantes de San Francisco se encuentran en la fiesta de su inauguración.

Los invitados lo pasan animadamente en la fiesta que se celebra en el último piso del edificio. Y hete aquí que un suceso imprevisto, un cortocircuito provoca la tragedia de un incendio en el piso 81 que comienza a extenderse con enorme rapidez.

En su momento, la Fox y la Warner se unieron para ofrecer un clásico del cine de catástrofes-incendios, un género popular en los años setenta con superproducciones como la que ahora comento, que brindaban un gran espectáculo con grandes estrellas de Hollywood en el reparto.

En este caso, John Guillermin e Irvin Allen supieron dirigir magistralmente esta cinta cargada de emoción, suspense, acción, un montaje de lujo, gran fotografía de Fred J. Koenekamp y Joseph F. Biroc, junto a una hermosa música de John Williams.

El reparto estaba constituido por lo más granado del cine americano de la época con actrices y actores como el mítico Steve McQueen, el guapo Paul Newman, el ya consagrado William Holden, Faye Dunaway, Fred Astaire, Richard Chamberlain, Robert Vaughn, Robert Wagner, Sheila Allen y otros, en conjuntado trabajo coral, siendo los dos primeros los que más lucen en la cinta.

Fue una obra que tuvo un gran éxito de taquilla -fue la segunda película más taquillera del año 1975, tras "Tiburón" (Jaws)- y, en cuanto a premios, consiguió 3 Oscar (fotografía, canción y montaje), aunque tuvo 8 nominaciones, incluyendo el de mejor película.

 

De la oleada de pelis de catástrofes setentera (los años 70 fueron un momento culminante para este subgénero), esta fue sin duda la mejor de todas, con un espectáculo visual de primerísimo orden.

En suma, una superproducción que también tenía momentos de gran intimidad en medio de escenas grandilocuentes y dramáticas. Los secundarios perfectos, los protagonistas Newman y McQueen, en un duelo interpretativo muy interesante; filme técnicamente impecable.

Y la crítica a los constructores de edificios tan elevados sigue siendo la más clara y lúcida que se haya hecho jamás.