Print Friendly, PDF & Email

Ángel Quintana (Tribuna libre).- El Puerto de Santa María es una ciudad de importancia relevante en la región de Andalucía y sus gobernantes tienen que estar a la altura de ello. Durante mis años de concejal tuve la oportunidad de conocer las inquietudes de cientos de personas muchas de ellas agrupadas en el asociacionismo civil que en la localidad tiene una larguísima trayectoria  y tradición participativa. Una sociedad viva que se mueve y que hace que lo mejor de El Puerto sean sus moradores.

Una ciudad puede ser el reflejo de sus gobernantes o, al contrario, los gobernantes reflejo de la ciudadanía. Sin embargo, hoy por hoy, esto no guarda coherencia alguna en El Puerto. Existe un auténtico divorcio entre lo que quieren y necesitan los portuenses y lo que hace día tras día el Equipo de Gobierno que es poco o nada.



Observo con estupor como ciudadano de a pie que El Puerto involuciona y se queda, cada día que pasa, más aletargado y desfasado respecto a sus competidores más inmediatos que son las poblaciones del entorno de la Bahía de Cádiz. La realidad es bien tozuda y muy evidente, calles sucias, malas hierbas creciendo en cada esquina, semáforos que funcionan en ocasiones, barrios abandonados a punto de convertirse en guetos, farolas fundidas, servicios públicos municipales al borde del colapso por falta de personal, asociaciones a punto de tirar la toalla por falta de pago de subvenciones municipales, policías locales maltratados, bibliotecas y salas de estudio que cierran temprano, una oferta cultural y teatral diezmada, licencias de todo tipo tardías, un Equipo de Gobierno al que le pides audiencia y no te atiende, una participación ciudadana que quedó en el recuerdo, pliegos esenciales para los servicios públicos prorrogados in extremis, falta de presupuesto municipal para desarrollar la ciudad y sacarla del atolladero, políticas sociales de “limosneo” sin solucionar los problemas de raíz de las personas necesitadas con programas de inserción laboral que les posibilite una vida digna y desprecio político continuo a los grupos de la oposición, por decir algunas cosas que están en la calle, en cada plaza, barrio, en los bares o en las redes sociales de vecinos y vecinas.

A cambio, con esta situación, el Gobierno Municipal lo único que ofrece es “pan y circo”, o lo que es lo mismo, Soko y cacharritos en Valdelagrana. De cara a la economía puntualmente no está mal, menos es nada pero, sin duda, no soluciona  los problemas esenciales y urgentes de El Puerto.

La ciudad vive una situación tal de decadencia que cuesta pensar en una localidad de más de ochenta mil habitantes en Andalucía que esté en este bucle de parálisis. Esta realidad necesita la unión de todas las administraciones, pactos, y políticos con altura de miras que se partan la cara y carezcan de una visión “túnel ombliguista” para sacarla del hoyo permanente en el que se encuentra.

Como aficionado a la historia que soy creo que no hemos conocido en la democracia reciente un Gobierno tan desinteresado por su gente, tan pasota, indolente o anestesiado como éste.

Supongo que muchos que leéis estas letras pensaréis que el que las escribe fue concejal del Gobierno anterior y que algo ha tenido que ver en la situación que está la ciudad. Lo pudimos hacer mejor o peor, tomamos decisiones con aciertos y errores, pero jamás dejamos de escuchar a las personas y de preocuparnos por sus inquietudes.

En mi caso particular dimití. Me fui cuando supe que no podía ayudar más desde mis circunstancias y posibilidades dejando paso a otros que me relevaron con más ilusión, fuerzas y energía. Creo que un político local debe ser honesto e irse cuando ya está al límite de sus capacidades.



El sábado 15 de mayo a las 11.00 horas varios colectivos ciudadanos con los que estoy muy de acuerdo han convocado una manifestación desde la plaza de la Noria con las premisas de que El Puerto no necesita política de “community manager”, tampoco un Alcalde que haga carrera política a consta de aguantar aferrado al sillón pase lo que pase sin hacer nada. La política local no es cuestión de siglas de partidos sino de personas y para mí alguien que no escucha a su pueblo no merece ser Alcalde ni comer de él a través de unos presupuestos municipales, por cierto, prorrogado del mandato anterior.

Que el verano llega y con él “el pan y circo” que solo es pan para hoy y hambre para mañana. Que vaya bien el periodo estival entra en el guión de la normalidad de una ciudad maravillosa como la nuestra en un marco costero inmejorable, no se trata de un éxito político.

Después de la temporada alta, siempre llega el bajón que te devuelve a la cruda realidad de una ciudad que necesita cuidados y mimos permanentes.

Señor Alcalde, reflexione y piense serenamente en conjugar el verbo dimitir. Tómelo como algo natural y que a veces se hace en la vida pública. ¡No pasa nada!

Después de ello hay otra vida para usted y una nueva oportunidad para El Puerto, seguro.

Anuncio