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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hasta principios de la década de 1920, Irlanda y Gran Bretaña eran un mismo país, no exento de tensiones y litigios. No todos los irlandeses estaban felices con la unión y muchos emprendieron una larga y sangrienta lucha para independizarse de Londres.

Transcurrido un siglo, la isla está dividida en dos naciones: Irlanda del Norte, que forma parte de Reino Unido, y la República de Irlanda, en el sur.

Esta partición fue concretada en 1921, pero las tensiones en el norte perduraron por muchas décadas y se recrudecieron con el inicio del denominado conflicto norirlandés en 1968, que desató una ola de violencia y se prolongó por 30 años.

Tras miles de bajas irlandesas y británicas, el Acuerdo de Viernes Santo en 1998 le puso fin al conflicto. Las películas que hoy traigo aquí, abordan desde diferentes ángulos y temas este conflicto, hoy larvado y puesto en riesgo por el Brexit. Escribiré de: Belfast (2022), de K. Branagh; Hunger (2008), de S. McQueen; El viento que agita la cebada (2006), K. Loach; En el nombre del padre (1993), de J. Sherridan; y, Juego de lágrimas (1992), de N. Jordan.

BELFAST (2021). Kenneth Branagh, el director de esta cinta, nació en Belfast en 1960, en el seno de una familia protestante que, cuando él tenía nueve años, se mudó a Inglaterra para huir de la violencia. Belfast, su nueva película y gran favorita para los Oscar, está justamente ambientada a finales de la década de los sesenta y el niño protagonista tiene la misma edad de su misma que Branagh en aquellos años de enfrentamiento en Irlanda.

La historia sigue al pequeño Buddy mientras crece en un ambiente de lucha obrera, cambios culturales, enfrentamientos entre católicos y protestantes y terror sectario. Aunque Buddy sueña con un futuro alejado de tanto problema, mientras tanto encuentra consuelo en su pasión por el cine, en una bonita niña de su clase que le gusta, y en sus magnánimos padres y abuelos.

Es una película de la memoria, construida con ese montón de espejos rotos que decía Borges que era la memoria, "ese quimérico museo de formas inconstantes” que deviene fábula tan descabellada y bella que uno la da por cierta. Un “revival” nostálgico del propio Branagh.

En suma, el retrato de un tiempo extremadamente duro, pero desde la mirada de un crío que es capaz de convertir lo más cruel en lo más divertido. Un autorretrato, pero convencido y muy consciente de la propia impostura de todo autorretrato.

Una historia que es la de la huida de la familia del Branagh infantil, protestantes en minoría en un barrio católico. El padre condenado a trabajar en Londres con apenas unos días cada dos semanas para estar con su familia. Más la tensión de unas calles repletas de policías, la violencia fanática, la lucha proletaria y el humo de una revolución social en marcha. Todo es ruido, caos, injusticia y muerte ocasionalmente. Pero también hay vida, una vida que se impone obstinadamente frente a las mil calamidades que asedian a los protagonistas.

En este océano de recuerdos del narrador, los padres (Jamie Dornan y Caitriona Balfe estupendos), una hermosa pareja; los abuelos (Judi Dench y Ciarán Hinds), sabios, pacientes, ocurrentes y enamorados; la compañerita de colegio. La mirada del niño Jude Hilles, el mayor acierto de iluminación. Y la voz de Van Morrison que sirve a modo de sortilegio irrenunciable.

En 97 minutos de película en blanco y negro, Branagh da un recital de virtuosismo técnico. Travellings, contrapicados, planos cenitales, inclusión de color en ciertas escenas. Gran fotografía deslumbrante y viva en blanco y negro de Haris Zambarloukos, música feliz de Morrison y un drama en el cual Buddy nos permite ver a través de sus ojos secuencias de Star Trek (TV), El hombre que mató a Liberty Valance, Chitty Chitty Bang Bang o Hace un millón de años. Guiños que cualquier amante al cine sabrá apreciar como merecen.

Es una peli muy bonita, una obra “tierna y amable, reluciente y esperanzadora” (Ocaña), un metraje medido y un tono que encaja con estos días invernales de sentimentalidad nostálgica.

 

HUNGER (2008). Esta película es la crónica de la vida en la Maze Prison, una importante cárcel de Irlanda del Norte y los sucesos emotivos que tuvieron lugar en 1981 por una huelga de hambre del IRA, liderada por Bobby Sands. En la película se narra qué ocurre cuando se pone a una persona en mente y cuerpo, más allá de sus límites.

Exitosa ópera prima del director y guionista Steve McQueen, con un guion de su autoría junto a Enda Walsh. Un filme muy interesante en el plano narrativo, con imágenes y escenas contundentes a la vez que bellas.

Pero lo que sobresale es la exposición de sus posiciones ideológicas en la doble vertiente del nivel visual, mostrando la brutalidad policial y del propio IRA; y también subrayando el poder de la palabra, sobre todo en la extensa conversación entre el preso Sands y el sacerdote católico.

Es igualmente sobresaliente la interpretación de Fassbender, con una interpretación feroz y contundente, junto a otros artistas como Liam Cunningham o Liam McMahon. Excelente música de Leo Abrahams y David Holmes; gran fotografía de Sean Bobbitt.

Sin preconizar el terrorismo, es un retrato efectivo de la resistencia política que pasa de la ideología a la violencia, a la vez que nos pone frente a la realidad dramática de la Irlanda de principios de los 80.

 

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA (2006). Estamos en 1920 cuando dos hermanos se alistan en la guerrilla contra las tropas británicas que quieren impedir la independencia de Irlanda.

Por amor a su país Damien (Cillian Murphy) abandona su carrera de médico para unirse a su hermano Teddy (Pádraic Delaney) en pos de la libertad. Tras una lucha sin cuartel con numerosas bajas, el Gobierno Británico decide pactar con los rebeldes. Pero el acuerdo no fructifica, provocando divisiones en el IRA y concluyendo en un nuevo conflicto armado.

Sentida mirada sobre personajes revolucionarios desde la óptica de este gran director que es Ken Loach. Película impecable, de seco estilo a la vez que maniquea, con los ideales socialistas por bandera. Pura esencia Loach.

Buen reparto con los Murpfhy, Delaney o Liam Cunningham, y el director de fotografía Barry Ackroyd que acierta a capturar el pasado de Irlanda del norte de manera detallada.

Película que refleja la cruda realidad de dos guerras: Irlanda-Gran Bretaña, Pro tratado-Antitratado, en las que cualquiera podía ser amigo o enemigo según las circunstancias.

Obra que a pesar de ser una producción modesta está bellamente realizada, a la vez que resulta poderosa, desgarradora y apasionante.

 

EN EL NOMBRE DEL PADRE (1993). Película sobrecogedora y real sobre la injusticia, que narra la historia real de un despropósito judicial cuya conclusión recuerdo perfectamente haber visto en los informativos de TV.

Esta película de Jim Sherridan se inicia en Irlanda, Belfast, años 70. Gerry (Day-Lewis) es un joven sin oficio ni beneficio, lo cual disgusta mucho a su padre Giuseppe (Pete Postlethwaite), un hombre trabajador y educado.

Su padre lo manda a Inglaterra a ver si allí encuentra trabajo o hace algo productivo. En aquellos años setenta, acontecieron los violentos días en que la banda terrorista IRA sembraba de bombas el centro de Londres. El pobre Gerry juega a ser hippie en el peor lugar y en el momento equivocado.

Por cosas de la mala fortuna es detenido en Londres y acusado de participar en un atentado terrorista del IRA con bomba, que mató a muchos inocentes. Sin pruebas y tras haber sido torturado, es condenado junto a unos amigos a cadena perpetua. Fueron los denominados “cuatro de Guildford”. También su padre, tía, hermana, etc. son encarcelados de forma gratuita, como supuestos colaboradores en el acto terrorista.

Una vez en la cárcel, Gerry descubre la gran fuerza interior de su padre, su entereza y su integridad (moriría al poco), lo que da título al film.

Transcurridos quince años, con la ayuda de una abogada que recurre la sentencia (Emma Thompson), Gerry se propone demostrar su inocencia y limpiar el nombre de su padre. Finalmente se hace público uno de los errores más significados de la justicia de Inglaterra.

Es una película-denuncia, un alegato ante una tragedia carcelaria catastrófica y conmovedora por cuanto los hechos, como digo, fueron reales.

Jim Sheridan dirige con maestría este film, apoyado en un excelente guion del propio Sheridan y Terry George, basado en la autobiografía de Gerry Conlon (Proved Innocent, 1990). Conlon es el joven que fue víctima, junto con el resto de encausados, de 15 años de prisión injusta (1974-1989).

Acompaña la película una gran banda sonora de Trevor Jones con canciones de Bono y Gavin Friday. Gran fotografía de Peter Biziou; y las excepcionales interpretaciones de un Daniel Day-Lewis magnífico; la Thompson maravillosa en su papel de valiente abogada; o el enorme Postlehwaite, como padre.

Película-denuncia que tuvo un gran éxito de crítica y público. Una historia bien dosificada, sin exageraciones ni demagogia; impresionante acompañamiento musical y magníficas interpretaciones para una obra clave del cine británico contemporáneo. Entretiene y sobrecoge a partes iguales.

Más extenso en revista de cine Encadenados.

JUEGO DE LÁGRIMAS (1992). La organización terrorista IRA secuestra a Jody, un soldado británico. El prisionero entabla amistad con Fergus (Stephen Read), uno de los terroristas y este le pide a su carcelero que, si no sale del cautiverio, vaya a ver a su novia, Dil (Jaye Davisson), que vive en Londres.

Estupenda película de Neil Jordan con un guion de su propia autoría que le valdría el Oscar en su momento.

Película que hace reflexionar y que es un drama sobre el coraje auténtico. Un thriller delicado, dirigido con buen pulso y que provoca cierto temblor de tierra bajo los pies del espectador, a la vez que cuenta una historia de amor imposible.

 

Brillantes interpretaciones de Rea (convincente), Forest Whiteker (brillante), un Davison en plenitud o Miranda Richardson (muy bien).

Música brillante y colorista de Anne Dudley ("Tristán e Isolda", 2006) y una fotografía que hace a un relato muy efectivo que se integra, con acierto y sin ostentaciones estilísticas, en la narración general.

El terrorismo irlandés sirve como marco para un romance difícilmente imaginable. Película para digerir lentamente, absorbiendo los matices y liberado de cualquier prejuicio.