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No se trata de corporativismo, porque uno ya está muy lejos de ese día a día de la profesión y mira más a esa jubilación que siempre se retrasa que al qué ha pasado hoy. No se trata de amistad, porque eso no hay que demostrarlo, porque se tiene o no se tiene. Ni siquiera se trata de respeto a una profesional, porque Teresa Almendros se lo ha ganado día a día con su trabajo y nadie tiene que venir a recordárselo. Se trata, simplemente, de indignación, de enfado, de cabreo porque alguien (por supuesto sin nombre) se atribuya una profesión, que ni tiene ni se la merece, para desprestigiar no ya a una periodista, sino a toda la profesión.

Si a alguien no le ha gustado el artículo de Teresa sobre el alcalde tiene todo el derecho a criticarlo. Es más, hasta si le ha gustado tiene el derecho de criticarlo, pero cuando ves que alguien (insisto que amparado en un supuesto periodismo no demostrado) recurre al insulto barato y al ataque personal barriobajero para intentar desprestigiar no a una opinión legítima y argumentada sino a una profesional por hacer su trabajo, uno no puede quedarse callado. [El juego del calamar de Teresa Almendros]

Y si yo no me callo espero que otros tampoco lo hagan. No confío en que el propio alcalde o el equipo de Gobierno tengan la educación y el respeto de salir ante la opinión pública a defender a Teresa Almendros, o cuanto menos a defender su libertad de criticar, que para eso es periodista.



Pero me gustaría pensar que, cuanto menos, a nivel privado se dignen a hacer una llamada para disculparse porque alguien (y no entro si fue al dictado ‘popular’ o no, eso cada cual que piense lo que quiera) les ha utilizado para intentar dañar la imagen personal de una profesional.

(Y, por cierto, ¿a alguien le importa dónde ha nacido una persona? Si la esencia de El Puerto de Santa María radica en que todos nos sentimos portuenses porque vivimos en ella y amamos esta ciudad, no por lo que diga nuestra partida de nacimiento).

Teresa, siempre hemos trabajado uno enfrente del otro y eso no ha sido obstáculo para mantener un respeto mutuo personal y profesional. Se dice que “ladran, Sancho, luego cabalgamos” y por eso te invito a seguir cabalgando como siempre has hecho. Y aunque los ladridos molesten y duelan, sobre todo si son personales, recuerda que solo son un reflejo de la frustración de quien sabe que tus palabras son correctas, se esté o no de acuerdo con ellas.

Y aunque no soy amigo de dar consejos (que para ti tengo, pero que para mi no quiero) voy a hacer una excepción: Sigue siendo tú misma. Ya ladren o se manchen de calamar, porque lo que tú eres, lo que tú te has ganado día a día con tu profesionalidad no puede perderse por el editorial de un desgraciado que (tengo la impresión) ni siquiera sabe de qué va ese ‘juego del calamar’ con el que titula su ataque.

Un abrazo Teresa.