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Puede parecernos mentira, puede que no pensáramos en ello, muy posiblemente el tiempo detenido que se nos vino encima… nos hizo pensar.

Ello nos llevó a ansiar, desear y aprovechar las horas de paseos, el descubrir que a veces, solo a veces, el desplazamiento sin vehículo es posible. Distancias que antes nos parecían insalvables se convirtieron en una rutina.

El tiempo, el que siempre nos persigue nos demostró que se tarda menos andando que en coche, en donde aparcar y llegar nos hace perder el tiempo. No es cuestión de salud, sino de tiempo y comodidad.

La ciudad, hace tan solo unos meses, la mirábamos desde la ventanilla del coche, pensábamos en desplazamiento sobre cuatro o dos ruedas, pero ahora, aprendida la lección que el tiempo nos brinda, acercamos posturas entre quienes quieren peatonalizar o no los centros.

Todo ello nos hace ver la calle Luna como algo positivo, sobre todo para quienes conocimos el tráfico sobre ella durante muchos años, pero ya no nos conformamos, vemos otras calles que se pueden peatonalizar a medias, en horas en las que el tráfico rodado es menos intenso, en las que quizás otras alternativas más incomodas puedan ser asumidas y soportadas.

Los años van pasando, y poco a poco vamos cambiando hábitos, la edad o los tiempos marcan la tendencia, eso jamás lo sabremos, pero la realidad es que valoramos cada día más la libertad de andar, sin poder abandonar los desplazamientos de otro tipo, necesarios en muchos momentos.

Todo ello conduce a la racionalización de los espacios, la valoración de andar, el entorno saludable, y ante todo, la comodidad, una comodidad que a veces se enfrenta con esos criterios.

El centro, la ciudad entera, lucha entre esa comodidad y esa salud, y poco a poco,  iremos llegando a un punto en el cual la satisfacción este cada día más generalizada. De momento, y por un tiempo, seguiremos valorando mas la oportunidad de andar que la necesidad de conducir.

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