
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
No es raro encontrar películas con casuísticas extremas de pobreza, de delincuencia, de situaciones políticas engañosas, de falsedad, toxicomanía, en fin, mil y un casos de fatalidad llevada al límite.
En este tenor, hoy comento tres películas: Njabala (2023), de HM Roylicar; Después de mayo (2012), de O. Assayas; y, Réquiem por un sueño (2000), de D. Aronofsky.
NJABALA (2023). Potente y conmovedora obra cinematográfica dirigida por el ugandés Hussein Musa Roylicar. La película sigue la historia de Noura, una niña de 14 años cuya vida cambia drásticamente cuando, debido a tradiciones y presiones familiares, se ve obligada a casarse con un hombre mucho mayor que ella.
La historia se centra en las tensiones y conflictos internos de Noura mientras intenta adaptarse a su nueva realidad y, al mismo tiempo, lucha por mantener sus sueños y su más profunda esencia.
A través de un relato estructurado y emotivo, "Njabala" es una película contra el matrimonio infantil en las niñas, la emancipación femenina y contra los abusos que muchas niñas y mujeres enfrentan en ciertas comunidades y culturas.
Porque Noura es una joven brillante que aspira a convertirse en maestra, servir y ayudar a su comunidad. Sin embargo, su camino hacia la educación y libertad queda truncado al ser forzada a casarse con un hombre que la ve más como una propiedad que como una pareja.

Noura (Mugisha) es retratada como una protagonista fuerte y resiliente que, a pesar de su sufrimiento, nunca pierde de vista su objetivo de conseguir la libertad y la educación que tanto anhela. Los personajes secundarios, como el marido de Noura (Joan Hawah), aportan un equilibrio entre la fragilidad y una autoridad que atemoriza, permitiendo que el espectador entienda las capas del personaje dentro de la historia. Y la familia, que refleja las complejidades de las tradiciones, lo cual aclara la temática.
Las actuaciones son conmovedoras. La actriz principal, cuyo nombre es Isma Mugisha, hace un enorme y poderoso trabajo. Acierta a transmitir el dolor y la esperanza; la determinación de Noura en pantalla es impresionante. El actor que interpreta al marido, Joan Hawah está bien como personaje temido, pero también como que se puede entender en el contexto.
Este filme se consolida como una pieza cinematográfica de gran valor social y cultural. Una obra que va mucho más allá del mero entretenimiento, transformando el folklore y las problemáticas locales en un retrato universal sobre la resiliencia humana.

La dirección de Roylicar utiliza paisajes naturales de Uganda para reflejar la belleza y la dureza de Noura y también su estado mental. La naturaleza no es solo un fondo; su belleza sutil y su dureza física simbolizan de manera constante la lucha de Noura.
El uso inteligente de la paleta de colores y la cuidada composición de los encuadres construyen un entorno inmersivo y cargado: atmósfera densa. Cada plano acompaña de manera orgánica el aislamiento y el posterior empoderamiento del personaje principal.
Estamos ante una película que no solo busca entretener, sino también sensibilizar al público sobre los problemas de la mujer en África, sobre todo, e invita a reflexionar sobre los derechos de las niñas y las mujeres, a la par que desafía las tradiciones que limitan sus vidas y oportunidades.
Se trata de una pieza cinematográfica que merece ser vista y discutida. Un testimonio a la fuerza de las mujeres y niñas que enfrentan un sistema opresivo y una llamada a la conciencia global para abogar por sus derechos.
La película destaca, amén de por su narrativa, por sus actuaciones y su bella fotografía, haciendo que sea una piedra angular en la representación del cine africano contemporáneo.
DESPUÉS DE MAYO (2012). En el año 1971 Gilles, un joven estudiante de 18 años, está metido de pleno en la ebullición política y creativa de la época, tras los acontecimientos del mayo de 1968.
Al igual que sus compañeros, se debate entre la vinculación política extrema y sus objetivos personales y profesionales de futuro. Sus aventuras de activista, amorosas, los descubrimientos artísticos y otras circunstancias conducirán al personaje y sus colegas a Italia y Londres.
Se trata de un relato con toda probabilidad autobiográfico del director y guionista Olivier Assayas, en el que describe con un realismo inusitado y un gran verismo qué era lo que ocurría en aquellos años setenteros.

Cualquiera que tenga edad y memoria, verá perfectamente reflejado en este viaje de los chicos, el viaje de tantos jóvenes de la época. Algunos quedaron por el camino tristemente como consecuencia del consumo de drogas como la heroína.
Otros se convirtieron en furibundos activistas políticos luego fagocitados por los nuevos tiempos y reconvertidos en políticos moderados tipo socialistas y así. Otros sencillamente son –al decir del filósofo Albiac- “comunistas muertos”.
El resto hicieron sus estudios o formación y se desempeñaron en sus profesiones como pintores, médicos, abogados, torneros, etc., y tienen una vida como el común de los mortales.

Lo que más llama la atención es la visión ingenua sobre tantas quimeras políticas de la época idealizadas en el mundo occidental, como la revolución cultural de Mao o los cruentos movimientos políticos de Camboya como los jemeres rojos de Pol Pot, miembros del Partido Comunista de la llamada Kampuchea.
Es una obra cariñosa, un poco paternalista –como no podía ser menos para un señor como Assayas que rondaba entonces los sesenta-, pero a la vez no es indulgente y la historia respira veracidad. Se aproxima mucho a lo que ocurrió en aquellos entonces.
Claro que aquí todavía estábamos en las cavernas y éramos más casposos (tal vez por suerte). Se trata, en fin, de una reflexión sobre aquel tiempo, sin maniqueísmo y sin adoctrinamiento, lo que es de agradecer.
RÉQUIEM POR UN SUEÑO (2000). Harry (Jared Leto) y su madre (Ellen Burstyn) tienen anhelos diferentes, ella siempre a dieta para poder participar en su concurso televisivo preferido. La ambición de Harry y su novia Marion (Jennifer Connelly) es acumular pasta vendiendo droga y poder abrir un negocio propio, pero nunca alcanzan a tener bastante dinero.
Más allá de todo, tanto Harry como Marion no se conforman y harán lo indecible para conseguir la vida que desean.
Jóvenes que empeñan su existencia en la búsqueda sin descanso y que la heroína les proporciona, “supuestamente”, una sensación embriagadora de felicidad. Pero pronto, esta falsa felicidad se transforma en el modo que debe servir para apagar el efecto del “mono” o síndrome de abstinencia.

La ruina de la pareja es atroz, junto con la de otros seres, como la pobre madre anciana adicta a las anfetaminas para adelgazar y tener una figura esbelta.
Todos son víctimas y su autoinmolación resulta evidente. Protagonizan una tragedia que el título del filme expresa muy certeramente, la del destino puesto en manos de un fármaco, un elixir que parece prometerlo todo y que a su paso sólo deja un páramo, un paisaje arrasado.
Los personajes inspiran una gran lástima y la película es de difícil digestión, propiciando en el espectador algo parecido al llanto. Sus cuerpos se pudren en vida hasta terminar muertos antes de tiempo.

El filme nos ofrece, como en una bandeja al final de la fiesta, la verdad que subyace a la alegría de los paraísos artificiales, el veneno que se mete en el alma.
Su falsa promesa conduce por un sendero tormentoso a seres que multiplican su dolor y su soledad, como conduce a los niños hasta su perdición el flautista de Hamelin en el cuento. Todos confían en cantos de sirena inútiles.
Darren Aronofsky sensacional, intenso y duro, una escalofriante Ellen Burstyn (nominación al Oscar). Impresionante banda sonora de Mansell que eleva la cinta con notas en "crescendo" que ponen la carne de gallina.
Película que da hasta miedo, ejemplo de poesía de la degradación y la tristeza.










