Ya queda apenas tiempo, apenas una semana para recordar a todos aquellos que ya se marcharon, y es que cuentan las viejas leyendas que en estos días se abre un extraño portal entre este mundo y el más allá, puede ser mera sugestión, puede que nada de cierto haya más allá, o puede que ese más allá este más cercano de lo que pensamos.

El hombre ha perdido, indudablemente, su capacidad de usar su mente, sus habilidades, dejando paso a un mundo que se aparta de lo sobrenatural para vivir un presente frívolo y necesario.



Lo más curioso es como aprovechamos la ocasión para renegar de lo que no entendemos, se critica la vetusta costumbre de rendir homenaje a los muertos, ya que, para muchos, es cosa de iglesia y ellos no creen. Pero si se rinde homenaje, de la manera más laica y pagana, se critica por no ser costumbre de este país, cuando tanto el aspecto religioso como el pagano se confunden, se pierden entre este mundo y el más allá, teniendo cabida cualquier manifestación de fe o paganismo, que no es más que la necesidad natural de nuestro  yo más animal.

En estos días, aunque no creamos creerlo, la presencia de esa mano helada sobre la espalda, el susurro apagado mientras caminamos por pun pasillo iluminado solo por el resplandor de aquella lejana bombilla, son una realidad que no podemos olvidar. Miedo, lo que se dice miedo, entiendo que no debería existir, pues como decía mi abuela, los peligrosos no son los muertos, sino los vivos, esos sí que dan miedo, con su maldad o con su estupidez, que de todo hay.

En esto días, en los que el portal está abierto, debemos de aprovechar, para acordarnos de todos nuestros muertos, y de los muertos de otros muchos, es tiempo para divertirse mientras podamos estar en este plano de la realidad, y saludar a los que nos miran desde el otro lado, despidiéndonos con un hasta luego, porque tarde o temprano, haremos el viaje sin retorno, mientras tanto…. No enciendas ni la luz…