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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Agatha Christie (Reino Unido 1891-1976) ha sido una de las escritoras del género policíaco más prolíficas y leídas del siglo XX. Se dio a conocer en 1920 con El misterioso caso de Styles, relato escrito mientras trabajaba como enfermera durante la Primera Guerra Mundial. Ya aparece el famoso investigador Hércules Poirot, al que pronto combinó en otras obras con el personaje Miss Marple, una sutil señora de edad avanzada.

Tras un matrimonio fallido (1914-1928), Agatha se volvió a casar posteriormente con el arqueólogo Max Mallowan, a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria. Llegó a pasar largas temporadas en estos países; esas estancias inspiraron varias de sus docenas de novelas posteriores, como Asesinato en la Mesopotamia (1930), Muerte en el Nilo (1936) y Cita con la muerte (1938).

La estructura de la trama de sus narraciones, basada en la tradición del enigma por descubrir, es siempre similar, y su tratamiento está en función de la observación psicológica. Algunas de sus novelas fueron adaptadas al teatro por la propia autora, y otras han sido llevadas al cine. Entre sus títulos más populares se encuentran Asesinato en el Orient-ExpressMuerte en el Nilo y Diez negritos.

En su última novela, Telón (1975), relata la muerte de Hércules Poirot, que concluye una carrera ficticia de casi sesenta años.

En cuanto a Kenneth Branagh, el segundo protagonista de esta entrega, nació en 1960 en Belfast, Irlanda del Norte (Gran Bretaña). Es un actor y director que se inició en el teatro en los años 80, alcanzando prestigio por sus actuaciones en la Royal Shakespeare Company.

En el cine alcanzó fama mundial con su “Enrique V” (1989) (nominada al Oscar como mejor actor y director). En 1992 fue de nuevo nominado al Oscar por “Swan Song” (C). Posteriormente Branagh adaptó a William Shakespeare en “Mucho Ruido y Pocas Nueces” (1993), “Hamlet” (1996) (Candidata al Oscar mejor guion adaptado); “Trabajos de Amor Perdidos” (2000) y “Como Gustéis” (2006).

Además del teatro y el cine, el actor norirlandés trabajó en televisión, apareciendo en diferentes telefilms, como “Lorna” (1987) o “La Solución Final” (2001) (Premio Emmy).

Si damos un salto, en 2017 se convirtió en Hércules Poirot en “Asesinato en el Orient Exprés” (adaptación novela de A. Christie), que dirigió él mismo.

En 2018 dirigió “El Último Acto”, interpretando a William Shakespeare; y dos años después filmó “Artemis Fowl” (2020), fantasía y aventura (novela de Eoin Colfer).

En 2021 dirige “Belfast” (2021), filme ambientado en la Irlanda del Norte de los años 60 del pasado siglo y obra autobiográfica (Globo de Oro al mejor guion). Y es en 2022 cuando repite el papel de Hércules Poirot en otra adaptación de A. Chrsitie, “Muerte en el Nilo”, que dirige también.

Mis lecturas de A. Christie

Mi recuerdo de las novelas de Agatha Christie es muy antiguo a la vez que placentero. Era en mi infancia y las localizaba en la extensa biblioteca que en casa tenía mi madre, gran lectora. Eran días de verano, a veces con fuerte viento de levante. Recuerdo aquellos libros muy entretenidos y hacía mis cábalas sobre la identidad del asesino. Pero las intrigas estaban muy bien construidas y el misterio se guardaba para el final.

MUERTE EN EL NILO (2022). Basada en la novela de 1937 de Agatha Christie, estamos ante un thriller de crímenes, misterio y amor dirigido por Branagh. En él se habla del desconcierto emocional y las consecuencias tóxicas que provocan los amores compulsivos y los comportamientos persecutorios.

El detective belga Hércules Poirot se embarca en unas vacaciones egipcias a bordo de un glamuroso barco de vapor, contratado por una madre para que indague la conveniencia de la relación amorosa de su hijo con una mujer; y también contratado por una bonita fémina recién casada, que teme la agresión de la exnovia de su reciente y flamante esposo.

La tal navegación se convertirá en la terrible y endemoniada búsqueda de un asesino. Ocurre todo ello durante la romántica luna de miel de la pareja perfecta. Todo acabará de la peor manera y de la forma más trágica imaginable.

Una historia de pasión desenfrenada, tensión y celos destructivos, de que son protagonistas un grupo de personajes mundanos elegantemente vestidos y de refinados modales. Los importantes giros y disyuntivas de la historia, las intervenciones de Poirot, sus interrogatorios y pesquisas y sus sagaces observaciones, hacen que el espectador se pregunte sobre cuanto sucede hasta el interesante y absorbente desenlace.

El filme hace gala de un gran alarde técnico, un cautivador diseño de producción, enorme fotografía en 65 mm a cargo de Haris Zambarloukos, excelente y envolvente música de Patrick Doyle y un impecable Branagh en la puesta en escena.

Elementos todos que resultan de una acción que conjuga lo analógico y lo digital, y que cuenta con un reparto de lujo. Un elenco bien conjuntado, coral, con un peso definitivo de actores y actrices que evocan el Hollywood clásico, como Gal Gadot, Emma Mackey, Armie Hammer o Annette Bening, siendo la estrella definitiva el Poirot de Kenneth Branagh. Subrayo a Gal Gadot y Emma Mackey, que aunque más no sea por las escenas iniciales de baile, ponen la historia a cien por hora, y dan pie a las conjeturas que luego se habrán de cumplir.

Es vital la presencia de Hércules, donde queda sustanciado el espíritu, la razón y la médula de este filme en el cual, el crimen –como apuntaba antes- es incluso secundario. De hecho, lo que nos descubre realmente el fondo y los entresijos de la historia, es a un Poirot rico en matices y angulaciones, un individuo complejo, con claroscuros e interesante de escudriñar.

El problema principal es que anticipa lo evidente. Está bien en su parte primera, cuando va presentando con todo lujo de detalles y con detenimiento, un abundante surtido de personajes que interactúan de manera interesante. Y cuando por fin fluye la sangre, la cosa se precipita en una investigación con numerosas sorpresas, lo cual engancha y faltan ojos y oídos para no perder ripio.

Un espectador despierto no tarda en atar cabos sueltos y conocer con prontitud quién está detrás del crimen sobre el cual pivota supuestamente la trama. Pero a pesar de esto, Branagh acierta a adobar la cosa con pistas falsas, curvas inesperadas y giros prodigiosos que nos mantienen pegados al asiento. La sensación es que, más que ante un whodunnit (¿quién lo hizo?), en este filme nos encontramos ante un howdunit (cómo fue). Se trata de cómo, en lugar de quién, como en la mayoría de las entregas policiales o de detectives y crímenes; el espectador cuenta con las pistas para deducir la identidad del asesino. Pero sabiendo quién es, hay que demostrarlo, que no es poco.

Hay dinero, mucha teatralidad, unas formas realmente bellas y una propuesta anacrónica, pero efectiva en su deseo de mantener en vilo el subgénero del murder mistery, en una industria cada vez menos proclive a este tipo de producciones.

Conclusiones de interés

Punto uno: Un Poirot incansable. El Poirot de Branagh hace incluso horas extras. No sólo para la investigación del crimen, sino también para defenderse a sí mismo.

Punto dos. Elenco repleto de estrellas que nos entretiene en todas las direcciones: Branagh genial; una hermosísima Gal Gadot; muy interesante Letitia Wright; Armie Hammer sembrado; Sophie Okonedo muy sugerente; Emma Mckey preciosa y muy bien; Tom Bateman inspirado; Annette Bening como pintora extrañamente mala; Jennifer Saunders, divertida yanqui comunista; y así hasta casi treinta actores y actrices de renombre.

Punto tres. El guion de Michael Green agrega giros inesperados a la trama, en favor de la intriga.

Punto cuatro. Grandiosas tomas largas, a la captura de un paisaje envolvente, de un Egipto milenario y esplendente.

Punto cinco. Vestuario cuidado, esmerado y muy apropiado a la historia de millonarios a gogó danzando arriba y abajo, de fiesta en fiesta y bebiendo champaña.

Punto seis. Película que ofrece una valiente alternativa en tiempos de deconstrucciones escépticas.

Más extenso en revista de cine Encadenados.

ASESINATO EN EL ORIENT EXPRÉS (2017). Viajamos en el legendario tren Orient Express. El detective Hercules Poirot investiga un asesinato cometido en el trayecto. Fruto de sus indagaciones es que todos los pasajeros del tren son sospechosos del mismo.

El tren ha quedado bloqueado por la nieve entre montañas de un país balcánico, en el vagón donde viaja Poirot se ha cometido el crimen y todos sus ocupantes parecen tener motivos para alegrarse de que haya sucedido.

Intriga propia de Christie que reúne a todos los sospechosos en un espacio limitado. Para remate, el tal crimen se ha perpetrado en un recinto del que supuestamente nadie pudo salir y únicamente la víctima entrar.

Espectaculares imágenes de exteriores en una película teatral; incluye el filme un par de escenas de acción, las cuales hacen más ágil el producto; todo lo cual, unido al propio protagonista, son las novedades más apreciables. Branagh compone un Poirot bastante maniático, pero también secretamente sentimental.

Destacan la distinción y la elegancia de los señoriales vagones y el vestuario, que son un placer para la vista, amén de ser una obra ejecutada con irreprochable oficio.

En una versión anterior de Lumet, este explotó con talento el encanto de sus estrellas. Pero en esta esta cinta, los personajes y los actores quedan a medio camino. Además, Branagh hace malabarismos con demasiados personajes para mantener cierto orden, lo cual repercute mal en el último acto.

Estrellas como Johnny Depp queda un tanto desenfocado; Willem Dafoe desaborido y asumiendo un llamativo acento austriaco, habría dado para más; o una Penélope Cruz haciendo de fanática, no resalta. Por supuesto no están mal Derek Jacobbi y Judi Dench, pero no es suficiente. Sí consigue momentos interesantes la bella Michelle Pfeiffer. Branagh está bien, pero su versión de Poirot con su sentido del humor, de la justicia y su carga de nostalgia, está lejos de la imagen que dio del personaje nuestra escritora.

Cuando llega el momento en que Poirot presenta su teoría de lo que realmente sucedió, alinea a todos como los discípulos en "La última cena" de Leonardo, pero no logra articular cómo desenredó una trama tan inverosímil.

Esto es lo que hay, un trabajo meramente digno de un Branagh a quien se le pedía algo más.