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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

En los finales de los años setenta y la década de los ochenta, el cine español experimentó avances en diversidad de géneros como el ‘policial’ y a la vez continuó su andadura consiguiendo premios importantes en los festivales internacionales. En 1982, José Luis Garci, a quien me referiré ahora, recibió el primer Oscar de Hollywood para el cine español, con la mejor película de habla no inglesa, “Volver a empezar”. Fue precisamente Garci uno de los cineastas de la época que se mostró más activo cara a ofrecer productos actuales que ayudaran a pasar la página del franquismo y su profusión de censura y severidad.

El Crack y su ‘precuela’: cine negro español

La censura de la dictadura y también el acomodo a un cine costumbrista y folklórico, limitó en España el desarrollo de un cine negro propio equivalente a obras norteamericanas como “El Halcón Maltés” (1941) de John Huston o “Sed de mal” (1958) de Orson Welles (no tardaré en hablar de estos dos clásicos).

Con indulgencia, podríamos hablar de alguna obra ‘noir’ del cine patrio tipo “El clavo” (1944) de Rafael Gil o “Los peces rojos” (1955) de José Antonio Nieves Conde; y se podría rescatar algún otro título como “Anónima de asesinos” (1966) de Juan de Orduña. Pero a mi parecer fue José Luís Garci quien por vez primera inaugura un género policial hispano, con influencias del cine policial norteamericano, que era el cine que le gustaba a Garci. Títulos memorables fueron “El crack” (1981) y “El crack Dos (1983) donde aparece la figura del escéptico detective Germán Areta, interpretado entonces por Alfredo Landa, que ha tenido su tercera entrega en 2019 con “El crack Cero”, esta vez encarnado por Carlos Santos. Esta entrega está ambientada en un tiempo anterior a los anteriores “cracks”, lo cual recibe el nombre de ‘precuela’.

En las líneas que siguen y a modo de homenaje al personaje Areta, pero sobre todo a su creador J.L. Garci, comentaré dos de estas obras separadas una de otra nada menos que por 38 años: El crack (1981); y El crack Cero (2019).

 

EL CRACK (1981).

EL CRACK (1981). Un ex policía llamado Germán Areta que trabaja como detective, recibe el encargo de encontrar a la hija de un poderoso hombre de negocios de León. Garci dirige esta cinta en plena madurez, consiguiendo una hazaña importante: hibridar el ‘noir’ norteamericano con el cine ‘negro’ español, género prácticamente inexistente.

La trama transcurre de forma paralela entre Nueva York y Madrid, ambas fiel representación de la urbe contemporánea. Además, Garci quiere verse reflejado en la modernidad yanqui y escapar del casposo tardo-franquismo para definir un film de intriga a la española, con dedicatoria al maestro de la novela negra americana, Dashiell Hammet. Depurado uso de los rostros, de las miradas, y un Landa que se supera así mismo, saliendo del encasillamiento del ‘landismo’.

En el reparto acompañan también nada menos que María Casanova, el enorme José Bódalo, o los impagables Manuel Tejada, Miguel Rellán y Manuel Lorenzo. Landa perfecto pistola en mano diciendo: "devuélveme el mechero o te quemo los huevos", mientras escucha cintas de Bordon 4, Eugenio y Jeannette. ‘Piojo-Areta’ y sus ayudantes tienen además un elevado nivel ético. Areta es hierático y desapasionado, es también tremendo, pero es igualmente un tipo entrañable y sensible. Areta sufre y padece enormes reveses vitales, pero eso no le hace perder la esperanza en la humanidad. Areta es deudor de Sam Spade o Philp Marlowe, pero en contra de estos, él quiere sentar cabeza y tener una familia.

La relación con el western es innegable y nuestro detective nunca se retira, siempre dispuesto al desagravio y a la acción. Pero no estamos en Norteamérica y podemos ver en la cinta referencias muy castizas a la Navidad y a retomar la senda del cariño, corregido y aumentado precisamente por cierto grado de desolación.

El crack con Landa como Germán Areta, tuvo una segunda entrega menos exitosa en 1983, “El crack Dos”, equivalente a la anterior, referenciaba a Raymond Chandler, otro gran escritor de novela negra americana.

 

EL CRACK CERO (2019).

EL CRACK CERO (2019). Con esta cinta Garci ha regresado al cine después de seis años alejado de los focos y lo hace recuperando de nuevo al icónico Germán Areta. 'El crack Cero' es una precuela ambientada en los estertores de la dictadura franquista que reivindica un modelo de cine pretérito que huele a tabaco mezclado con aromas de after shave de la época.

En la historia, una encantadora mujer sugestiva y casada, pide ayuda al detective privado Areta, para que investigue el caso de la muerte de su amante. Transcurridos casi cuarenta años, ya pasado el duelo de la pérdida de Landa, José Luís Garci retoma esta saga “El Crack” esta vez “Cero”, de nuevo justo homenaje a ese «film noir» clásico que sin duda sigue instalado en su corazón cinéfilo.

La historia arranca en 1975, a poco de fallecer Franco, tiempos difíciles donde nuestro protagonista debe averiguar unos hechos y crímenes desasosegantes. Meritoria fotografía de Luis Ángel Pérez en B&N que realza una cinta que habla de un punto cero de nuestra historia reciente. Ante la ausencia de Landa, Garci ficha a un lúcido y espléndido Carlos Santos, que acierta a meterse en la piel del detective Areta con absoluta solvencia. Geniales también Miguel Ángel Muñoz y Pedro Casablanc.

Es película con olor a humedad y naftalina, que recupera la antigua banda sonora de Jesús Gluck. Nostalgia de épocas pasadas como lugar sereno; como apunta uno de los personajes: “en el pasado nadie te da la lata”. Garci es un hombre del pasado y esta película es una reliquia con montaje pausado, parlamentos muy correctos y que a pesar de su intensidad, deviene sosiego para el espectador. Garci retoma la historia, adelantándose unos años a las películas de Landa, con lo cual vemos a un Areta más joven y un relato que en vez de concluir, inaugura la saga ¡Ah! No hay que olvidar que este mundo ya no existe, el de las partidas de mus, los 'dry' martinis, la colonia Varon Dandy, los Philips Marlowes y la caballerosidad.