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Mar Vázquez Parra.- Desde el convento más número de nuestra ciudad, se abre hoy camino en el itinerario cofrade a la Hermandad de la Humildad y Paciencia. Una de las hermandades portuenses que tienen más interiorizado el sentido y el valor de la caridad. Con los diferentes vaivenes que ha sufrido en cuanto a su sede, han experimentado en carne propia lo que significa que Dios escribe recto en renglones torcidos ya que, cuando se vieron obligados a abandonar la antigua y monumental capilla de la Aurora, fueron muchas las lágrimas y los pensamientos de incertidumbre, pero lo cierto es que sus titulares les tenían preparada una de las grandes lecciones de la vida dentro de una corporación, la Caridad.

Y es que, desde que la Hermandad de la Humildad se encuentra en el convento de las Comendadoras del Espíritu Santo, han vivido de cerca la labor que estas llevan a cabo desde hace más de una veintena de años. Los más humildes de los cofrades portuenses han visto cara a cara al necesitado y a la inmensa labor que se desprende de la cruz de la orden. Y por supuesto han terminado siendo un brazo importante de dicha orden donde también han encontrado un brazo auxiliar donde apoyarse.

Consecuentemente, la gestión de la Bolsa de Caridad de dicha Hermandad se ha visto notablemente acrecentada y al menos una vez al mes realizan una aportación de lo que las propias hermanas necesitan con mayor urgencia de cara a lo que es perentorio en el torno. No es posible olvidar que fueron de las primeras hermandades en donar mascarillas, concretamente las hermanas camaristas se unieron en la distancia para realizar más de 500 mascarillas y hacerle entrega de las mismas a los cuerpos y fuerzas de seguridad de la ciudad. Así mismo, fueron de las primeras hermandades que se lanzaron a la calle tras el confinamiento severo para hacer recogida de alimentos con otras dos corporaciones como la Hermandad de la Misericordia y la Asociación del Beso de Judas. Así mismo es una cofradía que está muy concienciada con la hostelería por lo que en la actualidad también están colaborando con una rifa para los más desfavorecidos de este sector.



El Jueves Santo es muy importante para los cristianos, ya que se instauró la Eucaristía y por tanto el Amor Fraterno, y desde la Hermandad de la Humildad y Paciencia, siempre con su Virgen del Desconsuelo, han hecho gala de ese amor al prójimo y a la propia fiesta del banquete al que todos estamos invitados. Los dones del Espíritu Santo han bendecido a esta Hermandad de forma literal.

De la misma forma, la Hermandad del Nazareno siempre ha sido una de las cofradías más importantes de cara al auxilio del necesitado. Retrocedemos al año 2013 cuando con el lema “Con un poco tuyo ayudamos a muchos”, hermanos voluntarios se disponían en las puertas de muchos comercios y supermercados portuenses para recaudar alimentos de primera necesidad. Dichas aportaciones eran entregadas tanto a hermanos de la hermandad como a otros de otras hermandades, a todos los conventos de la ciudad y a los comedores sociales de Sol y Vida y Anydes todos los meses del año. La media en el listado de necesitados era de 102 familias y eran repartidos 1.500 kg de alimentos al mes, aunque es cierto que en épocas especiales como Semana Santa o Navidad las aportaciones crecían considerablemente. Fue la primera Hermandad en organizar este tipo de actividades por lo que muchas entidades y empresas portuenses se entregaron a la labor y colaboraban de forma puntual en la aportación de alimentos. Esta gestión se llevo a cabo durante muchos años hasta que en 2018 tuvo que desistir por motivos ajenos a la Hermandad. Es por ello que en la actualidad el Nazareno solo se limita a la aportación de alimentos de primera necesidad a las hermanas del Espíritu Santo así como a la de auxiliar a algún hermano de la misma.



Pero lo cierto es que, no solo del pan vive el hombre, por lo que la caridad, al menos dentro de una hermandad, tiene muchas caras. Precisamente un Jueves Santo, un antiguo hermano de una cofradía vivía una realidad paralela que tenía por nombre alzheimer, por lo que cada vez eran menos los días en los que su memoria recordaba quien era él y su familia. Pero aquel día, precisamente aquel magnífico día, se despertó recordando cuanto quería a su Hermandad, cuantas cosas había sacrificado por la misma, cuantas experiencias bonitas había vivido dentro de la corporación pero ese año ya era imposible que realizase su estación de penitencia por las condiciones que le rodeaban.

Una hermana, que preguntó por él ese mismo día, quedó maravillada de su memoria recobrase vida esa misma jornada, y solicitó a la familia y a la propia Junta de Gobierno la posibilidad de ir con el hermano enfermo de la mano si fuese necesario durante toda la estación de penitencia y así cumplir un deseo no solo de él, sino de todas las personas que le rodeaban y que tanto le querían y quieren. Y lo que muchos vieron imposible se convirtió en realidad.

Algunos portuenses que estaban en las aceras viendo el transcurrir de la Hermandad hacían comentarios, algunos inapropiados, al ver como un nazareno cogía del brazo a otro sobre todo en las esquinas y entre ellos hablaban. Lo que nadie sabía, salvo los nazarenos más próximos, es la historia de entrega de aquel hombre que en muchos momentos ni el mismo recordaba.

Esto ocurrió en el año 2019, el último año que las hermandades portuenses procesionaron. En la actualidad, y acrecentándose sus circunstancias con las pandemia, este nazareno ya no tiene días buenos y no recuerda más que el nombre de su mujer, la que nunca se separa de él.

Cuando vean una situación anómala dentro de una cofradía no especulen, suele tener una explicación y esta dejaría con la boca abierta al mundo entero.

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