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Desde La Pasarela.- Si en la anterior “Desde La Pasarela” hablábamos de los “desaparecíos” de El Puerto a consecuencia del pelotazo político, el Covid-19, o porque simplemente están recluidos haciendo vida contemplativa, hoy es la hora de los que vuelven a la actualidad pero por causas penales y delitos varios. Y es que cuando ya nadie se acordaba de él, acaba de regresar el otrora regidor de la ciudad durante dieciséis años nada más y nada menos. Oh, no, es “Nandía” y sus secuaces que vuelven a la palestra por aquel sucio asunto de una famosa discoteca denunciado por Ecologistas en Acción y que por fin ya tiene sentencia. Inhabilitación -otra más-, multita y pelillos a la mar, y todo aderezado con declaraciones inauditas del exalcalde portuense del tipo “He salvado alguna vida”, “En esas parcelas hay menos infecciones por Covid “, “El club nocturno tenía licencia dada por Izquierda Unida hacía 45 años” (sic). Gran humorista, oiga. Salvador de vidas.



Situémonos. Corrían finales de los 80; oh, qué marcha tenía El Puerto. La ciudad era el centro turístico-ocioso de la Bahía y hasta Julito Iglesias hacia bolos por aquí de vez en cuando. Una ‘Belle Epoque’ rebosante de listos empresarios -mayormente sevillanos y madrileños- y de macrodiscotecas que apostaron por la noche portuense como fuente de riqueza. Lastimosamente la sociedad del bienestar empezó a flaquear y el “fiestuki” pareció trasladarse a otros puntos de la provincia o simplemente entró en decadencia. Albores de la cultura del botellón.

Los años pasaron y la gente se preguntaba qué utilidad se le podía dar a todas esas antiguas discotecas palaciegas: ¿residencias veraniegas de la realeza o esperamos un nuevo Trapote que levante de nuevo esto? Hasta que tuvo que llegar a la ciudad -como era de esperar- el avispado de turno con visión de negocio para aclarar que uso asignarles: una reformita con permiso del ayuntamiento, unas cuantas camas, y unas cuantas señoritas. Éxito garantizado.

Zona ampliada del prostíbulo New Palace.

Surge entonces el macro prostíbulo OH! Palace, club situado no lejos del centro, buen aspecto exterior y entrada lujosa. “Mi barrio es un sitio tranquilo para vivir, todo al alcance y hasta piscina tengo pero como nos metan eso aquí…”, exclamaban los vecinos de la zona, una situación para nada equiparable a tener un Mercadona en la acera de enfrente; el Mercadona de la carne, obviamente.

La idea de las casas de damas públicas no es que fuera nueva, pero, oh, dios mío, el lupanar además de violar la dignidad de la mujer violó también algunas leyes de ordenación urbana durante los tiempos del despelote urbanístico ‘nandista’. Incluso fue escenario de tiroteos y agresiones para terminar siendo imputado por explotación sexual, delito contra la Hacienda Pública, blanqueo y pertenencia a organización criminal. Es aquí donde uno se pregunta en qué situación quedaron todas esas mujeres y en cuál han quedado, a día de hoy, todos esos proxenetas metidos a empresarios, prevaricadores, ediles, jefes de licencias ilegales y demás políticos puteros.

Si admitir la autoría de unos hechos punibles, más el retraso acumulado de la causa, significan una rebaja en una resolución judicial pues entonces apaga y vámonos. A la vista queda que la Justicia es lenta y benévola según con qué y con quién.

Pues éste es el nivel, habrá que resignarse a tener que verlos paseando su jeta dura por El Puerto o a poder contemplar sus fotos enmarcadas en la casa consistorial. Así de triste resultan las cosas en la vida.

“Oh cielos, qué horror! ¿Qué vamos a hacer ahora Leoncio? No te sulfures Tristón…”.

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