El portavoz del PSOE, Ángel González, ha solicitado un informe técnico sobre la medida de mojar el pavimento para disuadir conductas incívicas durante la Motorada. Una petición legítima. Lo que ya no resulta tan sólido es el discurso que la acompaña.
Conviene antes de nada, aclarar el contexto. No se trata de mojar calles de forma generalizada, sino de una actuación puntual y localizada, aplicada en tramos concretos y, según distintas fuentes, tras cortar previamente la vía al tráfico para evitar riesgos añadidos.
Además, este tipo de medidas no son inéditas en eventos similares y cuentan con el criterio favorable de la Policía Local y la Policía Nacional, así como con el respaldo de muchos vecinos que sufren cada año las consecuencias del descontrol en ciertas zonas.
Hay que recordar que la Motorada no es un evento cualquiera. Es una concentración masiva donde se repiten cada año derrapes, caballitos y situaciones de riesgo evidentes en plena vía pública. Ese es el punto de partida. Y a partir de ahí, las decisiones no se toman en un despacho ideal, sino en la calle y con márgenes muy limitados.

Motorada en El Puerto.
El PSOE califica la actuación de “improvisada y temeraria” sin aportar una alternativa concreta que funcione en ese mismo escenario. Y ahí es donde el discurso pierde fuerza. Porque hablar de “medidas reales” está bien. Pero cuando se trata de miles de motos concentradas en pocas horas, la realidad es que las soluciones perfectas no existen. Hay controles, hay presencia policial, hay restricciones… y aun así, los problemas se repiten cada año.
En ese contexto, resulta especialmente llamativo que la crítica parta de quien es policía local —actualmente en excedencia—, y por tanto conoce de primera mano cómo se diseñan este tipo de operativos. Más aún cuando este tipo de medidas pueden surgir precisamente dentro de los propios dispositivos de seguridad como herramienta disuasoria puntual.
Por eso, el debate debería ser algo más exigente. No basta con rechazar una medida señalando sus riesgos —que los tiene—. La pregunta es otra: ¿qué alternativa concreta propone quien critica para frenar esas conductas en el momento en que se producen?
Porque pedir informes es fácil. Lo difícil es tomar decisiones cuando el problema ya está en la calle.












