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Mi Rocío es un presente cargado de mil recuerdos. Es la medalla morena, con la plata cincelada, a golpes de mil Rocíos, a golpes de su mirada. Mi Rocío es un pasado, que marcando una sonrisa, siempre arranca aquellos ríos que recorren las marismas.

Mi Rocío, mi Rocío, mi Rocío es un brillante, blasfemo y condescendiste, que sin saber el porqué, chasquea la lengua con arte, mientras bebiendo una copa, con lagrimas en los ojos a Ella le besa los pies.

Es un gitano con arte, de cresta y dardo cruel, que mirándola a la cara se ha acurrucado a sus pies. Es un zahón y unos versos, un carnicero cruel, de saga tan Rociera que Ella lo tiene a sus pies.

Mi Rocío, mi Rocío es un Saborío, un extranjero sin arte, con un compás que da risa, y que a Ella, sin embargo, le ha sacado una sonrisa.

Mi Rocío son mil vivencias, un negarme a la evidencia, una lágrima sin rastro al escuchar ese toque que al Alba me despertó. Un negarme a ese volver, ese volver innegable, ese plantarme a sus pies y decirle, sin reparos, que jamás yo volveré.

Mi Rocío es mi Rocío, el que entiende poca gente, del que se ríen los que piensan que es solo juerga y beber, y sin embargo, pa Ella, es el volver a volver.

Mi Rocío es la vida misma, donde me encuentro con él, quien me llevara ante ella, quien me arrojara a sus pies. Mi Rocío es un Fernando, del que nunca olvidaré cuando al pasar por Sevilla mirando hacia el costureo me decía muy seriamente, mira esa casa Jose, pues de San Cucufato lo es.

Mi Rocío son todos ellos, mi vida que en un plumazo me hace llorar de alegría por ver que se han ido cerca, a esas Marismas Azules, donde suena el tamboril que me despierta en los sueños cuando no puedo dormir.

Mi Rocío es mi Rocío, el que no echo de menos, el que me abraza y me enseña que al alba en el corazón, sentiré sobre mis hombros sus besos y su perdón. Por Ella.

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