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Verdaderamente el asunto de la eliminación de árboles sin motivo justificado, “porque sí, porque yo lo digo”, va tomando ya tintes dramáticos que necesitan una pronta solución. El ejemplo está en la reciente tala indiscriminada efectuada en el Parque Periurbano Dunas de San Antón, principal parque forestal de El Puerto de Santa María. Y es que estamos ante un nuevo arboricidio ejecutado por el Ayuntamiento y Junta con la complicidad de las huestes del cacique que una vez fundara una cosa llamada IMUCONA “con el propósito de conservar la naturaleza de El Puerto de Santa María y sus aguas” (sic). Para mayor inri, todos esos pinos, ya troceados, han ido a parar a las chimeneas de los propietarios de las ostentosas viviendas de una urbanización colindante para calentar sus hogares. Les molestaban esos viejos pinos, oiga.

El panorama es ciertamente turbio. En un extremo, despiadados políticos que les importa el medio ambiente un huevo de pato, y en el otro, ecologistas que denuncian y que son amenazados por despecho, además de ciudadanos de urbanizaciones cuna de ese imprescindible voto cautivo.

Sin querer hacer mas leña del árbol caído -nunca mejor dicho-, pues mucho se ha hablado y opinado acerca de los innumerables atentados que sufre el arbolado de la ciudad, va siendo hora de que el pueblo llano tome la palabra y pase a la acción.



Ante esta deforestación masiva y extinción de su correspondiente biodiversidad, es necesario que todos los ciudadanos nos impliquemos y alcemos la voz para que llegue a oídos de quien corresponda.

Ciertamente, la manifestación y la protesta no son características de nuestro pueblo, pecando en ocasiones de cierto conformismo e inmovilismo, por lo que resulta difícil cambiar de la noche a la mañana. Está muy bien eso de denunciar en las redes mediante fotos y vídeos explicativos, no obstante en manos de todos está lograr que la indignación general no sólo provenga de los de siempre, es decir, desde asociaciones de vecinos, jóvenes estudiantes comprometidos y ecologistas recalcitrantes; la solidaridad colectiva es la respuesta ejemplar al conflicto.

Si echamos la vista atrás, se reivindica una movilización como la acontecida contra el parking en la Plaza Peral y la consecuente eliminación de su centenaria masa arbórea. Fíjense que en los últimos diez años -y de un plumazo-, se han eliminado cincuenta mil árboles que se dice pronto.

En un poema irlandés del siglo VII, se dio una lista de los siete árboles jefe dentro del soto sagrado (roble, avellano, acebo, tejo, fresno, pino y manzano) que fue agregada a la antigua ley en las Tríadas de Irlanda, bajo la cual se exigía, al parecer, la pena de muerte por la tala ilegal de alguno de ellos. Mas tarde, esta ley fue sustituida por la multa del pago de una vaca y se aplicó a reyes o jefes, poetas, músicos, herreros, carpinteros y dignatarios eclesiásticos.

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