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La rutina, agradable y ya conocida, volvía poco a poco a mi vida. Mis mañanas dando los buenos días a ese mercado que se desperezaba, mis fines de semana viendo a la gente regresar a casa después de una noche, mis cafés solitarios o acompañados. Mi rutina.

Por más que quería ver la diferencia no la veía. Lo único las mascarillas, cada vez más presentes en una vida marcada por la alarma. Los bares con menos gente, y sin embargo, las mismas aglomeraciones en la calle.

La ciudad caminaba a paso rápido hacia el final del verano, pues a mediados de julio, sin darnos cuenta pasaban los días y los días camino de otras estaciones. Curiosamente y según anunciaban a partir del lunes las mascarillas pasarían a ser obligatorias a todas horas y en todos los lugares, se hablaba de rebrotes, y aun así, la verdad era que por más que algunos se empeñasen la realidad era solo una. [Lee aquí los capítulos anteriores]

Recordé un viejo amigo, el cual siempre advertía a su compañera de lo errado del negocio que hacía, o del camino que tomaba, o del coche que compraba. Era lo que se llama un advertidor profesional.

No dudo que querría a su compañera, estoy seguro que sus advertencias eran bien intencionadas, pero lo curioso del caso es que, y como natural, algunas veces acertaba y otras no. Entonces ocurría algo extraño. Cuando no ocurría lo que había predicho, solía advertirle que había tenido suerte, y que no siempre la tendría. Pero cuando ocurría tal y como dijo, fracasando, se le llenaba el alma, sonreía, y entonces si decía eufórico “te lo advertí”. Y es lo que ocurre hoy.

Legiones de advertidores anuncian rebrotes desde abril, y como es natural, a veces anuncia el noticiario que hay un rebrote en Lugo, a lo que al advertidor, de manera eufórica sonríe diciendo que ya lo predijo en su momento. Sin embargo, no son tantos los de Andalucía, pero basta que se confirme un caso en Granada para que se froten las manos para anunciarlo en Facebook.

Yo no sé qué pasará, usaré mascarilla, saldré y me relacionaré, y me alegrará muchísimo que llegue el 2021 sin que vuelvan los niveles pandémicos de marzo. Pero no importará, ya habrá algún advertidor que anunciará rebrotes entre el 2021 y el 2100.

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Paolo Vertemati representa a un personaje ficticio, un extranjero que ha venido a El Puerto de Santa María, y a través de sus capítulos narra a modo novelesco sus sensaciones y experiencias con las tradiciones y la propia idiosincrasia del lugar, con historias entre reales e imaginarias.

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