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No crean ustedes mis queridos lectores que hoy les voy a recordar al mítico cronista y revistero taurino D. Antonio Rosales Gómez, don Puyazo. Y no me faltan ganas, porque se echa de menos aquel “arre veneno” y sus historias. Hoy les voy a hablar de la suerte de varas. Así que, “¡vamos al toro!”

Dicen los castizos que la suerte de varas se está perdiendo. Y no les falta razón porque en la actualidad y salvo honrosas excepciones, este tercio se ha convertido en algo testimonial. Lejos quedan los tiempos en los que los picadores encabezaban los carteles, dado el protagonismo que tenían en la lidia. Ya solo conservan el oro en las chaquetillas, honor que comparten con los matadores de toros. Pero no todo está perdido. Cuando parecía que los buenos varilargueros habían caído en desuso, el empresario interino de la Plaza de Toros de El Puerto se ha erigido en nuestro particular don Puyazo, alguno de los cuales, sin dilaciones, paso a enumerar:



Primer puyazo: se nos vende una rebaja sustancial del precio de las entradas, para luego gravar una comisión del 10% la compra por internet. Y si quieres ir a taquilla, te arriesgas a quedarte sin boleto. O sea, el timo de la estampita.

Segundo puyazo: fulmina al equipo de taquillas que históricamente ha desempeñado esta labor con los sucesivos empresarios que han explotado el coso. Sus razones tendrá, pero la familia Muñoz ha sido y será parte de la esencia de esta plaza, además de excelentes profesionales.

Tercer puyazo: ha obviado los méritos del torero local Daniel Crespo, triunfador la pasada temporada del mini ciclo de espectáculos, dando la cara en los pocos festejos en que se anunció, y no le ha ofrecido la oportunidad de ocupar un puesto en el cartel en su tierra.

Cuarto puyazo: a los pensionistas, entre los que me incluyo, a los que no se nos permitía comprar la entrada por internet, y muchos tuvimos que renunciar al descuento adquiriendo una entrada general para no quedarnos sin sitio.

Quinto puyazo: a las medidas de distanciamiento social, pues a los abonados de otros años se les ha mantenido el asiento sin tener en cuenta si pertenecen o no a la misma unidad familiar.

Sexto puyazo: a Carmelo García, al que más que un puyazo, parece ser que le ha hecho un quiebro y le ha adelantado por la derecha en sus pretensiones por explotar excepcionalmente el coso.

Séptimo puyazo: a los inocentes que han comprado entradas de palco VIP, y no me pregunten porqué…

En la historia de la tauromaquia ha habido toros célebres que destacaron por su bravura. Sin ir más lejos “Caramelo” de la ganadería del Marqués de Saltillo, lidiado en Cádiz, rompió cuatro garrochas, recibió veintisiete varas y mató nueve caballos. La afición de El Puerto aún puede aguantar algún puyazo más. Todo es posible. No desesperen y estén atentos a lo que nos deparará la tarde del jueves. ¿La Concha Flamenca? ¿La Misión? ¿Pansequito? ¿María José y su acordeón? No sé, pero a tenor de lo que se escucha, quizá suene con fuerza la sintonía de “Macario enciende la luz que me mareo, eo, eo…”.

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