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Después del calor viene el frío, a veces más tarde que pronto, y poco a poco, y aún pasado el tiempo de las castañas, se van viendo las primeras bufandas en los cuellos.

El cambio climático, siendo realidad o invención, no es más que un ciclo en nuestra vida. Nunca vivimos lo suficiente para, en nuestras propias carnes saber que ocurrió, y las viejas historias nos hablan de mareas imposibles, nevadas nunca vistas, lluvias torrenciales, y de aquellos inviernos interminables que vivieron otros.

La realidad, nunca la misma en cada generación, nos enseña que algo no controlamos, nos adaptamos, y si tenemos frío, nos abrigamos, si tenemos calor, nos refrescamos, pero nunca el tiempo estuvo en poder de los seres humanos, que no son capaces de controlar nada. Culparnos de nada sirve, pues la mano del hombre, ni para bien, ni para malar, nada puede contra los elementos.



Hoy, el tiempo nos acerca a la ropa de abrigo, y cuando ya creamos que todo lo sabemos, volveremos a ponernos cara al sol para recibir sus rayos. Jamás aprenderemos, pero nos reconforta sabernos poderosos y saber que podemos hacer para controlar el frío y el calor, la lluvia y el viento, pero solo para comprobar que, quizás mañana, todo cambie.

Por mi parte, y casi sin darme cuenta, voy mudando mis gustos, y si ayer me apetecía la camisa abierta y pasear bajo unas acogedoras estrellas, hoy me arrebujo en el abrigo cuando al salir, ya caída la tarde, mi cara se resiente con el viento del norte.

Somos, a veces, demasiado orgullosos, prepotentes, previsibles, pero de nada sirve, solo, siempre, nos sirve el saber vivir conforme nos manda el tiempo, adaptándonos a los paseos de abrigo y bufanda cuando el sol nos calienta, adaptándonos a cantar bajo una lluvia, que aunque bienvenida, no a todos les es placentera. Sin embargo, seguiremos haciendo un negocio, invirtiendo, más que vivir, cara a un tiempo que siempre nos dará sorpresas, pero que algunos aprovecharan para montar chiringuitos con los que vivir del cuento.

Decido no preocuparme, decido vivir, y como siempre se hizo, vivir, vivir lo mejor posible, abrigándome cuando haga frío, y refrescándome cuando haga calor.