Print Friendly, PDF & Email

Aún recuerdo el cambio, la llegada, los comentarios, las especulaciones, el revuelo, pues viviendo al lado de una parroquia, sus cotilleos, las entradas y las salidas, siempre son motivo de comentarios.

Los años pasados, vividos, terminados, apenas tienen importancia, ya que hablar de recuerdos o vivencias apenas tiene importancia cuando la vida sigue.

Ahora, de nuevo, las especulaciones están al orden del día, los comentarios, como salidos del L´Osservatore anuncian el motivo de la partida, auguran los cambios y justifican con todo lujo de detalles los porqués, los pros, y los contras de situaciones que se les van de las manos.



Me quedo con la pena de no verle todos los días por la mañana al comprar el pan. Echaré de menos esperar en San Juan mientras despide a su hermano; me acordaré de José Gabriel, a quien sin saber por qué, tuve especial cariño, y de Julio, de Mallou, o Manuel pero a quien, como en la mili, conocíamos por el apellido más destacado, y Diego, Don Diego, quien pasara a ser parte de mí, de mi vida y de mi historia, vinculada a la Iglesia que cada mañana me da los buenos días.

Su partida, como la de otros nos trae la incertidumbre, pues a todos nos inquietan los cambios. Y sin embargo, en asuntos de Dios, recuerdo el dicho de mi padre, “Señor de infinita bondad, que tan jodidos nos tienes, será porque nos conviene, Hágase Tu Voluntad”.  Y es que si a nosotros nos crea incertidumbre, al afectado seguramente también, igual que al que viene, y supongo que mucho más.

Vienen nuevos tiempos, nuevas experiencias, los motivos, dan igual, pues la jerarquía dispone, y asumirla con agrado es la mejor de las maneras. Y sin embargo, a nivel personal, su partida será sentida.

No es el caso de que algo se muera en el alma cuando un amigo se va, pero si la tristeza de perder el contacto diario con alguien cercano. Con la certeza de que va a mejor lugar, pues siempre las misiones encomendadas son para mejorar a nivel personal mediante el esfuerzo, confió plenamente en que, como siempre, y a pesar de lo alto del listón, quien viene, y de cuyo nombre aún no puedo acordarme, terminará por ser parte de nosotros, por ocupar nuestros corazones y formar parte del que será su hogar hasta que Dios disponga otra cosa.

Desde aquí, los mejores deseos para ambos, porque en temas de destinos, Diego… con la Iglesia hemos topado. Enhorabuena a ambos.

Anuncio