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Bien cierto que quizás los hechos me hayan hecho cambiar de tercio, y en donde tendría que haber un artículo sobre la constitución, se cuela el robo del siglo, y si el robo de unas flores resta trascendencia a tan señero homenaje, queda clara la importancia de una y otra cosa.

Y es que, el vídeo filtrado por la NASA en donde dos señores mayores, al parecer muy mayores, que viven esa segunda juventud, se dedican con grave riesgo para sus vidas, pues, imaginen que el trepador se cae al suelo y se escorromoña, a llevar felicidad a sus maltrechos hogares (lo cual hubiera sido una suerte para los partidos que ahora tratan de sacar rédito político… los cuales no dudo que ante la felonía municipal, ofrecerían flores de pascua gratis, para que nadie se vea discriminado por tan cruel circunstancia provocada por los munícipes).

Pero volviendo a la realidad de los hechos, la imprudencia, la inconsciencia, la falta de respeto hacia todos los portuenses, no es para tomarlo a broma, y es que últimamente ocurren cosas raras en la ciudad, todas tildadas de despilfarro sin límite, y en donde, en este caso, como ocurrió con Pepe el del Vapor y su busto, ni las imágenes delatoras tendrán trascendencia.



Desde un punto de vista criminal, los hechos son más una payasada que un delito, un acto que rayando la estupidez no deja de tener sentido, pues, lo más curioso, es que es más grave el daño que el beneficio… llega la hora de preguntarse hacia dónde vamos, qué quieren algunas personas demostrar… ¿Es un acto de amor llevar a casa una maceta robada de dos euros? ¿Es un acto desesperado para paliar el hambre en el mundo… o es una putada para hacer daño y demostrar que la maldad municipal merece castigo y hay que destruir todo lo que hacen…?

Claro está, lo fácil es lo fácil, pues arrancar las luces de Navidad es más complicado, llevarse un árbol luminoso un riesgo de quedarse pegado al cable, pero arrancar macetas y destrozar el exorno es sencillo.

Espero que jamás se aclare el tema, pues es tan ridículo que no merece la pena ni perder el tiempo, como el que pierden todos los que me leen para decir que solo escribo imbecilidades, aunque, y no me equivoco, me siguen leyendo una y otra vez mereciendo un simple gracias.

Desde aquí salga mi aplauso a los dos cómicos de la Navidad, que encima se vistieron para la ocasión de color rojo y negro, acordes con las flores.