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Desde La Pasarela.-  Así es, y aunque parezca una broma de mal gusto, esta primavera el recinto asentado sobre un antiguo cuartel del siglo XVIII va a estar huérfano de la ya clásica programación de teatro con la que el pueblo pueda disfrutar de la farándula. Y es que nadie entiende bien el comunicado por el que la Concejalía pertinente ha intentado tirar balones fuera exculpando lo que supone un fracaso en la gestión cultural de la ciudad.

Produce perplejidad argumentos como “problemas burocráticos” o “no vamos a dejar atrás a las compañías de teatro” (sic). No se entra demasiado en detalles en explicar semejante decepción y lo que sí que va a dejar es con un palmo de narices a los cientos de aficionados asombrados con la respuesta que dan. Estupor general pues se supone que se trabaja con antelación desde muchos meses antes para que, al menos, se logre cerrar un número de funciones de mayor o menor calidad pero siempre dignas a los ojos del espectador.

Indudablemente la sorpresa es mayúscula entre el público asiduo y hay hasta quienes piden dimisiones y responsabilidades. Por otro lado no se sabe qué ocurrirá con el uso de sus instalaciones para que el potencial cultural de la ciudad pueda desarrollar su actividad. Sin noticias tampoco de la oferta musical de bandas al gusto particular de unos pocos denominada “Escena Rock”. El Ciclo de Cine se espera vuelva pronto para regocijo de su exquisita audiencia cinéfila.



Lastimosamente la tragicomedia no tiene cabida este año en El Puerto cuando lleguen los idus de marzo, una localidad con casi noventa mil habitantes donde todavía quedan paisanos que no han pisado el Pedro Muñoz Seca porque les perdura el trauma que ocasionó que el añorado Teatro Principal fuese pasto de las llamas aquel fatídico día de hace casi cuarenta años. Cinema Paradiso.

La realidad es que el lugar donde la magia de las candilejas envuelve a los amantes de las obras escénicas -con sus virtudes y sus defectos, con sus toses, con sus sonidos de teléfonos móviles y con sus inevitables ‘colaos’-,  va a estar unos meses sin subir el telón, triste, apagado con sus casi seiscientas butacas vacías a la espera de tiempos mejores tanto administrativa como sanitariamente. 

Habrá que resignarse, oiga; humildad y paciencia pues en esta bendita tierra hay deberes fundamentales que no logran llevarse a cabo como es obligación porque resultan 'muy complicados', no obstante no hay que preocuparse demasiado porque en cuanto menos te lo esperes y en un pispás te montan un “Soko” y te colocan una “noria de París”. El espectáculo debe continuar.