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Hoy refiero algunas películas sobre la rapiña nazi de obras de arte y sus consecuencias. Una historia de latrocinio de obras de arte que aún colea con miles de obras sin recuperar.

Ilustro esta temática con películas como el estreno El cuadro robado (2024), de P. Bonitzer; Hitler vs. Picasso y otros artistas modernos (2018), de C. Poli; La dama de oro (2015), de C. Curtis; Operación Monumento (2014), de G. Clooney.

EL CUADRO ROBADO (2024). Esta es una película sobre el mercado del arte, descubrimientos tardíos de obras maestras que se creían perdidas, pero que esperan en lugares insólitos. Obras de arte rapiñadas por los nazis en épocas de guerra.

Se trata de una historia real, André Masson, subastador de la famosa casa de subastas Scottie's, recibe una carta para avisarle que se ha descubierto en Mulhouse, en la casa de un trabajador, un lienzo del pintor expresionista austriaco Egon Schiele. Acude al lugar un tanto incrédulo, pero los hechos son que la obra es auténtica, una obra maestra desaparecida desde 1939, saqueada por los nazis.

Para André este descubrimiento es extraordinario para su carrera, pero será también fuente de enfrentamientos. Por suerte cuenta con la ayuda de su ex esposa y colega Bertina, y de su caprichosa becaria Aurore.

En el feroz mundo de las subastas de arte, es sorprendente que el nuevo largometraje del escritor y director francés Pascal Bonitzer, sea una historia en que la virtud humana logra prevalecer.

Esta aguda comedia dramática demuestra que Bonitzer tiene el don de los diálogos ingeniosos y los giros inesperados.  Aunque no todo lo que se ve en pantalla funciona, con ciertos personajes y situaciones más creíbles que otros. Pero el director teje una ingeniosa historia moral moderna que mezcla arte, los robos nazis, clase social y dinero.

Gran parte de la acción se centra en André (Alex Lutz), un apasionado comisario de la casa de Subastas Scottie's en París. En la primera escena, vemos a André negociando con astucia con la legataria de un cuadro de un millón de euros que espera vender, sin hacer mucho caso de la murga de la mujer para conseguir una comisión cuantiosa.

André parece ser despiadado y, en muchos sentidos, lo es, conspirando contra otros subastadores para conseguir uno de los primeros puestos de Scottie. Mientras, menosprecia a su asistente, Aurore (Louise Chevillotte), quien revela tener una lengua tan afilada como su jefe.

Es cuando un joven trabajador, Martin (Arcadi Radeff), encuentra en el ático de su modesta casa una obra que se creía perdida de Egon Schiele, 1914, Los girasoles marchitos. Al punto, André se muestra hábil y reflexivo ante el acontecimiento.

El cuadro tiene una larga y turbulenta historia: fue adquirido por un coleccionista judío austriaco, quien lo tuvo que entregar a los nazis antes de huir a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial. De alguna manera, llegó a la ciudad de Mulhouse, donde permaneció intacto décadas hasta que Martin y su madre (Laurence Côte) lo desenterraron entre las pertenencias del anterior propietario de su casa, quien también tiene un pasado turbulento.

La historia de este cuadro de Schiele viene de Francia en 2006, cuando Christie`s vendió el cuadro por más de trece millones de dólares. Bonitzer tergiversa estos hechos para crear una historia de egos enfrentados y encargos cuantiosos, con André haciendo todo lo posible por negociar la venta, respetando los deseos de los legítimos herederos de la pintura, así como los de su avaro empleador.

Lutz interpreta al personaje más convincente de la película: un astuto trepador que, empero, comprende el valor del arte grande, más allá de su precio. André es un hombre de buen corazón en un mundo despiadado. El Schiele es para él la oportunidad para triunfar en ese mercado y demostrar que es una buena persona.

El filme tiene los ingredientes para ser un thriller social convincente, a pesar de ciertas carencias. Tiene muchas subtramas que involucran a los amigos de Martin en su pueblo y los problemas familiares de Aurore, que no aportan mucho al drama.

La película tiene un mensaje sobre la unión de las personas por el bien común del arte moderno y la reparación histórica.

Se beneficia la cinta de una extensa investigación con expertos en arte francés, y de auténticos escenarios parisinos, que incluye la casa de subastas Drouot original desde 1850.

 

HITLER VS. PICASSO Y OTROS ARTISTAS MODERNOS (2018). Desde 1937 los nazis saquearon varios centenares de miles de pinturas, 100.000 de ellas perdidas, y una búsqueda de muchas más que continúa 90 años después. La obra de maestros como Picasso, Matisse, Botticelli, Chagall, Monet era calificada de “degenerada”. Debía, pues, ser expropiada y escondida.

El actor Toni Servillo nos presenta cuatro exposiciones que revelan la oscura obsesión de Hitler por el arte y el sistemático robo de grandes joyas de la cultura europea.

Vamos conociendo la historia de grandes coleccionistas judíos que se vieron despojados de la noche a la mañana de sus propiedades, como Goudstikker o Rosenberg, víctimas de compras ridículas o sobornos, con marchantes en arte que trabajaban para los altos mandos alemanes.

El botín nazi de obras de arte llegó a ser inmenso, cuadros, esculturas y todo tipo de objetos que fueron ocultados en minas y escondites propiedad de los jerarcas nazis.

También se puede ver el reciente Caso Gurlitt, un octogenario marchante que vivió una existencia en Múnich y que hasta entrado el siglo XXI tuvo en su casa más de un millar de valiosas obras procedentes del expolio nazi.

Esta excelente obra de Claudio Poli, con guion de Sabina Fedeli y Arianna Marelli (historia de Didi Gnocchi) está dividida en dos partes explicadas sin saltar información, por Toni Servillo. Estos dos temas son:

- La búsqueda nazi del arte “perfecto” (robos a galeristas y comerciantes judíos y no judíos).

- La  persecución al arte “degenerado”, con sus argumentos y medidas.

Incluye también unas cuantas historias de héroes de la guerra relacionados con el arte y algunos descubrimientos actuales de piezas que se creían perdidas, narrado ello por grandes intelectuales de arte e historiadores.

Es un extraordinario documento que ilustra muchísimo por la valiosa información que aporta y a la vez estimula al espectador a continuar indagando, dado que deja ciertas preguntas en forma implícita.

En cuanto a la fotografía del largometraje de Marco Alfieri y Mateusz Stolecki (piezas, galerías, paisajes, entrevistas iluminación, y otros) es sensacional. Hay igualmente vídeos y fotografías de los archivos de la segunda guerra mundial que acompañan al documental.

Filme que con su valor y coraje fascina a la vez que provoca también indignación, relacionado a un capítulo importante como la historia del arte, antes y durante el tercer Reich de Hitler.

 

LA DAMA DE ORO (2015). La película se basa en una historia real, cuando en 1999, Maria Altmann (Helen Mirren), una octogenaria dama vienesa afincada en USA desde los años 40 a donde huyó de la guerra y del horror, entabló un proceso judicial contra el gobierno de Austria para recuperar parte del tesoro artístico que le fue robado a su familia por los nazis durante la II Gran Guerra.

El director Simon Curtis alcanza a construir una especie de biopic, quizá con excesivos flashbacks, pero al fin, estas imágenes retrospectivas sirven para recordarnosla barbarie nazi contra el pueblo judío y el latrocinio tan impune que perpetraron en familias plenamente adaptadas a la vida vienesa de la época.

El guion Alexi Kaye Campbell queda un poco plano, sin incentivos ni aristas, y un tanto almibarado y sentimental.

Bella música de Martin Phipps y Hans Zimmer, y una esplendorosa fotografía de Ross Emery que llena de luz las circunstancias y escenarios actuales de la historia y tiñendo de ocre los tiempos pasados.

El reparto es ante todo una magistral Helen Mirren, una actriz que en esta obra logra la cuadratura del círculo, pues allí donde no llega la profundidad del guion, Mirren consigue poner un marco de fino oro, de manera que la película se eleva. Ryan Reynolds, está igualmente muy bien como abogado novato. Daniel Brühl, actor de talla, cumple con solvencia su papel de periodista vienés. Y acompaña un elenco de artistas estupendo.

Película que acude a la pintura como mcguffin, como lujosa excusa para hablar de nostalgia, raíces, justicia, tolerancia y redención. Sin olvidar a la combativa protagonista.

Si en la actualidad la pintura de Klimt , Adele Bloch-Bauer, está en Nueva York, ciudad que acogió a tantos judíos, es gracias al empeño de Maria Altmann, una judía austriaca emigrada y superviviente de la persecución germana, sentimentalmente implicada en una obra pictórica que para escarnio de su familia y toda la humanidad, aún permanecía en Viena fruto de la rapiña nazi.

 

OPERACIÓN MONUMENTO (2014). Nos situamos en los finales de la segunda Gran Guerra. Un grupo de especialistas en arte (historiadores, directores de museos, etc.), británicos, algún francés y mayormente norteamericanos, se ven impelidos a recuperar las obras de arte robadas por los nazis para devolvérselas a sus legítimos dueños.

Película dirigida sin mucho lustre por George Clooney, con un pulso narrativo deslavazado y desconcertante en el peor sentido. El guion del propio Clooney y Grant Heslov (novela de Robert Edsel junto a Bret Witter), no se aplica a la verdadera historia del libro.

El guion dibuja una historieta grotesca sobre lo que fue una operación de militar y profesional. Un guion mediocre con diálogos repetitivos (¿Vale un cuadro la vida de un hombre?”, es la pregunta melodramática insistente).

Además, la trama es insólita, aunque se dice basada en hechos reales. A nadie se le ocurre que a un puñadito de personas de edad avanzada sin recursos militares ni de defensa, se encarguen del rescate del patrimonio artístico de occidente, e incluso de las riquezas en forma de oro robadas por los nazis en la Europa ocupada.

Según el filme, los norteamericanos son los más cultos, valientes, generosos y salvadores, versus los “quemacuadros” alemanes o los paletos expoliadores rusos.

El reparto tiene figuras consagradas como el propio Clooney, Mat Damon, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin y una magnífica (la mejor) Catt Blanchet.

Los restantes parece que van por su cuenta, no hay trabado: Bill Murray parece que está solo; Damon va de guapetón; y así el resto, que incluso pretenden ser graciosos en momentos dramáticos. Un casting irresistible de maduros, echado a perder.

 

EL TREN (1964). Esta acción heroica por el arte se desarrolla finalizando la guerra, cuando los aliados están por entrar en la Francia ocupada. En ese punt, el Coronel Franz Von Waldheim, destacado en París, tiene la  orden de hacerse con las más modernas pinturas francesas y cargarlas con destino a Alemania.

En ese pretendido robo de las valiosas obras del patrimonio galo, un grupo de partisanos y gente de la resistencia harán lo imposible para que eso no suceda.

En manos del gran director John Frankenheimer, toda la parafernalia de trenes, vías y estaciones genera una fascinación hipnótica.

En el reparto está un Burt Lancaster maravilloso y expresivo. Toda vez que el espectador está convencido del compromiso y la determinación de Lancaster, se siente emocionado de los sucesos melodramáticos que se suceden.

Paul Scofield genial en su papel de oficial alemán. Es memorable el combate físico y moral de Scofield y Lancaster. Sin olvidar a una Jeanne Moreau cuya mera presencia llena pantalla, en el breve papel que interpreta.

Sin ser muy conocida, esta película es imprescindible para entender bien el momento histórico de la Francia ocupada por los nazis, y el robo de arte.espectacular, emocionante y rigurosa. Película febril e intensa, una clase magistral de cine riguroso e inolvidable".