A las puertas de una nueva Semana Santa, se abre la veda del chiste fácil de los valientes agentes sociales de la nueva moral. Como es natural, todo está sujeto a crítica, pero, por supuesto, también a la alabanza. Y sin entrar a defender nada, estamos en tiempos en los que la Semana Santa merece más de una visión.
Su sentido religioso es innegable, aunque algunos lo critiquen, pero aprovechándose de los días de asueto. No es algo que pueda confundirse con lo laico, como las Navidades, donde, para algunos, el sentido religioso se sustituye por festivales de invierno que nada tienen que ver con la Iglesia.
La Semana Santa tiene un sentido netamente religioso que no puede ser sustituido o transformado, y, aun así, abarca muchos sectores. Hoy, la Semana Santa es unas vacaciones perfectas para iniciar la primavera, es turismo cultural, es sentir religioso, es devoción y, aunque nos pese, todo un negocio.
A pesar de ello, no falta quien critique, quien se moleste, quien insulte… pero bueno, esto ya forma parte de una sociedad cansina que, poco a poco, empieza a aburrir. Por mi parte, me quedo con el sentir religioso, con la reflexión y, por qué no, con el espectáculo, pero sin perder de vista la devoción.
Ya no es cuestión de empatía ni de comprender el porqué de cada cual, pero, por unos días, la Iglesia sale a la calle de forma que a nadie deja indiferente, y eso, en los tiempos que corren, es algo muy positivo.
Supongo que el atractivo reside en la vistosidad, pero a mí, particularmente, la música que acompaña estos días me ayuda a reflexionar.
A pesar de que todo evoluciona, la Semana Santa, con sus idas y venidas, sus acercamientos y alejamientos, su mayor o menor misticismo, siempre apunta hacia un mismo lado; siempre tendrá esa vinculación con el sufrimiento de aquel en quien creemos, y eso nos hará pararnos a reflexionar.
Y todo ello, de forma igualmente innegable, asociado al mercantilismo de aprovechar en el sector hostelero los días de caja, pues, si algo hace la Semana Santa, es invitar a tomar las calles, ya sean las propias o las ajenas.
Se acerca una nueva Semana Santa y, dentro del paganismo que algunos ven, que cada cual la viva como mejor considere, a sabiendas de que, por mucho que algunos se empeñen, son tiempos de reflexión, expresión y comprensión.











