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Jane Austen (1775-1817) fue una de las figuras más influyentes de la literatura inglesa, reconocida por sus novelas de costumbres y su aguda crítica social de la época georgiana. La ironía de su obra hace que resulte actual.
Obras principales fueron: Sentido y sensibilidad” y “Orgullo y prejuicio”, con una prosa llena de sarcasmo y profundidad en sus personajes. Estas novelas han sido llevadas en diversas ocasiones al cine. Hoy comento: Sentido y sensibilidad (2026), de G. Oakley; Orgullo y prejuicio (2005), de J. Wright; y, Sentido y sensibilidad (1995), de A. Lee (para mí la mejor).
SENTIDO Y SENSIBILIDAD (2026). Nueva adaptación del clásico literario de Austen, las hermanas Elinor y Marianne Dashwood se ven forzadas a dejar su casa de campo de Sussex y a mudarse con un pariente, en cuya casa rural enfrentarán problemas amorosos y económicos.
Dirigida por Georgia Oakley, la sostiene un guion de la debutante Diana Reid. Si bien algunos detalles que contribuyen a que la historia se sienta contemporánea, lamentablemente la película tiene dificultades para forjar una identidad propia.
Con buen juicio, Oakley inicia la película con algo principal en las novelas de Austen: la falta de seguridad económica de las mujeres y la prevalencia del varón. Las hermanas Dashwood, la reservada Elinor (Daisy Edgar-Jones), la apasionada Marianne (Esmé Creed-Miles) y la marimacho Margaret (Bodhi Rae Breathnach), son expulsadas de su mansión debido a un testamento que favorece a los hijos varones.
Elinor encuentra un alma gemela en Edward Ferrars (George MacKay), el bondadoso y tímido hermano de la intrigante cuñada Fanny (Stacy Martin). Sus primeras escenas juntos son tal vez las mejores de la película, con Edgar-Jones y MacKay inmersos en una relación cálida y tierna.

Siguiendo la novela, el guion de Reid nos cuenta lo que está en juego: la madre Dashwood (Caitríona Balfe) se encuentra sin un céntimo e impotente ante la usurpación de la herencia familiar por parte de John Dashwood (Tom Brooke), el único heredero hombre de su difunto marido. Además, este apenas le dará una paga anual de cien libras, insuficiente para sobrevivir.
Antes de que ella y las chicas se muden a una sencilla y modesta casa de campo junto al mar en Devon, tienen que soportar y padecer la insolencia y los desaires de la tacaña y egoísta esposa de John, Fanny (una maravillosamente cáustica Stacy Martin).
Mientras, entre Elinor y Edward crece el afecto mutuo, durante agradables paseos por el campo: retozando en el prado y sesiones en las cuales ella retrata Edward, quien posa amoroso.
Pero los Dashwood no tardan en ser despedidos de su casa donde pasaron años felices, para viajar con penar y pesar al único hogar posible, una pequeña cabaña en Devon, una gracia de John Dashwood.

El nuevo hogar
En el nuevo hogar, Marianne cae en los brazos del diabólico y “encantador” John Willoughby (Frank Dillane), para disgusto del fuerte pero silencioso coronel Brandon (Herbert Nordrum), quien no ve al joven como alguien confiable.
Marianne y Willoughby disfrutan de un romance campestre a dúo de piano y caricias junto a los acantilados, y aunque él le regala un corcel blanco, nunca se compromete antes de regresar a Londres.
Pero volviendo a Edward, resulta ser un joven demasiado pusilánime y en exceso sensato para seguir a su corazón y deja escapar a una confundida Elinor, cuando su familia finalmente se retira al nuevo hogar, ayudados por la amable pero montuna Sra. Jennings (Fiona Shaw).
El viaje a Londres
Cuando la señora Jennings planea un viaje a la capital, Marianne y Elinor la acompañan con enorme entusiasmo por ver a sus jóvenes amores. Los vestidos blancos desgastados y las melenas despeinadas confieren a las chicas una modernidad campestre, que contrasta con los elaborados peinados de sus conocidas londinenses.
La prudencia de Elinor y la alegría de vivir de Marianne se reflejan en la encantadora coreografía de Holly Blakey: en el campo, Marianne y Willoughby participan en una animada y bulliciosa danza folclórica, mientras que Elinor y Edward se cruzan en un animado baile londinense donde bailan un vals sensual y elegante.

Cuando el amor vuela
Elegante ambientación de Oakley (interiores suaves iluminados por velas, caza mayor colgada en la pared y perros impecables), combinado ello con un realismo psicológico emocionante.
Los primeros planos desde ángulos bajos revelan la fragilidad de la compostura de Elinor cuando Edward le dice estar comprometido con otra mujer; y Marianne casi se derrumba de los nervios cuando encuentra a Willoughby del brazo de una adinerada señora.
Las disputas de estos amantes son captadas de forma franca y conmovedora al son de la melancólica música de Roger Goula, aunque el drama más realista de Oakley resulta predecible, con una seriedad que le resta algo del ingenio y la comedia que es lo que caracteriza la obra de Austen.

Romanticismo bucólico y personajes
La visión de Oakley sobre la época es de un romanticismo campestre, con planos de torrecillas, juncos temblorosos, arañas cubiertas de rocío o nenúfares flotantes, que vienen a ensortijar, vestir y complementar la trémula y convulsa vida interior de las hermanas Dashwood, sobre todo Elinor y Marianne.
La más audaz y vivaz es Marianne, seguida por una cámara temblorosa mientras se aventura por el bosque cuando recibe la noticia de la muerte de su padre. Por suerte, Oakley evita el simbolismo cursilón de la Madre Tierra y otras afectaciones.
Edgar-Jones mantiene bien el timón y el rumbo, pero la relación central entre las dos hermanas, de actitudes muy opuestas hacia el amor y la pareja, queda muy desatendida. El desarrollo de las relaciones románticas en el guion sacrifica el verdadero corazón de la historia.
El más llamativo es el Willoughby de Dillane, un canalla desaliñado y vanidoso, a su manera un libertino, que es la presencia más llamativa en la película, pues aporta una ligereza y espontaneidad a un mundo de decoro contenido.

Cerrando
En principio todo resulta bien y lucido, un filme con tintes sociales y un retrato cultural y antropológico de la época. La película captura las texturas del mundo natural en el que las hermanas retozan.
La fotografía, el vestuario y el diseño de producción están influenciados por la versión de 2005 de Joe Wright, lo que incluye algunas referencias a Cumbres borrascosas, novela de Emily Brontë (1818-1848).
Tras abordar los temas clave de Austen, la película se centra en un romance sencillo, lo cual que no aporta demasiado y resulta bastante trillado y, sobre todo, poco grácil y entusiasta.
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ORGULLO Y PREJUICIO (2005). Las cinco hermanas Bennet han sido criadas por una madre obsesionada por encontrarles marido. Pero una de ellas, Lizzie, inteligente y con carácter, desea una vida más abierta, un anhelo respaldado por su padre.
Cuando el señor Bingley, un soltero rico, y sus sofisticados amigos se instalan en una mansión vecina para pasar el verano, las Bennett se entusiasman con la posibilidad de encontrar pretendientes.
En el baile de bienvenida, Lizzie conoce al apuesto y elegante señor Darcy (Matthew Macfadyen), pero, a primera vista, le parece demasiado orgulloso y arrogante.

A partir de aquí, ellos y ellas, por razones diversas buscan encontrar pareja.
Estamos ante una estupenda adaptación de Jane Austen a la pantalla. Tiene mucho de lo que suele ser el cine inglés tradicional: precisión en la reconstrucción de época, humor irónico y desarrollo de personajes muy preciso.
Estos elementos suelen ser, también, lo contrario del cine, en la medida en que coartan la libertad del movimiento. Pero Joe Wright, muy buen director, infunde una vivacidad totalmente contemporánea a su obra.
Como si, en lugar de reconstruir la época, la registrara con pasión y alegría. Ese sentimiento, encarnado en Keyra Knightley, es el que vuelve al filme. Actúan también Matthew Mcfadyen, Brenda Blethyn, Donald Sutherland y Rosamund Pike.
SENTIDO Y SENSIBILIDAD (1995). Película realizada con gran talento por Ang Lee. El filme, lejos de parecer una mera película de época, destila modernidad, siendo que profundiza en las pasiones de unos personajes vivos, actuales, con los que el espectador se puede identificar.
A ello contribuye un magnífico guion de Emma Thompson (novela de J. Austen). Excelente, luminosa y viva fotografía de Michael Coulter, amén de una gran partitura musical de Patrick Doyle con momentos apoteósicos. Muy buena puesta en escena con una memorable recreación de la época,
En cuanto a los intérpretes, decir en primer lugar que son artistas británicos de primer orden, destacando las mujeres, con una Emma Thompson medida y a la vez brillante en el papel de la hermana razonable, y Kate Winslett que borda su papel de mujer romántica y vibrante (gran tándem con la Thompson).
Otros actores importantes aparecen con un nivel de excelencia la historia; así, Hugh Grant (que hace agua al lado de la Thompson que se lo merienda), Alan Rickman, Greg Wise, Emilie François y otros-as.

Sociológicamente pone en evidencia la vulgaridad y la ambición de la época napoleónica, en la cual la ilustración echa por tierra la fe medieval y la ciencia naciente inspirará una visión del mundo, donde se antepone la búsqueda de placeres terrenales.
Asimismo, plantea los inicios del Romanticismo del siglo XIX que se propuso revisar los progresos del siglo de las Luces, los efectos de la urbanización, la mecanización y racionalismo.
Pero psicológicamente, su principal mérito, la obra aborda la discordancia entre el buen sentido de Elinor y el carácter pasional de Marianne. A pesar de sus diferencias, ambas hermanas están muy unidas: la primera es la reflexión; la segunda es el impulso y la emoción. El juicio y la represión versus las emociones y la conmoción.
Nos muestra también un punto de vista punzante de la sociedad de su tiempo; especialmente de las complejas y sutiles normas que regulaban las relaciones entre hombres y mujeres: una trama de rígidas normas sociales en las cuales apenas se traslucían los sentimientos.
Filme refleja ese ambiente sofocante y riguroso en el que cada gesto contenido, cada fórmula de cortesía sirve para controlar tumultuosas pasiones. Curiosamente, Jean Austen, parece reivindicar el buen sentido y la sujeción, siendo que la historia podría interpretarse como una parodia del romanticismo y la sensibilidad, de moda a finales del siglo XVIII.

Es algo lenta, pero a la vez es igualmente maravillosa, un filme que sabe hablar del amor sin banalidad; más bien trata del tema con profundidad. Pues no es fácil hablar del amor guardando el debido respeto y, en este caso, fidelidad histórica.
La película cuenta de una época difícil de vivir para los espíritus libres o con ideas propias. Y para hablar de eso, hay que hacerlo bien, al modo en que lo hace la película de Lee: de una manera artística en el mejor sentido. Sin afectación, con un hilo argumental creíble, con una trama envolvente y que mantiene hasta el final la atención.
La película no ha perdido frescura y la honda huella del bien hacer de Lee y todo el cuadro de actores, con especial mención a Emma Thompson, como actriz y guionista.
En suma, un melodrama romántico cortado por el patrón británico en el que desfilan los coqueteos amorosos, la belleza del paisaje, la distinción, las desilusiones amorosas, pero también las alegrías, el gozo y la felicidad.










