“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Ya he comentado en otra entrega, película relativas a la política española: Sobre la política patria.

Pero con el boom Segura y su «Torrente presidente», me ha parecido actual y adecuado redactar otro capítulo de igual temática.

Con películas como Torrente presidente (2026), de S. Segura; Políticamente incorrectos (2024), de A. Echevarría; y El disputado voto del señor Cayo (1986), de A. Jiménez R.

TORRENTE PRESIDENTE (2026). En primer lugar y como dato destacado digo que hacía años que no veía una sala tan llena de espectadores como en este estreno de Santiago Segura. Era, además, día de diario y había gente de todas las edades y sexos.

Después vino un Torrente esperable, más bien un torrentazo, haciendo todo tipo de comentarios jocosos y muy incorrectos para lo que es el puritanismo actual rampante, sobre maricones, putas, negros, el mundo político, chistes de chinos, de moros, de trans, chistes machistas, comida sucia, y mucho más.

Desde luego, no hay nada en la película que sea peor o más escandaloso de lo que nos encontramos en las redes o en el mismísimo Congreso de los diputados. «Torrente» es tan canalla como los programas de TV y cuanto puede ver el gran público a diario.

Porque esta peli sirve de espectáculo catártico y liberador para muchas personas. Sobre todo, al principio, no podemos más que reírnos de cuanta chabacanería o detalle escatológico asoma por la pantalla. Ya en la parte posterior tal vez se haga más loca y también más aburrida.

Ya avisa al principio una parodia satírica de Santiago Segura. Para que no nos perdamos ni una secuencia. Y en otro rótulo se lee: «cualquier parecido con la realidad es una… putada».

En fin, a lo que vamos. Que, a Torrente, de incorrecto y fluido verbo lo reclutan para formar parte de NOX, el partido que aspira a gobernar España, un país que preside un tal Pedro Vilches, del PSAE (Partido Socialista Antifascista Español). El resto del arco parlamentario lo completan el PAPE (Partido Asociación de Patriotas Españoles), Restar y Pudimos.

Entre mitin y mitin, Torrente va creciendo en popularidad. Su referente, dice, es Ábalos, «el ministro aquel, un artista que se llevó una furgoneta llena de putas a un parador nacional con los impuestos de todos».

La cosa es así, como una revista de prensa de cena familiar o bar de la esquina; asuntos que ya hemos visto, que los hemos oído; con cosas que nos han escandalizado: la realidad ya se había parodiado a sí misma antes de que llegara Santiago Segura con su humor. Lo que hace Segura es dar una vuelta de tuerca y ponernos ante nuestra realidad, con humor.

Película que es mitad UCO mitad Españita, pero lo que me ha hecho gracia es el público de los mítines, porque ahí «Torrente» parece abrazar el naturalismo del último cine español.

Torrente se ríe de todos, también de sí mismo, y Willy Bárcenas hace la canción de la película y jura como tesorero, y NOX, que es el partido del pueblo y de los pijos. En ese reírse de todo, creo yo, el humor llega a aflojar un tanto y chocan frases como: «yo no soy ni de izquierdas ni de derechas».

La cosa es que en la sala se escuchaban carcajadas. Sobre todo, cuando Torrente defendió el matrimonio homosexual: «Vamos a ver, si los maricones quieren casarse, pues dejadlos que se casen. Que se jodan, ¡como todo el mundo!».

Aunque hay persecuciones y tiros, el interés está en los cameos, que se acumulan como un censo de memes: la nómina va de Nacho Cano a Omar Montes, de Carlos Herrera a Vito Quiles, de Fernando Esteso a José Luís Moreno, de Javier Cámara a Gabino Diego, de Lucía Etxebarria a Jordi Évole, de Dani Güiza a Kiko Rivera, de Wyoming a Leo Harlem, de Bertín Osborne (magnífico como Pedro Vílchez) a Mariano Rajoy. De Alec Baldwin (como Trump) a Pablo Motos, o Jacobo Carrascal, que toma viagra.

Para el final, unas escenas imperdibles del grande y puteado por Hollywood Kevin Spacey, que dice verdades como puños. La cosa acaba con Pedro Vílchez y todo su gobierno en la trena. El nuevo presidente Torrente y sus handicapados amiguetes de tasca, juran sus cargos de ministros del nuevo gobierno.

Segura defiende que su intención era hacer una sátira de todo el espectro político, evitando señalar a un solo bando. «Se me acusa de tibio o equidistante, pero quería dar hostias a todos por igual», explica el cineasta.

La película, lanzada casi secretamente y sin campaña promocional, se ha convertido en uno de los estrenos más importantes del cine español. Porque como Segura sostiene, el humor puede servir para unir a una sociedad muy polarizada. A su juicio, el personaje de Torrente funciona como un espejo deformado de las miserias colectivas de la nación.

Ahora empezarán los análisis de la taquilla, cuánto recaudará este fin de semana, ¿será de récord?, y con eso nos entretendremos unos días, y mientras tanto Santiago Segura estará feliz, y los espectadores, lo mismo.

 

POLÍTICAMENTE INCORRECTOS (2024). Comedia en la que Arantxa Echevarría pretende hacer satirizar (no siempre le sale) la política patria, fusionando las crispaciones ideológicas con otros capítulos como el amor, la amistad o la admiración.

Estamos en una España irritada, polarizada, donde las redes bullen a diario en enfrentamiento y confrontaciones sin límite. Los partidos Nueva Izquierda y España Liberal se darán cita en las elecciones generales que se avecinan.

Laura (Torrebejano) es una joven de izquierdas. De otro lado está Pablo (González), un pijo vestido de señorito con marcado acento andaluz, un señorito de derechas. Ambos están dispuestos a presentar batalla para ganar cuantos votos puedan.

Pero este ahínco y el afán por ganar las elecciones se ve sometido y mediado por circunstancias azarosas. Finalmente, las cosas no salen como estaba previsto. Confusiones programáticas y amores prohibidos e inesperados, acompañan a la maquinaria electoral en una carrera que acaba por desbocarse.

El reparto cumple con Adriana Torrebejano como Laura, la becaria de izquierdas que se enamora de un político de derechas; sembradito Juanlu González como joven liberal y de «buena familia», que se afana en sus amores con Adriana; y otros, en un reparto acorde (Gonzalo de Castro, Elena Irureta o María Hervás).

Pretende parodiar la realidad política española, deformando a sus personajes, contextos, situaciones y aconteceres, de modo que deja un retrato graciosillo, aunque algo esquemático, que da la impresión de ser una broma guasona.

Libreto burlesco de Olatz Arroyo, aunque carece de mordiente, de ironía incisiva, siendo que habría podido ser una película con gran causticidad para este país cada vez más polarizado. Pero se decanta con el mensaje buenista de cuán deseable sería que la izquierda y la derecha se entendieran; lo cual se acompaña de revolcones sexuales y bromas facilonas.

Más extenso en revista Encadenados

 

EL DISPUTADO VOTO DEL SR. CAYO (1986). Esta obra está basada en la novela de Miguel Delibes en la cual, a Rafael, joven diputado socialista, le comunican la muerte de su amigo Víctor Velasco. Coincide en el sepelio con Laly, una antigua compañera. Ambos recuerdan al amigo desaparecido y la historia que compartieron durante la campaña de las elecciones de 1977.

En Cureña, pueblo de la sierra burgalesa, conoció al señor Cayo, un viejo apegado a la tierra donde vivía con su mujer, que es muda. En el pueblo vive otro vecino, pero Cayo y él no se hablan. Este personaje fue para Víctor una especie de revulsivo: era la primera vez que escuchaba la voz de la sabiduría popular.

El choque es grande para el joven Víctor, tanto en la manera de hablar como en las formas de ver la vida: son dos mundos diferentes y ambos se ignoran. «Increíble, Dani. Él es como Dios, sabe hacerlo todo, así de fácil. ¿Y qué le hemos ido a ofrecer nosotros? Solo palabras, palabras y palabras»dice Víctor a su jefe de partido.

Pasado y presente se entremezclan, narrada la cinta en dos momentos históricos: el proceso de las elecciones de 1977 que está en color y el posterior, que está en blanco y negro.

Antonio Giménez Rico llevó al cine la novela de Miguel Delibes publicada en 1978, respetando el texto y la esencia de la historia: la amenaza del progreso y la nostalgia de un mundo que el escritor siempre amó y que tanto le inspiró. Un mundo que con tristeza veía desaparecer.

Francisco Rabal interpreta al señor Cayo. De él dijo Delibes: «Se trata de una mirada polivalente, la mirada de un gran actor de primeros planos o, lo que viene a ser lo mismo, de un gran actor cinematográfico».

Con él vemos a actores tan conocidos como Juan Luis Galiardo, Iñaki Miramón y Lydia Bosch, que interpretan a Víctor, Rafa y Laly. Junto a ellos, Eusebio Lázaro, que interpreta a Dani, y Mari Paz Molinero, la mujer de Cayo. Se ambienta la obra en Cureña, pueblo inventado por el escritor, pero los paisajes y cuanto vemos es el norte de Burgos.

A la magnífica fotografía de Fernando Ulloa se une la música de Emilio Arrieta, con fragmentos de la Zarzuela 'Marina' interpretada por Alfredo Kraus y Pilarín Álvarez.

Destaca lo moderno de su banda sonora, con temas de Leonard Cohen (The Partisan), Pink Floyd (Money), Víctor Jara (Te recuerdo Amanda), Eagles (Hotel California) o Joan Baez (No nos moverán), entre otras canciones.

Interesante drama que plantea el enfrentamiento entre la sabiduría ancestral y la coyuntural, entre el pueblo químicamente puro y las ideologías. Su planteamiento no carece de atractivos, con un Francisco Rabal que da la medida justa del personaje, aunque la resolución puede parecer trillada y trivial.