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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hay películas interesantes que hacen alusión en el fondo a problemas más profundos, fruto de un tiempo difícil como el que nos toca vivir en este siglo XXI.

Me referiré en esta entrega a sendas películas, sobre todo la primera, que son un nuevo modelo de comedia romántica, películas que tienen en cuenta los cambios que acontecen en el mundo actual, esta “modernidad líquida” –en términos de Bauman y Touraine-, esta sociedad fluida y volátil, sin valores sólidos, sin certezas y sin un fortalecimiento de los lazos humanos, con individuos sin identidad fija, ciudadanos maleables, volubles, “surfeando –según Bauman- en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante -incierta- y cada vez más imprevisible” donde todo es de quita y pon, sobre un contexto “espumoso”.

Una cultura en la cual la solidez de acontecimientos, decisiones o instituciones como el matrimonio u otros, dan paso a la fluidez, la vacilación y mucha perplejidad flotando sobre entramados volátiles e inconsistentes.

Películas donde hay una prevalencia de lo impulsivo sobre la racionalidad, con cambios permanentes en lo vocacional, lo profesional, la pareja y otras decisiones importantes como hacer una familia.

Sin caer en la obra de enredo, estas obras tienen un elegante tono y una puesta en escena que acierta a manejar los juegos de seducción, mientras abandonan de forma progresiva la comedia para converger en un formato dramático.

LA PEOR PERSONA DEL MUNDO (2021). A veces no sabemos lo que queremos, pero sí estamos seguros de lo que no queremos. Esta obra trata de una mujer joven que no quiere conformarse y quedarse en donde ya no está a gusto.

La protagonista, Julie (Renate Reinsve), va a cumplir treinta años y no acaba de encontrar su lugar en el mundo. Parte de sus cualidades y talentos han sido desperdiciados, y su novio Aksel (Anders Danielsen Lie), un exitoso novelista gráfico de cuarenta y dos años, la presiona para que busque el camino a seguir y siente la cabeza. Aksel querría tener una familia, pero Julie no está lista ni convencida de si alguna vez “querrá” estar lista.

Estas dudas e interrogantes son propias de las actuales generaciones de jóvenes y no tan jóvenes ¿Qué significa tener un bebé? ¿Hay que tener una posición, un piso con lavadora y todo eso? ¿Quizá sea preciso conocerse mejor a uno mismo?

En fin, mientras en Julie se suceden estas y otras preguntas, una noche se cuela en una fiesta a la que no está invitada y conoce a un atractivo joven de nombre Eivind (Herbert Nordrum). No tardará mucho en abandonar a su pareja e iniciar un coqueteo prolongado con Eivind, el cual le confiesa que no quiere tener hijos, lo cual es para ella una tranquilidad.

Hay una escena de varios minutos en la que el mundo queda congelado en torno a Julie mientras corre por las calles de Oslo para encontrarse con su nuevo amante Eivind. Ellos son las dos únicas personas que se mueven: los peatones petrificados, los vehículos detenidos, mientras la joven corretea entre ellos contenta. En ese momento breve y mágico, Julie es la mujer más feliz del mundo.

Inicia así una relación sin cimientos en la que cada cual va a su aire. Las reflexiones y autocensuras vendrán cuando nuestra protagonista cumpla los treinta años y piense si su estancamiento no habrá sido en sí, una elección de vida.

El director Joachim Trier construye una obra con cierto espeso aroma melancólico, con la capitulación como sentido. Sin duda esto de las derrotas suena a temática nórdica y en este caso, lo es.

Trier acomete uno de los géneros más difíciles imaginables, el drama romántico, y lo combina con otro estilo muy complicado, el de la mayoría de edad, “para crear algo gloriosamente dulce y seductor” (Bradshaw).

Retrato generacional en capítulos

La cinta organizada en 12 capítulos respaldada por un prólogo con cierta vis cómica y un epílogo agridulce y revelador. A través de cada parte se hace un repaso a la vida de la protagonista, una mujer que se conduce con la permanente sensación de pérdida.

Capítulos, pues, que van marcando las etapas en la vida de Julie, una especia de diario donde se recoge una cascada de aprendizajes personales y sentimentales. En su decurso la felicidad, el amor y la pasión conviven con el fracaso, la enfermedad, la muerte y sobre todo con las sucesivas crisis de identidad.

Julie, que comienza a estudiar medicina con total entrega, no tarda en confesar a su sufrida madre que quiere cambiar para estudiar psicología, declarando que encuentra la mente más interesante que el cuerpo; aunque finalmente acabará siendo fotógrafa e incluso escritora.

El título “la peor persona del mundo” viene a resumir cómo Julie se castiga a sí misma por sus errores y fallas, que es el reflejo de una persona que busca entre el abanico de posibilidades una salida airosa. Es, por lo tanto, un filme psicológico y existencial.

Particularidades del filme

Excelente dirección de Trier que traza escenas cálidas y composiciones limpias, y a la vez hace uso en momentos precisos y breves de contrastes de luz, que dan peso dramático a pequeños grandes detalles como el humo de un cigarrillo o la quietud de un gesto.

Un libreto que no decae en ningún momento, con situaciones y parlamentos muy interesantes. El guion de Trier junto a Eskil Vogt está impulsado por los cambios y pausas del corazón de Julie, escrito con perspicacia y ensamblado de manera impecable.

En el reparto excelentes actores y actrices donde destaca una brillante Renate Reinsve que sabe dotar de verismo los tránsitos de vida por los que va atravesando: interpretación tremendamente madura. Andiers Danielsen Lie, estupendo como el hombre que podría ser el alma gemela de Julie y que anhela una relación estable y familiar. Y el encantador Herbert Nordrum como Eivind, un compañero millennial, un muchacho que trabaja de camarero y que anda a la deriva.

En fin, que Julie aparece como el paradigma de la confusión de la generación “millenial”, siempre haciendo cosas que reafirmen su identidad, aunque no sepa muy bien qué lugar ocupa en un mundo en permanente estado de derrumbe. Una mujer dubitativa hasta el extremo, anímicamente caótica y siempre dispuesta a iniciar nuevos romances o proyectos de trabajo que evidencian su constante huida.

Es una obra que, pese a su gravedad, no es indigesta, sino más bien ligera y con un fondo de optimismo en su desesperanza, y aunque arañe, es gozosa.

Concluyendo

Podría parecer que nada hay de nuevo, pero esta simpática “dracomedia” romántica pretende, con un tono distendido, examinar los caminos que pueden desplegarse delante de una mujer. Con una vitalidad más subrayada en la primera parte, quiere demostrar que más allá de los amores románticos propios de las comedias de enredo televisivas, el cine puede reescribir el modelo de cine romántico, para dar cuenta de las contradicciones presentes en una existencia contradictoria.

Este sábado pasado tuve la sensación de haber visionado una película que es cine de autor y quiere ser referencia para muchos jóvenes nacidos en los años 80 o 90. Sugestiva, gentil y divertida. Aunque en algún momento parezca convencional, no lo es. Sí pegada a la realidad de nuestro tiempo.

Un tipo de filme que quizá tengamos la sensación de haber visto antes, pero tan mal hecho, que resulta sorpresivo y placentero verlo con buena factura. A la vez que reparamos en que los temas que aborda son importantes y propios de este tiempo: ¿De quién te enamoras? Y a partir de aquí las preguntas sobre quién es el elegido; en qué momento observas que te estás acomodando; si te estás traicionando a ti misma/o, etc. A lo cual cabe unir el extraordinario trabajo y rendimiento de la Reinsve, tan bueno, que se puede afirmar eso de: ha nacido una estrella.

Más extenso en revista de cine Encadenados.

EL DIARIO DE BRIDGET JONES (2001). La realizadora galesa Sharon Maguire dirige con solvencia esta comedia romántica que tiene a su favor un excelente guion, ocurrente, con ritmo y toques de humor de Andrew Davies y Helen Fielding, que consigue una buena adaptación de la novela homónima de Fielding.

Fue una película de éxito en crítica y taquilla, sobre una mujer treintañera, regordeta y acomplejada que al igual que la protagonista de la anterior película comentada, anhela gobernar su vida, con irregular fortuna y dificultades para encontrarse a sí misma.

Bridget es una mujer con sus complicaciones, una percepción distorsionada de su persona y cuanto la rodea, y dificultades identitarias.

Una mujer común media actual, que nada tiene que ver con las supermujeres de las revistas o los anuncios. Bridget reivindica que no existen esas mujeres impecables, aunque sí crean complejos y traumas al tipo de mujer común como ella.

No tiene novio, es más bien patosa, no sabe atender los problemas del hogar y bebe más de la cuenta, amén de ser fumadora empedernida.

Su vacilación hace que meta la pata en cualquier situación. Además, habla en exceso y dice lo primero que se le ocurre, sin pensarlo demasiado. Es sincera, honesta, divertida y tierna.

Cuando su vida toca fondo tras una fiesta de Año Nuevo desastrosa, decide hacer cambios importantes y tomar su propio rumbo. Rodeada de amigos colgados que la aconsejan, y atravesando varias crisis familiares, Bridget entra en una nueva etapa e irá, poco a poco, descubriéndose a sí misma, a valorarse y a que la aprecien.

Filme de humor amable y ocurrente y entretenida, que cuenta con un excelente reparto: una Renée Zellweger sembrada como la pintoresca y desnortada Bridget, acompañada de actores solventes como Hugh Grant, Colin Firth o Jim Broabdent.

Bridget Jones es el arquetipo que compendia cuantos defectos, vicios y complejos pueden imaginarse en una mujercita terciada la treintena en busca de su ser genuino, en este inseguro “mundo líquido”. Chica cortita, falta de principios consistentes, nadando en este mar proceloso que nos toca.