“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

En esta entrega me refiero a sendos estrenos del cine “nórdico”, calificación que se da a cinco estados norte europeos: Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia que comparten una historia y una cultura comunes. Estos países del norte hacen un cine que, a mi parecer, tiene su punto de singularidad y rareza para nosotros (Por cierto, el Consejo Nórdico incluye las regiones autónomas de Groenlandia, las Islas Feroe y Åland).

Dos películas recientes provenientes de este frío encuadre (en las cuales incluso se habla con sorna de IKEA), son: El último vikingo (2026) y Valor sentimental (2025)

EL ÚLTIMO VIKINGO (2025). La historia comienza cuando Anker (Nikolaj Lie Kaas) sale de la cárcel por buena conducta, 15 años después de un robo de varios millones que escondió en la taquilla de una estación.

A su extraño hermano Manfred (Mads Mikkelsen) le había dado le llave y le pidió que escondiera el botín debajo de un árbol en la casa campestre de la infancia. Siguiendo las instrucciones, el botín fue enterrado por Manfred, que padece un trastorno de identidad disociativo o trastorno de personalidad múltiple.

Anker espera finalmente hacerse con el dinero, pero su hermano ahora quiere que lo llamen «John» —porque cree ser John Lennon— y John no tiene intención de decirle a Anker dónde se encuentra exactamente el dinero, porque ¿cómo iba a saberlo el músico de Liverpool? Pues él ya no es el que era.

En aquel robo hubo un ladrón que huyó con la mitad del botín, una bolsa llena de dinero, que ahora se ha quedado sin blanca y necesita plata, la cual se la va a pedir/quitar a Anker.

Con el tiempo, una variable que Anker no ha podido prever es que su hermano menor teme volver a perderlo; además de asumir la identidad de John Lennon; unido a que es un suicida compulsivo y cada vez que lo contrarían, no duda intentar quitarse la vida.

La casa familiar se ha convertido ahora en casa de alquiler y la regenta una pareja con aficiones estrafalarias: la mujer gusta de golpear un saco de boxeo y el marido diseña ropa.

De modo que Margrethe (Søren Malling) y Werner (Søren Malling), son ahora quienes alquilan algunas de las habitaciones de la vieja casa. Ella es una exmodelo vanidosa, mientras que él, exdiseñador, intenta escribir un libro infantil y vive del dinero de un accidente de coche.

La cosa es que diversos personajes convergen en la mansión de campo. Anker espera encontrar el dinero enterrado; y Friendly Flemming (Nicolas Bro), antiguo compañero delincuente quiere también el tal dinero, y está dispuesto incluso a liquidar a la pobre Freja (Bodil Jørgensen), la tercera hermana de los chicos. Un pequeño lío, pero gracioso.

Ese fin de semana se vuelve mucho mejor con la llegada de Lothar (Lars Brygmann), el psiquiatra que ha tratado a Manfred. Cree tener una solución que devolverá al aspirante a Beatle a la normalidad: formar una banda con todos los demás pacientes que se creen Beatles y dar un concierto.

La película

La obra es una rara mezcla de thriller y comedia negra, a la vez que drama y viaje de autoconocimiento. Hay un prólogo con animación de escenas que cuentan sobre unos primitivos vikingos cuyas costumbres se proyectan en los personajes.

La historieta cuenta de un joven vikingo que perdió un brazo y su “sabio” padre, jefe de la tribu, decide que todos los varones se corten un brazo para que todos sean iguales y que su hijo no se sienta extraño.

Hay en esta nueva película de Anders Thomas Jensen: cierta sensación de chifladura jocosa y la sensación de que cuantos aparecen en pantalla se lo están pasando genial, que se divierten y que hacen gala de un humor disparatado para que el espectador ría a gusto.

Tenemos, sin ir más lejos, a la estrella danesa Maks Mikkelsen interpretando al hermano demente, en un trabajo absurdamente jovial. Junto al resto de personajes el espectador llega a sentirse entre amigos.

Esta comedia negrísima, donde los Beatles y ABBA se alternan en protagonismo, es sin duda muy entretenida. Resultan muy bien las humoradas y los chistes referidos a IKEA, hay también un psiquiatra que parece de la antipsiquiatría, pero aliñado con ideas marcianas sobre cómo conseguir que alguien deje atrás los traumas de la infancia y recobre la estabilidad mental.

Los habituales de Jensen, Kaas y Mikkelsen son hermanos con una relación particular debido a un pasado traumático compartido, lo cual resulta emocionalmente creíble. O sea, no es raro ver a hermanos con un pasado de gritos, golpes o severos castigos paternos.

El tal psiquiatra es un tipo que cuando va al pub no duda en pedirse una docena de chupitos de una sola vez para, al final, acabar con una importante curda y luego sacar a los enfermos del hospital psiquiátrico y armar una especie de psicodrama. Un noir que acaba riéndose del género mismo, un filme que es muy oscuro y políticamente incorrecto.

De otra parte, Mikkelsen, con gafas y una increíble permanente, consigue que el espectador lo apoye como adulto con una infancia difícil. Para escenificar esta realidad Jensen utiliza flashbacks de la infancia de Anker y Manfred con su violento padre (Lars Ranthe) para profundizar en su traumático pasado compartido.

La fotografía de Sebastian Blenkov es exuberante, incluso aunque gran parte de lo que ocurre sucede en la oscuridad, mientras que el diseño de sonido de Eddie Simonsen también es magnífico, asegurándose que el público sienta el impacto de cada golpe. Acompaña muy bien la música de Jeppe Kaas.

Cerrando

Película que conjuga elegantemente lo absurdo de la situación con el trauma que subraya la ridiculez de los acontecimientos. La insistencia de Manfred en olvidar su propia identidad se convierte en una forma de explorar nuestra capacidad colectiva para olvidar cosas que preferiríamos no recordar.

La película toma su nombre de una historia que Manfred usó para lidiar con el acoso escolar en su infancia, sobre una tribu de vikingos. Trama y fábula esta bienintencionada, aunque tal vez no muy recomendable.

Revista Encadenados

 

VALOR SENTIMENTAL (2025). Después de fallecer su madre, las hermanas Nora (Renate Reinsve), exitosa actriz de teatro y TV en Oslo, y Agnes Borg, la hermana menor, madre y ama de casa, más feliz (Inga Ibsdotter Lilleaas), vuelven a encontrarse con su padre, Gustav Borg (Stellan Skarsgård), que se divorció de la madre de Nora cuando eran niñas. Borg es un afamado director de cine, que le ofrece a Nora un papel en su próxima película.

Pero Nora rechaza la oferta paterna y no tarda en descubrir que el padre le ha dado ese papel a una joven estrella de Hollywood, Rachel Kemp (Elle Fanning). Con las mismas, ambas hermanas deben afrontar la con la complicada relación con su padre, tras el cual está la actriz estadounidense.

Hay al principio un montaje de planos genial en los cuales, mediando una narradora, se nos va dando a conocer la historia de la familia Borg, mediante el relato de la pequeña Nora. La casa familiar es quien contempla a los personajes, los analiza y los juzga en silencio. Vamos viendo de forma concatenada acontecimientos que dejarán una huella imborrable en todos ellos, pero también en los actores del filme.

Y es que la casa funciona como teatro de marionetas, el teatro de la vida, además de funcionar como catalizadora del porvenir de sus personajes.

Posteriormente participamos de otro teatro: Nora ha superado la treintena y se enfrenta a una noche de estreno teatral con un auténtico ataque de pánico escénico que se solucionará por los pelos.

Ella es ahora una reconocida actriz que carga con conflictos y una neurosis no resuelta, que la incapacitan para su trabajo y para su felicidad personal. Será en el teatro de la propia casa familiar, la del inicio, donde entren en escena los dos vértices del triángulo familiar: el padre y las dos hijas.

La relación de Nora con Gustav es fría, como que no superó la separación de sus padres. Gustav es a partes iguales impulsivo y reflexivo, ve en su hija la misma chispa de artista que él mismo posee, y Skarsgård, el actor que encarna al personaje, transmite la emotividad de un cineasta de 70 años que piensa que puede ser su última gran oportunidad para consolidar su legado creativo.

Gustav, vuelve a entrar en la casa para asistir al funeral de su exmujer, pero también para perfilar probablemente su película. Anhela que sea Nora quien interprete el rol protagonista, pues es una película que habla de sus propias vidas y, además, revela el verdadero trauma de Gustav.

La estructura se completa con Agnes, la hermana más joven, que tiene un hogar y una familia, y que ve en la vuelta de su padre una oportunidad de recuperarle.

La melancólica y minimalista banda sonora de Hania Rani evoca la tristeza que late en esta familia. Reinsve y Skarsgård captan muchas de las verdades ocultas del guion; pero Fanning, que interpreta a la joven actriz foránea, se desenvuelve con dificultad en un papel más esquemático como sustituta de Nora.

Es evidente que Gustav ha elegido a la Kemp por despecho, ya que es la antítesis de Nora: vivaz, rubia y glamurosa, en lugar de estoica y morena. La cosa es que el triángulo hijas-padre transformará sus lados cuando entre Rachel Kemp en escena, la joven actriz estadounidense.

Esta especie de sonata familiar es un absorbente drama que despliega toda una cascada de lecturas diversas que puede ser interpretada por los espectadores de formas diferentes.

El director Joachim Trier (guion del propio Trier junto a Eskil Vogt), hace un repaso a las múltiples tonalidades emocionales (depresión, esperanzas, el pasado de la familia, abandono paterno, la terapia, etc.), a modo de eclosión emocional.

Personajes al límite, expuestos, sensibles, a veces en forma subterránea, mucho psicoanálisis, elementos de Ingmar Bergman, las secuencias bien planificadas, palabras y silencios, todo ello aspirando siempre a la apertura emocional.

Personajes introspectivos que rechazan el estruendo y eligen la interioridad para aceptar sus propios destinos e incluso su propio abismo. Personajes que también desarrollan sus particulares binomios persona-personaje.

En las hermanas (Reinsve y Stellan Skarsgård), la desesperación se manifiesta en palabras, gestos y ademanes, cristalizando en una angustia existencial que queda perfectamente estructurada y encajada en el puzle familiar de los Borg.

Trier arroja una mirada doble, tanto a la familia problemática, como a una industria cinematográfica disfuncional.

Igualmente, al principio, nos enteramos de que la madre, Sissel, falleció recientemente y, dado que Gustav quiere hacer una película sobre su propia madre, que se suicidó, Trier comienza a desentrañar la historia de depresión que ha atormentado a la familia durante lustros.