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Una película cimera en la historia del cine es “Sunset Boulevard”, titulada en España: El crepúsculo de los dioses. Fue dirigida por el gran Billy Wilder hace setenta años. Aunque hablaré de ella al final, quiero recordarla en este inicio de la columna, por ser una obra que aborda de manera magistral el tema de hoy: el sentido de quedar fuera del star system hollywoodense, fuera de la fama y la gloria.

Este film cuenta cómo vivió una gran artista del celuloide el trauma de quedar apartada del circuito de la gloria. En los años treinta esto ocurría por razones varias. Actrices y actores se quedaron porque no supieron hacer el tránsito del cine mudo al cine sonoro. También razones de edad o pérdida de belleza. La decadencia es muy cruel, sobre todo para las personas del cine, que suelen ser muy narcisistas y quisieran ser siempre guapas, estar en candelero permanentemente, ganar premios, ser agasajados, etc.

Como abajo explico mejor, El crepúsculo de los dioses (1950) habla de Norma Desmond, famosa actriz de la época muda de Hollywood que ha entrado en su ocaso. Norma es interpretada en este film por la maravillosa Gloria Swanson (1899-1983), actriz que en su vida real perdió súbitamente el favor del público, retirándose del cine a los 35 años. Y hete aquí que ya en la cincuentena, Wilder la contrata y reaparece triunfalmente en la gran pantalla con esta película. Desde aquella reaparición suya, quedaron ella misma y el personaje que interpreta, asociados a esa caída, a ese crepúsculo que la protagonista quiere evitar a toda costa en el film.

El gordo y el flaco, y Judy Garland

Siguiendo esta estela, este argumento, hoy voy a comentar dos películas de las buenas, más la muy buena de la que ya he hablado un poco. Todas abordan el declive artístico. En las dos primeras y más actuales, por tratarse de artistas de origen norteamericano, en ambos casos viajaron al Reino Unido y allí, en teatros o salas de espectáculo, buscaron brillar de nuevo. Estas películas son: El gordo y el flaco (Stan &Ollie) (2018), que pasaron sus los últimos años artísticos en Inglaterra, donde estos dos renombrados cómicos eran muy populares; la segunda película es Judy (2019), que dibuja magistralmente la semblanza de una de las estrellas de Hollywood más conocidas mundialmente: Judy Garland, quien también probó fortuna por los escenarios londinenses. Y para acabar, haré unos brevísimos comentarios a la película: El ocaso de los dioses (1950) de Wilder, la obra lo merece.

EL GORDO Y EL FLACO (Stan & Ollie) (2018). Entrañable película que habla de dos de los grandes cómicos del cine de los años ’20 a los ’50: Stan y Ollie, conocidos popularmente como “El gordo y el flaco”.

La historia se centra en la gira de despedida que hicieron al Reino Unido tras su época dorada en Hollywood. Estos dos artistas fueron muy conocidos por varias generaciones y sus ocurrencias y gags en la pantalla anidan en el corazón de un gran número de espectadores. Además, provocaban el asombro de la inocente mirada de los niños, incitando al asombro y el regocijo más genuino.

Hacían un humor blanco, pero no eludían la perspicacia, toques de surrealismo y cierta filosofía de vida, siempre apoyados en lo que se conoce como slapstick, o sea, la bufonada o payasada; golpes y porrazos con acciones físicas, pero sin dolor. Stan y Ollie fueron asimismo autores de diálogos lúcidos y brillantes, pues ambos se adaptaron con gran inteligencia al sonoro, ofreciendo ya en este formato números muy graciosos, con ocurrencias que aún hoy siguen produciendo asombro.

El director Jon S. Baird se ciñe a la trayectoria de Laurel y Hardy en su etapa final, cuando su popularidad había descendido, un tiempo que era el crepúsculo anunciado de su carrera estelar. Suave música de Clint Mansell, bonita fotografía tonos pastel de Laurie Rose y estupenda ambientación.

En el reparto, John C. Reilly y Steve Coogan consiguen dos de los mejores trabajos de sus trayectorias actorales; ambos parecen abducidos por sus personajes y convertidos en ellos, tanto en la relación personal, como en los números que interpretan: gestos, lenguaje corporal, pero también transmitiendo una honda visión melancólica de lo que fueron aquellos afables personajes.

Además, contamos con unas excelentes Shirley Henderson y Nina Arianda, que bordan con gran vis cómica los personajes de las esposas de ambos cómicos, que no se dan cuenta que cada uno de ellos por separado no era nada, ni sobre el escenario ni en la vida. En fin, un estudio lúcido sobre el rico vínculo que mantuvieron durante décadas Stan y Ollie. Película como venida de otra época, con un afectuoso olor a naftalina, contada con inteligencia, con ternura y mucho gusto.

 

JUDY (2019). La película nos sitúa en 1968, tres décadas después del estreno de El mago de Oz, obra que interpretara Judy Garland a los 12 años y que la convirtió en una leyenda de Hollywood. Ahora es ya madura y pasa por momentos bajos. Llega a Londres para dar una serie de conciertos entre otras por necesidad, pues está prácticamente arruinada. La contratan para actuar en un selecto local, a lo cual accede a pesar de sus menguadas fuerzas, sus adicciones y su delicada salud. Asoman en Judy los fantasmas de la inseguridad que la asediaron durante su atormentada infancia.

Para entender mejor la historia, unos pertinentes flashbacks, sueños y recuerdos evidencian que la Garland fue el producto de un permanente maltrato desde la infancia, cuando fue severamente dirigida por la productora Metro Goldwyn Mayer, que la mantenía en condiciones lamentables: estricta dieta, obligada a tomar anfetaminas y empujada cruelmente a un éxito necesario. Este panorama, a la vez de retratar la penosa infancia de Judy es, a la vez, una crónica de la terrible industria del cine que la sometió a una vida de privaciones y sufrimiento que acabarían pasando factura a la actriz. Ahora Judy Garland es dependiente de los barbitúricos y de la bebida, enferma y buscando una tabla de salvación en Londres.

El director Rupert Goold nos ofrece una sensación de angustia in crescendo sin apenas momentos de placidez o de felicidad. Se salvan algunos momentos, como la memorable escena cuando la diva interpreta la conocida canción “Over the Rainbow” ante un público enardecido que se levanta de sus butacas y ayuda cantando a coro la conocida melodía, cuando ella, emocionada, ya no puede acabar de cantarla. En el reparto Renée Zellweger está magistral, lo pone todo: su arte, el físico, y mentalmente se mete dentro del personaje. Un trabajo dramático magnífico y una excelente caracterización donde Zellweger-Garland llegan a un punto de mímesis memorable.

Además, R. Zellweger canta ella misma las canciones, atreviéndose con el repertorio de la Garland que en la garganta de Zellweger adquiere una nueva sensibilidad. Creo que es Zellweger quien levanta esta película acertando de pleno en un papel conmovedor. Como yo anticipé, Renée ha sido la justa ganadora de la estatuilla a mejor actriz protagonista (Oscar) en 2019. Su vibrante y emotiva encarnación de Judy lo merecía sobradamente.

 

El crepúsculo de los dioses (1950). Norma Desmond (excepcional Gloria Swanson) recibe una llamada de la Paramount y piensa que va ser contratada para hacer una película. Ella está fuera del cine por culpa del nacimiento del cine sonoro. A su lado, el fracasado Joe Gills (William Holden ) se refugia de sus deudas en casa de Norma que vive junto a su mayordomo (Erich von Stroheim).

Billy Wilder nos ofrece en este film una visión desoladora y oscura; poco humor y el que hay es cáustico y devastador. Wilder se mete de lleno en el en el mundo de Hollywood, mostrándonos sus malas artes de manera ácida y con afilada ironía. Retrata también el paso del tiempo, el mundo de los “egos” que se resisten a apagarse y el afán por capturar a toda costa una juventud que se ha ido sin remisión.

Es una cinta imprescindible que mantiene la intensidad narrativa al máximo toda la película, intriga incluida con un gran guion de Wilder y otros. El libreto trenza la historia sin dejar cabos sueltos, con unos diálogos impresionantes.

Aunque el reparto es extenso y muy cuidado, los indiscutibles protagonistas son William Holden, genial en el perfil de un guionista mediocre y marginado que busca dinero. Sobresaliendo por encima de todos, Gloria Swanson, una actriz sorprendente que se mete en la piel de Norma Desmond, una estrella del cine mudo, ahora en declive; una mujer que hace una negación de su edad y de su posición artística creyéndose aún diva. La Swanson concentra la ira de la protagonista en una violenta e impresionante mirada que hiela. Y el tercer gran actor es Erich von Stroheim en el rol de del mayordomo incondicional, quien en cada gesto deja constancia de que está dispuesto a proteger a toda costa a su señora.

Dada la feroz crítica que hace Wilder de la meca del cine, cuentan que en pase previo al estreno, Louis B. Mayer, jefe de la Metro y capo en Hollywood, en un arranque de enfado le dijo a Wilder con gran exclamación: “¡Es usted un cabrón! Ha desprestigiado a la industria del cine. Ha mordido la mano que le convirtió en alguien y que además le dio de comer. Deberían alquitranarle, emplumarle y arrojarle del país”. Parece que Wilder le respondió: “¡Que te jodan!”.

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