“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hay en la psicopatología un trastorno parafílico con el nombre de voyeurismo, consistente en obtener placer observando a otras personas, o a grupos, durante sus relaciones sexuales o de carácter privado. La persona voyerista suele observar la situación desde lejos, bien mirando por la cerradura de una puerta, por un resquicio, o utilizando medios técnicos como un espejo, una cámara portátil, anteojos, etc.

Pues bien, en ocasiones, esa tendencia más o menos insana, más o meno curiosa y placentera, se da para observar otras cosas de la vida, lo propio de los “mirones”, que son curiosos patológicos.

En esta entrega me refiero a las películas: El autor (2017), de M. Martín; La conversación (1974), de F. F. Coppola; y La ventana indiscreta (1954), de A. Hitchcock.

EL AUTOR (2017). Excelente en todo sentido, esta obra tiene sus dosis de profundidad y calado en torno a la vida. Hace una panorámica sobre la vocación, el afán y el esfuerzo por alcanzar las metas que uno se propone y tiene ángulos recónditos y profundos sobre los que pensar la naturaleza humana.

Guion fino y con intérpretes de primera línea, sin olvidar la fotografía y la música de Perales. Cuando empiezas a ver el metraje, cada fotograma te atrapa y te dirige por derroteros con los que muchos espectadores podrán identificarse.

La frustración, el deseo de alcanzar la excelencia, lo incierto de la vida, un ritmo adecuado y una trama que nos manteniene alerta y la sorpresa en la parte final, tan importante para salir de la sala con el corazón gratificado.

La dirección de Manuel Martín Cuenca hace posible esta película tan interesante, una pendiente de tensión y emoción te embarga interiorizándote del personaje principal. Consigue mantener la atención en la turbia historia que narra y sorprende con giros perversos e imaginativos.

El guion del propio Cuenca junto a Alejandro Hernández es adaptación de la novela de Javier Cercas, El móvil (1987), donde el protagonista, según Cercas “es un escritor ambicioso que escribe una ambiciosa novela”. Pero el mérito del guion es la sabia adaptación de la literatura de Cercas al lenguaje cinematográfico. El retrato veraz de personajes increíbles e incluso surrealistas.

Un retrato pérfido y enconado de una comunidad de vecinos singular, cada cual con sus puntos débiles y con sus componentes de maldad. Y un escritor fracasado que se convierte en un fisgón, un cotilla en toda regla, un voyeur y metomentodo, pues necesita tomar de la vida la inspiración para su novela. Trama rotunda, sin fallas, negra, viscosa e incluso de humor dulce y agrio.

Resulta muy bien, por más que particular, que el cancionero de José Luis Perales acompañe a los títulos de crédito. Excelente fotografía de Pau Esteve Birba recreando un decorado minimalista, limpio, de inmaculadas paredes y sin apenas mobiliario, tan desnudo como el relato.

En el reparto un descomunal Javier Gutiérrez acomete de manera excelente el papel complicado y laberíntico de un hombre frío y gaseoso, que el actor resuelve de manera sobresaliente. Estupenda Adelfa Calvo, quien con tanta entrega y saber hacer interpreta a la prodigiosa, ladina y graciosa portera.

Hay que aplaudir a Martín Cuenca por este filme que cosechó premios y reconocimientos en los Goya (actor y actriz). Una película esplendente y complicada a la vez, con angulaciones y elementos de interés. Filme para quien sepa apreciar un producto de calidad donde se pone en cuestión qué ocurre cuando se carece de talento, en este mundo donde todos queremos ser los mejores. Pues cuando no hay instinto creativo, lo que resta es ser un plagiador imaginativo del mundo que nos rodea.

Y donde también se evidencia que no se puede estar fisgoneando, ni planificando la vida de la gente, ni mirar donde está prohibido mirar.

 

LA CONVERSACIÓN (1974). Sensacional película de Francis Ford Coppola en la cual Gene Hackman hace de Harry, un detective experto en vigilancia, escuchas, visionados y sistemas de seguridad. De nuevo la historia de “escuchar” o “ver” lo que tal vez no se debe.

A Harry lo contrata un magnate para que investigue las infidelidades de su esposa, un trabajo increíble y de poco fuste para un especialista como él en investigaciones complicadas. Pero cuando finaliza su tarea, se da cuenta de que algo extraño se oculta tras la “insignificancia” del caso.

Su cliente no se identifica y siempre utiliza intermediarios. Y el que era detective y espiaba, se convierte en espiado. Con la metaparanoia que le come por dentro acaba despedazando su apartamento en busca de micrófonos o algo similar. Aunque nada encuentra, siente que está siendo observado.

Después de tanto buscar cámaras o micrófonos persecutorios, acaba rompiéndolo todo. En su pequeña casa ya sólo queda una silla y escombros, también su saxo. Harry lo toma y hace sonar rugosos acordes de una música oscura.

Francis Ford Coppola, ya en la cumbre tras el éxito del primer Padrino, en la secuencia que cierra “La Conversación”, rueda su más preciso lamento a la soledad.

Coppola había elegido a un experimentado y brillante Hackman de 45 años para este papel de investigador y espíe, especialista en escuchas; lo eligió mejor que a Marlon Brando, por fortuna.

 

LA VENTANA INDISCRETA (1954). He vuelto a ver por enésima vez La ventana indiscreta, un paradigma del cine de todos los tiempos bajo la sabia dirección del maestro Alfred Hitchcock. Hay mucho dicho sobre esta egregia obra, pero añadiré algunos datos técnicos de interés, y luego daré algunas impresiones personales.

En la historia, un reportero gráfico se ve obligado a guardar reposo en su apartamento con una pierna escayolada. Le acompañan su novia y la enfermera, y mata su tiempo libre observando desde la ventana (indiscreta) de su apartamento con su cámara, lo que ocurre en los apartamentos que tiene frente al suyo. Por una serie de circunstancias extrañas sospecha de un vecino cuya mujer ha desaparecido.

Película rodada por Hitchcock con un guion de John Michael Hayes, adaptación de una novela del que fuera considerado el Edgar Allan Poe de la literatura de suspense moderna, Cornell Woolrich. De él tomaron su obra Rear Window.

Cuenta la cinta además con una excelente música de Franz Waxman y una enorme fotografía de Robert Burks. El reparto no puede ser más antológico: James Steward (sensacional), Grace Kelly (bella y magistral), Thelma Ritter (estupenda) y acompañan el conocido Raymond Burr, Judith Evelyne y Wendel Corey; a cuál mejor.

De las impresiones que quiero aportar están las siguientes.

La primera es que he visto esta película en cine y en televisión más de veinte veces y nunca me cansa, siempre descubro algo nuevo. Ese reportero gráfico (Stewart) postrado en su apartamento por una fractura de pierna, viendo y observando desde su ventana al vecindario. Escudriñando más de la cuenta.

Esa maravillosa Grace Kelly, su enamorada de la alta sociedad, cómplice con él de la grande e hipotética paranoia surrealista en torno al “asesino” (Burr), y esa enfermera Thelma Ritter tan eficiente y sugerente. Son personajes dentro de una historia imperdible. La historia de un mirón que también fisgonea y hurga en la vida de los demás.

En segundo lugar, quiero decir que la película nos cuenta un caso voyeurista (sin la connotación sexual del término), pues el protagonista sólo hace que mirar a los parroquianos que le rodean con su objetivo fotográfico e imaginar o deducir lo que está sucediendo ante su vigilante y escrutadora mirada.

Pura intriga, con infinidad de detalles que te hacen mirar cada esquina de la pantalla para que no se te escape nada. Pero siempre observando la situación desde lejos.

Y por último diré que todo ese suspense se produce sin salir de los estrechos márgenes de la habitación donde yace el protagonista lesionado. ¡Cuánto han de aprender esas películas de grandes escenarios y efectos especiales sin límite! Aquí, en veinte metros cuadrados se desarrolla toda una trama de intriga… y amor.