Print Friendly, PDF & Email

Aquel infierno parecía no tener fin. Tratando de evitar la cola que me dejaba parado antes de llegar al Aqua Park, me desvié hacia Cádiz, tratando de tomar la circunvalación y llegar hasta Valdelagrana, intentado entrar por la otra entrada de El Puerto.

Aún no había oscurecido, y cuando tomé el desvío, los coches ya hacían caravana. Lentamente, fui avanzando, casi tras una hora de paciencia superado el cruce de Valdelagrana pensé que avanzaría. Muchos habían tomado el camino del paseo marítimo de Valdelagrana, pero otros siguieron hasta El Puerto, por lo que tras casi otra hora, pude llegar por fin al cruce de la ribera, en donde viendo las caravanas que apenas avanzaban decidí entrar por la zona de la estación.

El sol hacia ya un buen rato que se había marchado, y aquellas caravanas no regresaban de las playas, eran previsores que llegaban a El Puerto para cenar y disfrutar, en breve. Aun así, las caravanas seguirán llegando e inundando un Puerto en donde apenas cambian los coches de los residentes.

Aquellas noches de verano, interminables, hacían de la ciudad el centro de toda la Bahía, eran tiempos de Joy Sherry, Blue, Rio, Pacha… tiempos de Don Peppone y Flores, de Portales, Mi casita y Goletas, tiempo de Conventos. Tiempos que ni siendo mejores ni peores también disfrutaron de quienes tenían otra opinión, de quienes maldecían la falta de aparcamiento, la llegada de forasteros, las faltas de previsión y aglomeraciones donde se culpaba al gobierno de turno, y precisamente por quienes no estuvieran gobernando.

El Puerto hoy tiene capacidad de absorber la entrada de vehículos por más lugares, hay mayores plazas de aparcamiento; no tenemos Joy pero tenemos otras muchas, los antiguos restaurantes dieron paso a nuevos, y algunos hasta se mantuvieron o resurgieron cual ave fénix. El Puerto, El Puerto que no duerme, ni se olvida y que sigue siendo, aunque a algunos les pese, el centro de una bahía que poco a poco vuelve sus ojos a su ciudad más compleja y completa.

Anuncio