Aunque el verano en El Puerto es ya leyenda, y las calles recuperan su ritmo normal, este aún da sus últimos coletazos, y este domingo será el último de un verano, como siempre, inolvidable. A escasos días de la llegada del otoño, el que más y el que menos recupera prendas de entretiempo y cambia su lenguaje climático. Dejaremos de escuchar frases sobre veranos con calores extremos, que en realidad son más suaves que los vividos en La Puntilla, cuando los toldos de plástico nos daban sombra en la sobremesa.
Ahora escucharemos alarmas sobre la caída de las hojas, extraño fenómeno que anuncia la desertización del mundo y la muerte de los bosques y la flora, consecuencia clara de la emisión de humos por parte de los fumadores. Y, sin embargo, como cada año, lo único que cambiará será nuestra forma de pensar, cíclica. Volveremos a pensar en nuestros muertos, algunos… en los de otros. Guardaremos los ventiladores y sacaremos los calentadores, compraremos castañas y nueces y esperaremos ansiosos la llegada de la Navidad.
Aunque ahora, al menos en El Puerto, el otoño se llenará también de cabalgatas y superhéroes que recorrerán las calles, haciendo que el tiempo pase más deprisa. Pasearemos por playas casi desiertas, y la rebequita, la típica rebequita del sur, comenzará a disimular los excesos del verano, a la espera de rematar la faena con la Navidad, que, curiosamente, empezará a notarse cada vez antes, dado que las fiestas de empresa ya se celebran desde finales de octubre o noviembre.
Llega el otoño, las calles se llenarán de hojas muertas y chasca, y los entendidos sacarán miles de fotos que subirán a Facebook, alarmados por la inmundicia que nos rodea. Un turismo diferente volverá a llenar, tímidamente, una ciudad que vive de recibir gente. Como cada año, para sorpresa de algunos, volveremos a disfrutar de una estación sosa para unos, fantástica para otros, interesante para muchos y tremendamente angustiosa para quienes tienen que adaptarse al nuevo curso.
Para algunos será el comienzo por primera vez, para desesperación de unos padres que se ahogan en un vaso de agua; para otros, un nuevo curso, ya de mayores, que ofrece muchas expectativas; y para los medio adultos, el inicio de la antesala de los trabajos de su futuro. El otoño no es solo muerte y caída de hojas: es también el inicio, tímido e incierto, de un nuevo ciclo.
Y debe vivirse con ilusión, recordando, preparándose y disfrutando de lo que habrá de venir.









