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Hoy es domingo de Pentecostés, día importante, importante que en El Puerto además cobra, como en casi toda la baja Andalucía, el sentir Mariano más arraigado.

Pentecostés y Rocío, para muchos es la misma cosa, Roció y Puerto, para muchos, un vínculo indisoluble que se remonta al siglo XVIII, cuando la ciudad Ducal ya acudía al epicentro de aquella casa poderosa. Pero por encima de ello, hoy es Pentecostés, los tiempos que corren difieren, cambian, asustan, y hoy, la religión, para muchos se sustituye por otras creencias, creencias que van del agnosticismo a tendencias filosóficas que veneran a dioses de mil tipos.

Aun así, Pentecostés sigue siendo esa mezcla de fiesta y religión en donde todos tienen cabida. Dentro de ese elenco, quienes se aferran a la creencia, echan de menos la romería, pero se aferran al culto y a su devoción. Otros, ajenos a ese culto, lamentan la falta de fiesta por encima de la devoción, y mientras que los primeros se emocionan, esperan pacientes y se aferran a esa fe.

Rocío, un Rocío distinto y recogido, un Rocío para recordar, un Rocío en el que la presencia de la Señora, de la Blanca Paloma estará más presente que nunca. Sin palmas, sin sevillanas, sin camino, sin vino… sin todo lo que carece de verdadera presencia.

Un Rocío, un Pentecostés en el que más que nunca nos acercaremos a los recuerdos emocionados, en los que Ella, sin distracciones, ocupará el ciento por ciento de todos los pensamientos que giren en torno al Rocío.

En estos tiempos, todos aquellos que ya no están, las marismas azules se unirán al Cerro de los Ánsares, y juntos, con ella en el corazón, mientras las medallas duermen, limpias del polvo que levante el viento, nos uniremos, como jamás lo hicimos con quienes en su seno duermen.

Hoy es Pentecostés, hoy, cientos de miles de rocieros, esperarán ansiosos esa salve que se colará desde las nubes, y abrazados por ella, viviremos mañana ese lunes de Rocío mientras se abren las marismas azules que se encuentran en el cielo.

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