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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Ópera y cine, sin haber vivido relaciones tormentosas, tampoco han tenido por lo común un idilio aceptable. Es lógico, pues existen dificultades para conciliar dos lenguajes que tienen unas reglas de juego distintas: “La ópera trae su propia factura, su movimiento, desde el siglo XVII, y a ese movimiento estamos acostumbrados desde la infancia”, escribió el novelista cubano Alejo Carpentier. “El cine, en cambio, ha venido creciendo dentro de un ritmo, de una trepidación, de un espíritu de síntesis, que constituyen sus mejores cualidades. Los ocho minutos de un aria de barítono, breves para la ópera, resultan excesivos en el cine” (A.C.). Va más lejos el compositor y director de orquesta Pierre Boulez cuando afirma: “La adaptación de la ópera al cine se justifica, en definitiva, en la medida en que implique la absorción por el medio. Si no, no es una obra de arte original, es un reportaje”.

Los encuentros entre ópera y cine han surgido, por lo común, como la conclusión natural de una fascinación. Ingmar Bergman esperó muchos años antes filmar La flauta mágica (1975), adaptación televisiva de la famosa ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, consiguiendo una película cálida, feliz e inocente. El gran cineasta Joseph Losey supo resaltar la belleza turbadora de Don Giovanni (Don Juan), una obra de la cual el mismo director dijo: “He pretendido hacer accesible esta música a un público popular lo más amplio posible, a todos aquellos que aman la ópera y que raramente pueden verla y oírla sobre un escenario”. En fin, aunque algunos directores han sido seducidos por la ópera, en rarísimas ocasiones lo han hecho más de una vez, lo que muestra cuán difícil, intensa y agotadora es la experiencia.

Grandes cantantes de ópera

Pero lo que presento y comento en esta entrega no es en sentido estricto la relación entre la ópera y el cine, sino más bien sendos documentales de dos de las más grandes figuras operísticas de la contemporaneidad. El gran documental de Tom Volf, Maria by Callas (2016), referido a una de las más significadas sopranos de todos los tiempos. Y otro documental, Pavarotti (2019), película de Ron Howard sobre el destacado tenor, también una figura del bel canto para la posteridad. Este es mi menú para este sábado.

MARÍA BY CALLAS (2017). Tom Volf nos brinda con esta cinta una lección sobre las virtudes del operísticas de María Callas (1923-1977); un lujo realmente, escuchar las arias principales que cantó la famosa soprano a lo largo del ancho mundo. La película está plagada de documentos y grabaciones que hasta ahora no habían visto la luz. Volf consiguió muchas horas de película, horas de grabaciones, 400 cartas y cientos de fotos con los que luego se hizo un trabajo de orfebrería, para captar los matices originales y conseguir que la imagen de la soprano resultara íntima y cercana. Callas le dijo a su amiga Nadia Stancioff: “Si tengo que morir antes que tú, quiero que le digas a la gente quién era realmente”. Pues algo que queda claro en esta cinta es que la Callas tenía un carácter y un carisma únicos.

Tras sus debilidades había una mujer firme como un noray. Como declaró la Callas (de origen griego y tomando el mito como punto de comparación): “El destino es el destino y no tienes escapatoria”. Es difícil ser una rutilante estrella y ella declaró: “Me gustaría ser siempre Maria, pero está la Callas, de la que debo estar a la altura”. El film se vertebra sobre una entrevista con David Frost realizada en 1970, donde Maria es capaz de mostrarse con franqueza.

Podemos visionar en el film el rodaje de Medea de Pier Paolo Pasolini o unos ensayos operísticos con Luchino Visconti. Por supuesto hay todo un hermoso rosario de fragmentos de NormaMadame Butterfly, Un ballo in maschera, Carmen, Macbeth, La traviata, La sonnambula o Tosca, y en esos episodios vemos al público de los teatros entregado a la diva. La Callas fue una soprano única, no ha habido otra igual.

María Callas fue conducida en su juventud por una madre exigente. E igual hizo su esposo, que la empujó a trabajar sin descanso. Hasta que finalmente Callas se separó de él y ahí vino, a renglón seguido, su sonado romance con Onassis. Pero de esos aspectos íntimos ya di cuenta en otra entrega anterior, Grandes mujeres en la pantalla.

La obra de Volf es una aproximación bien fundamentada, sobre la capacidad y el hechizo de una voz que se erige como legítima protagonista del film. Callas cantó como nadie, pero el film es también una acercamiento respetuoso y veraz de una mujer que triunfó pero también sufrió. Una diva que tuvo una vida de lucha y esfuerzo constante desde su infancia. Este ardor y sus desamores hicieron que muriera joven, a los 53 años de edad. María Callas fue demasiado grande como para adaptarse a una vida mortal.

 

PAVAROTTI (2019). Nacido durante la Segunda Guerra Mundial; el pequeño Luciano comenzó a cantar en la iglesia, acompañado de su padre que en palabras de Luciano “tenía una voz fantástica, mejor que la mía”. A Luciano el reconocimiento le llegó pronto, estimulado por su debut en Londres en 1963.

Ron Howard reaparece tras su sensacional documental sobre los Beatles, con otro documento sobre la vida y obra del fabuloso tenor italiano Luciano Pavarotti (1935-2007), sin duda uno de los mejores de todos los tiempos. Howard consigue un genuino acercamiento, profundizando en la humanidad de Pavarotti; lo hace sobre en dos aspectos esenciales: el del tenor grande y el de la persona que es consciente de su grandeza y también de sus flaquezas.

Los amantes al bel canto pueden re-escuchar sus principales éxitos y sus grandes momentos, y las arias que cantó en todos los teatros del mundo; siempre con Nessun dorma, de la ópera Turandot de Puccinique era su aria de referencia, pero también La Bohème (Puccini será clave en la trayectoria de Luciano), ToscaMadame Butterfly; llenando los espacios operísticos más importantes del mundo como el Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres o La Scala de Milán.

Hay también en la cinta una interesante disertación sobre las cualidades y el trabajo de los tenores para alcanzar un Do de pecho. Se señala que la voz natural de un hombre es la de barítono, no de tenor, por lo cual, poder negociar las octavas superiores es un talento relativamente inusual que se debe cultivar arduamente. Y es aquí donde residen las glorias de gran parte del repertorio masculino de la ópera italiana, cuando aparece alguien con los dones de un Pavarotti que “hace vibrar tus oídos”, como dijera el director de orquesta Zubin Mehta.

El documental incluye su persona, su historia, su relación con sus padres, con sus mujeres y es también un testimonio de su vinculación con otras músicas diferentes como el rock o el pop, gracias a su colaboración con cantantes como Eros Ramazotti, Sting, Andrea Boticelli, Michael Jackson, el grupo U2 (hermosa interpretación en vivo de Miss Sarajevo, la canción que Bono escribió para Pavarotti), Brian May, Zucchero o Frank Sinatra. Sin olvidar su colaboración con otros grandes cantantes operísticos como José Carreras y Plácido Domingo, que actuaron juntos en los años noventa presentándose como “Los tres tenores”.

La película cuenta con el testimonio vivo de Plácido Domingo, lo cual le confiere al documento un peso específico y una enjundia mayor si cabe. “La vida es demasiado corta”, dice con fuerza Luciano Pavarotti en un singular momento de su existencia y del documental, y su figura parece el ejemplo cabal de una vida plena: familia, éxito, dinero, el aplauso y la admiración del público. Howard declaró: «Entendí el filme como una oportunidad para explorar la vida de Pavarotti por medio de (…) entrevistas con el tenor, así como con su círculo familiar y de amistades más estrecho. He llegado a descubrir que uno de los objetivos más ambiciosos de Pavarotti era ampliar el alcance de su arte para que más gente se enamorara de la ópera (…) A Luciano le apasionaba tanto la música como la gente. Y quería acercar la música a tanta gente como le fuera posible». Ha sido así como Howard ha construido su gran oda a uno de los cantantes de ópera más grandes nunca conocido.

Es de aplaudir este tesoro desbordante de imágenes, grabaciones y clips de archivo del tenor italiano por excelencia, que colaboró muchísimo por popularizar la ópera en la segunda mitad del siglo XX y que igualmente fue un gran filántropo y benefactor de obras de caridad, muchas al lado de la Princesa Diana de Gales y el cantante Bono.

 

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Enrique Fernández Lópiz. Nacido en El Puerto de Santa María, es Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y Doctor en esta disciplina por la Universidad de Granada, donde es Profesor Titular del Departamento de Psicología Evolutiva. Cinéfilo desde siempre, escribe críticas cinematográficas desde hace dos décadas en diversos medios escritos y digitales.

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