
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Christian Petzold es una de las figuras clave del cine europeo contemporáneo y el máximo exponente de la denominada Escuela de Berlín. Ya he comentado en estas páginas dos películas suyas: Bárbara (2012) y Espejos Nº 3 (2025).
Nacido en 1960 en Hilden (Alemania), tras realizar el bachillerato llevó a cabo el servicio social obligatorio en un pequeño club de cine de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) en el que se proyectaban películas para adolescentes con problemas. Y ahí prendió la mecha de su vocación.
El cine de Petzold, aclamado por la crítica y por la cinefilia, es uno de los más interesantes actualmente en Europa. Con una narración y puesta en escena que remite a lo que se conoce como cine clásico, pero con atisbos de modernidad.
En sus películas siempre existe una tensión entre el presente y el pasado. Cada uno representa un interés por la tradición y cómo esta se configura en la actualidad, un proceso en el que «hacer una película es buscar tu propia identidad cinematográfica», como él mismo ha declarado.
Hoy comento tres películas del maestro: El cielo rojo (2023); Ondina. Un amor para siempre (2020); y, Phoenix (2014).
EL CIELO ROJO (2023). La película sigue a dos amigos, Leon (Schubert), un escritor en crisis creativa, y Felix (Uibel), un fotógrafo, que se retiran a una casa en la playa para trabajar en sus respectivos proyectos.
Durante su estancia, se encuentran con Nadja (Beer), una joven que también está de vacaciones en la misma casa, y Devid (Trebs), un socorrista local. A medida que pasan los días, las tensiones y las emociones se intensifican, revelando las complejidades de sus relaciones y sus luchas internas.
Christian Petzold, hábil para crear atmósferas cargadas de emoción y tensión, dirige y escribe esta película. Utiliza la casa en la playa como un microcosmos donde explorar temas universales como la amistad, el amor, la creatividad y la autoaceptación. Su dirección meticulosa y su guion ingenioso permite que los personajes se desplieguen de manera orgánica, creando una narrativa que es tanto introspectiva como envolvente.

Actuaciones excelentes. Thomas Schubert convincente como Leon, reflejando la angustia y la frustración de un escritor bloqueado. Paula Beer (que ya ha trabajado con Petzold), aporta una mezcla de vulnerabilidad y fuerza a su personaje. Langston Uibel y Enno Trebs aportan profundidad y autenticidad.
La fotografía de Hans Fromm es otro punto fuerte. Las imágenes de la playa y la casa, capturadas con una luz cálida y nostálgica, hacen al clima melancólico de la historia. La música de Stefan Will complementa el tono de la obra.
Este filme delibera sobre la creatividad y las relaciones humanas. Petzold utiliza el entorno idílico de la playa para contrastar con las turbulencias de los personajes. Aborda la cinta temas como la búsqueda de la identidad, el miedo al fracaso y la necesidad de vinculación, ello con toques de humor y con sensibilidad.
ONDINA. UN AMOR PARA SIEMPRE (2020). El mito de Ondina, ninfa del agua que no tenía alma, la cual adquiría al enamorarse de un mortal. En la cinta, es la Ondina protagonista quien debe matar a su amante, lo cual que recibe una renovación en el actual siglo por parte de Petzold en esta obra presentada en el Festival de Berlín.
La principal innovación reside en que la historia no se centra únicamente en la traición de Ondina, que podría costarle tan caro a su amado, sino que ofrece una nueva y verdadera historia de amor que le permite experimentar lo que significa ser amada de verdad.
Petzold ha reunido a sus estrellas Paula Beer y Franz Rogwski para esta historia de amor no necesariamente épica, pero sí sincera y profunda en su sencillez.
Como ocurre en el inquietante cine del autor, el pasado y el presente se entremezclan de manera incómoda y a veces desconcertante, lo que la hizo, si se quiere, poco comercial, pero que gradualmente ganó en fama por su calidad.

Ondina (Beer), de veintitantos años, trabaja como guía en la Administración del Senado para el Desarrollo Urbano en el centro de Berlín. Pero antes de dar su charla habitual sobre los cambios que ha experimentado la capital a lo largo de los siglos, su amante Johannes (Matschenz) rompe con ella en la terraza de un café frente a su trabajo.
Las dos escenas, sucediéndose rápidamente, no podrían ser más diferentes. La ruptura se filma con primeros planos de miradas afligidas y amargas, más que con palabras, aunque podemos deducir que Johannes ha encontrado a otra persona y que Ondina planea cumplir con lo que la leyenda le exige, pues le dice que lo matará si la abandona.
En la siguiente escena, Ondina inunda la pantalla con palabras mientras da su presentación ante el público y la vemos moverse con los visitantes en planos generales que es lo opuesto a íntimos. Casi parece que esta Ondina profesional es completamente diferente de la mujer despechada que acabamos de ver al otro lado de la calle.
Hay otra presentación profesional, más adelante en la película, sobre el Palacio de Berlín, justo en el centro, que ofrece una clave para las escenas anteriores, ya que Ondina explica que el antiguo palacio fue demolido durante la era socialista y ahora está siendo reconstruido.
La paradoja es que un palacio del siglo XVIII esté siendo (re) construido en el siglo XXI, como si «el progreso fuera imposible», como sugiere Ondina con ironía. La idea de que las ciudades y los edificios cambian y mutan constantemente, pero siempre conservan algo de su esencia, es una idea muy petzoldiana que podría aplicarse a sus personajes.
De hecho, lo que a primera vista pudo haber parecido una reacción exagerada e impulsiva de Ondina en la primera escena, en realidad es algo predestinado, pues el mito de Ondina dicta que su amante debe morir si la traiciona. El final de Johannes estaba escrito, incluso antes de que Ondina descubriera su infidelidad.

Teniendo en cuenta esta aparente paradoja, la historia, a medida que se desarrolla, empieza a cobrar sentido. Casi por casualidad, Ondina conoce al buzo industrial Christophe (Rogowski) en el mismo bar donde Johannes rompió con ella apenas una hora antes.
Su encuentro es de lo más curioso: el buzo y la joven, cuyo nombre refiere una ninfa del agua, se ven repentinamente inundados por el contenido de un acuario situado en lo alto que estalla abruptamente, bendiciendo su unión con un inesperado bautismo de agua, el elemento que atrae a ambos.
Su romance vertiginoso es el equivalente al recién construido Palacio berlinés; no es el original, sino una versión mejorada de la historia de amor de Ondina con Johannes, que le da lo que este no pudo. Pero al mismo tiempo, persiste la inquietante sensación de que lo que está recibiendo no es lo original.
PHOENIX (2014). Final de la Segunda Guerra en Alemania. Al anochecer, bajo mando americano llega un coche con dos mujeres. Les piden su documentación y la que conduce entrega los documentos de ambas.
La acompañante lleva la cara vendada y el oficial le ordena que muestre el rostro. Le quieren explicar, pero no atiende a razones y cuando se quita las vendas, su cara está desfigurada pues en el campo de concentración donde estuvo encerrada, recibió un tiro que le atravesó la cara, dándola por muerta.
Historia oscura y melodramática, con un enfoque de Petzold sobrio y naturalista. Es como si hubiera decidido que la historia en sí es tan extraña que no necesitara recargarla con efectos llamativos ni una puesta en escena pretenciosa.

El filme adapta libremente la novela francesa “Regreso de las cenizas”, de Hubert Monteilhet. Trabaja con su actriz y musa habitual, Nina Hoss, que ofrece una interpretación sutil y sensible en un papel que fácilmente podría haber caído en la exageración.
Hoss interpreta a Nelly, una superviviente de Auschwitz gravemente desfigurada por herida de bala. Se ha sometido a una cirugía reconstructiva pero cuando le quitan las vendas, resulta irreconocible. Su rostro está cubierto de hematomas. Quienes no la conocen sospechan que pudo haber sido víctima de violencia doméstica.
Lo que Nelly afirma que la sostuvo durante su tiempo en los campos fue su amor por su marido, Johnny. Si está vivo, está decidida a localizarlo.
Hay una frase reveladora pronunciada por uno de los personajes femeninos de la película: "Ya sabes cómo son los hombres hoy en día", dice, con un fatalismo directo sobre el comportamiento de los hombres alemanes tras su derrota.
Nelly localiza a Johnny (Ronald Zehrfeld). Su antiguo amor ahora tiene un trabajo de perro en el club nocturno de Phoenix. Cuando se encuentran cara a cara, él la mira como si fuera una desconocida, pero no parece reconocerla, algo absurdo aparentemente.

Johnny resulta ser un oportunista. Nota que la mujer frente a él se parece algo a su esposa y la convence para que la suplante para reclamar una herencia considerable. Le dice a Nelly que habrá 20.000 dólares para ella si puede fingir ser... ella misma.
La película es una pieza en la cual Petzold indaga en la naturaleza del amor, la memoria y la traición. Hay capas y capas de engaño. Johnny está usando a Nelly para engañar y conseguir una fortuna. La propia Nelly está engañando a Johnny. Sus motivos son inescrutables y Petzold nos deja decidir si ella se aferra a él por amor o si pretende averiguar si la traicionó.
Hoss es una actriz muy expresiva y capaz de transmitir la fragilidad, el miedo de su personaje y la determinación a enfrentarse a su pasado. Petzold apunta su cámara a ella con atención, decidido a registrar cada pequeño cambio en sus emociones.
A medida que se descubren más mentiras bélicas, el verdadero drama aquí está menos en los giros escandalosos de la trama y más en la intensidad silenciosa pero abrasadora de la interpretación de Hoss.











