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La película biográfica puede parecer un tributo vulgar, aunque necesario, para que el cine popular hable sobre el arte culto. Hay académicos y esnobs que se burlan de estas películas. Pero en lo más íntimo, a los más serios les gusta, sobre todo cuando son divertidas y fieles al relato.
Ayuda a conocer al personaje, además de poder ser admirado y digno de simpatía. Lo hemos podido ver con el pintor Van Gogh u otros genios. Mejor si es una vida como la del dramaturgo y poeta William Shakespeare, de la que poco sabemos y que deja espacio para la ficción. Hoy le toca a Kafka, un genio que sigue siendo actual.
Veamos películas como el estreno: Franz Kafka (2025), de A. Holland; Kafka, la verdad oculta (1991), de S. Soderbergh; o La grandeza de la vida (2024), de G. Maas y J. Kaufmann, centrada en el último año de vida del escritor.
FRANZ KAFKA (2025). El escritor Franz Kafka (1883-1924) no fue famoso en vida. Sorprende que sepamos tanto sobre él. De hecho, es incluso milagroso que conozcamos su obra, ya que le encargó a su amigo y albacea literario, Max Brod, que destruyera todos sus escritos y cartas personales tras su muerte.
Por suerte, Brod fue, en cierto modo, el peor albacea literario del mundo, pues incluso arriesgó su vida en ocasiones para sacar clandestinamente la obra de Checoslovaquia mientras huía de los nazis hacia Palestina, como se expone en esta nueva película biográfica de la directora Agnieszka Holland.
Según lo que he indagado, esta puede ser la única película biográfica completa sobre Kafka realizada hasta la fecha, aunque existen otras que lo convierten en un personaje atrapado en un mundo muy parecido a su propia ficción absurda y amenazante.

Holland, sabe que las biografías convencionales son inherentemente simples y corren el riesgo de ser aburridas y sin estructura si siguen un orden cronológico rígido por la vida del autor. Además, tiene que lidiar con el hecho de que la vida de Kafka no fue especialmente agitada ni interesante.
Kafka creció en una familia judía alemana acomodada en Praga; tuvo una relación difícil con su autoritario padre, Hermann, pero buena con su madre y hermanas; trabajó en el departamento legal de una compañía de seguros; se comprometió, pero rompió el compromiso y nunca se casó; contrajo tuberculosis y murió a los 40 años. Hasta aquí un resumen.
Su escritura, a la que se dedicó con fervor, era lo más interesante de él: una vida intelectual intensamente rica y variopinta.
Para superar los desafíos de esta biografía, los realizadores, Holland, el guionista Marek Epstein, el editor Pavel Hrdlicka y el equipo han optado por crear una película de montaje lúdico y caleidoscópica, hecha febrilidad, alrededor de la vida de Kafka y más allá, saltando décadas con un solo corte.

En la estructura hay conexiones causales evidentes. Por ejemplo, vemos al joven Franz (interpretado de niño por Daniel Dongres) cuando su padre (un magnífico Peter Kurth) le enseña a nadar arrojándolo a un río tras unas pocas lecciones, obligado el niño a hundirse o nadar (se hunde).
A esa escena le siguen saltos temporales que muestran a turistas en la actualidad admirando un lugar a orillas del río donde el Kafka adulto siempre descansaba después del baño.
Del mismo modo, una sección aborda la obra epistolar del Franz adulto (interpretado por Idan Weiss, un doble exacto del verdadero Kafka y también un intérprete talentoso) en la cual una guía turística (Emma Smetana), en el museo Kafka, señala que escribió montañas de cartas.
Holland se deleita con un toque travieso al mostrar cómo este perfeccionista introvertido y neurasténico es un icono en la Praga actual, con hamburgueserías, visitas guiadas y todo tipo de baratijas que se venden en su nombre.
La película se esfuerza por ofrecer un retrato completo de Franz, que transmita su intelecto, su sentido del humor y su compleja vida interior.

Dedica un tiempo a su tortuosa relación con Felicie Bauer (una tierna Carol Schuler), la pariente de Brod residente en Berlín a quien Kafka le propuso matrimonio. Pero no tardó en enamorarse perdidamente de la mejor amiga de Felicie, Grete Bloch (Gesa Schermuly), y comenzó a escribirle cartas, un absurdo y triste lío romántico.
Llega a tener un vínculo amoroso enriquecedor con la periodista casada Milena Jesenska (Jenovefa Bokova), una relación que al menos lo hizo feliz por un tiempo, pero la mujer decide no abandonar a su marido.
El filme es denso pero ágil. La fotografía de Tomasz Naumiuk se caracteriza por su dinamismo y sus momentos estáticos, mientras los personajes se mueven frenéticamente.
Llegamos a comprender por qué Franz anhelaba el silencio para poder dedicarse a su oficio. La banda sonora original de Mary Komasa y Antoni Komasa Lazarkiewicz, complementada con temas indie sadcore de Trupa Trupa, presentes en la película como nexo sonoro que cohesiona las secuencias cronológicamente dispares, y le da un toque de modernidad.

Pero es la interpretación juguetona y dulce de Kafka por parte del debutante Weiss, lo que hará que la gente recuerde esta película: el retrato de un hombre complejo que vivía principalmente en su mundo interior, pero que era capaz de mostrar ternura con amigos y amantes.
El filme no minimiza la importancia de la identidad judía y las creencias sionistas de Kafka. Casi ningún miembro de su familia sobrevivió al Holocausto. Pero eso ocurre mucho después de la muerte de Franz.
Hay una tensa escena casi final, donde Brod escapa por poco del control de un oficial de la Gestapo en un tren, con todos los papeles de Kafka en su maletín. En el auge del fascismo que Kafka predijo.
Al igual que en sus escritos, esta película es una especie de meditación destilada y abstracta sobre el poder, la ley, el control y el deseo que trasciende los límites banales del realismo.
LA GRANDEZA DE LA VIDA (2024). Nos situamos en el año 1923. Dora Diamant y Franz Kafka, aquejado de tuberculosis, se conocen por casualidad en la costa del mar Báltico. Él es un hombre de mundo, ella del Lejano Oriente; él escribe, ella baila. Ella tiene los pies en la tierra, él parece flotar siempre por encima de todo. Ella se entrega a la certeza, la realidad, hechos seguros; él se enreda en la irrealidad, la subjetividad, las emociones o las conjeturas.
Pero a medida que se conocen, todas sus diferencias se vuelven irrelevantes. Solo les queda un año antes de que Franz Kafka muera prematuramente, mientras la salud de Kafka se deteriora progresivamente.
Juntos van a Berlín y, cuando la salud de Franz cae súbitamente, se ingresa en un sanatorio en Austria. Un año después de conocerse, muere. El recuerdo de su tiempo juntos influye en Dora para el resto de su vida. Su año juntos les permite a ambos experimentar "La grandeza de la vida".

Magnífica la dirección y el guion de Georg Maas y Judith Kaufmann, tiene una esplendente fotografía de Judith Kaufmann y las notas de Paul Eisenach y Jonas Hofer.
Una preciosa película con muy buenas interpretaciones, un reparto donde destacan Henriette Confurius como Dora, Sabin Tambrea es Kafka o Manuel Rubey. Contada con sutileza, incluye fragmentos de la obra del escritor y acentúa la personalidad del personaje.
Amor contra viento y marea: esa podría ser la premisa de esta obra. Basada en la exitosa novela homónima de Michael Kumpfmüller, narra el conmovedor romance entre Franz Kafka y Dora Diamant.
KAFKA, LA VERDAD OCULTA (1991). Praga 1919, cuando Kafka no pasa de ser un mero empleado en una empresa de seguros, un hombre ensimismado y con la obsesión por la muerte misteriosa de su íntimo amigo, inicia una búsqueda que lo introducirá en un ambiente peligroso y de misterio.
El guion de Lem Dobbs toma al personaje del escritor y lo sumerge en una historia kafkiana completamente ficticia, que sirve para desarrollar algunas de sus ideas. El protagonista vive en un mundo absurdo, nada parece tener lógica en él.
En la empresa donde trabaja hay un jefecillo que toma nota de las faltas con una precisión y mala voluntad ridículas. Dos torpes empleados parecen sacados de un sueño. Un inspector de policía que nunca acierta con la verdad. Un asesino demente ronda con una risa nerviosa. Y un doctor paranoico experimenta con humanos, aunque no sepa para qué. El final de la película confirma plenamente el deprimente pesimismo kafkiano.

Soderbergh rueda con estética expresionista acorde con Kafka. La fotografía de Walt Lloyd (B&N) ofrece una visión deformada de la realidad, la visión de los hombres según Kafka. La visualidad es espléndida, con hermosas tomas de la ciudad de Praga en blanco y negro, o en color en el interior del castillo.
Inspirada música de Cliff Martinez, tiene un buen elenco con actores como Jeremy Irons (aspecto cadavérico y pálido para una versión ficticia del gran escritor checo), así como secundarios de lujo: Alec Guinnes, Armin Müller?Stahl o Iam Holm.

La obra parece ambientada en la pesadilla de un escenógrafo y se desarrolla en una Praga que recuerda a las ciudades imaginarias de la ficción kafkiana, para luego trasladarse a un decorado interior que parece la casa de Drácula.
No obstante, el filme es algo pesado y la acción transcurre con lentitud. Mezcla de biografía, hipótesis, interpretación y ocurrencias.












