
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Ya en entregas anteriores he dado cuenta del amor al cine, entregas como Cine dentro del cine o Amor al cine.
Pues hoy damos otra vuelta de tuerca a tan hermoso capítulo en lo que se denomina “cinefilia”. La cinefilia es más que mera afición al cine, implica amor profundo a este arte. Ese amor involucra la apreciación del lenguaje cinematográfico, los sentimientos, las emociones y cuanto nos conecta con la experiencia de visionar cine.
Un cinéfilo, o amante del cine, es quien disfruta de la experiencia cinematográfica de manera global, valorando los elementos técnicos y artísticos de una obra y compartiendo su pasión con otros de su misma índole.
Muchas veces he pensado en el origen de la afición por el cine como algo fruto de la educación familiar, escolar, universitaria o de cualquier otro entorno próximo. En mi caso fue así, e igual en otros cinéfilos que conozco.
CINÉFILOS (2024). Presentada como proyección especial en Cannes este año, estamos ante una emotiva cinta, por cuanto abraza a la comunidad que se forma en un cine una vez que las luces se apagan.
Esta ficción documental novelesca de Desplechin, está llena de referencias cinematográficas y literarias. Cada una con un toque extraordinariamente certero e inteligente.
Algunas ideas principales
Subrayaba McLuhan la riqueza sensorial que convierte las películas en una experiencia cautivadora y total que apenas requiere de la participación del espectador. Basta con tomar asiento en la penumbra de la sala y esperar que la magia nos inunde.
El director de este documento, Arnaud Desplechin, participa de la magia como elemento esencial del cine, pero en esta docuficción le da un enfoque distinto: el espectador es pieza sustancial de la experiencia.
Hay una secuencia que muestra entrevistas con cinéfilos anónimos, sentados frente a un fondo blanco plateado, respondiendo preguntas sobre la primera película que recuerdan haber visto.
Refieren también estos cinéfilos si lloran en el cine e incluso, algo poco tenido en cuenta, dónde les gusta sentarse en la sala. Y por qué van al cine: "Voy a vivir lo que no puedo vivir".
Hay en el metraje tintes autobiográficos y debates sobre teoría cinematográfica, con un discurso guiado por la voz en off de Desplechin y su colaborador Mathieu Amalric. Está dividida en capítulos, con cortes en saltos temporales.
La fotografía de Noé Bach posee una belleza onírica, a la altura de la elegante banda sonora de Grégoire Hetzel.

Ficción, realidad y la experiencia del espectador
Desplechin se mueve entre las capas de la ficción y la realidad para explorar la fluidez con la que el gran cine, y nuestra participación en él, diluye las fronteras entre ambas. La propia relación de Desplechin con el cine se refleja en la narración de su personaje recurrente, Paul Dédalus.
Dédalus, en alusión al alter ego de James Joyce en "Ulises", es un dispositivo de distanciamiento, un sustituto ficticio del propio director y un hombre común con el que cualquier miembro de la audiencia puede identificarse.
Amalric aparece en las esquinas del marco de Desplechin, brindando una voz en off introductoria y haciendo un cameo en la conclusión de la película; en cambio, Paul es interpretado como un niño (Louis Birman), un adolescente (Milo Machado-Graner), en sus veinte (Sam Chemoul) y en sus treinta (Salif Cissé), en cada edad reflexionando sobre las experiencias personales que habitan en la condición de espectador.
En una de las primeras escenas, Paul, de seis años, y su hermana menor (Flavie Dachi) se estrenan en el cine de la mano de su abuela (Françoise Lebrun) para ver "Fantômas". Tan pronto como comienza la película, el niño queda encandilado por el haz de luz que emana de la cabina de proyección.
En otra, Paul, ya con 14 años viaja a Lille y miente sobre su edad para ver "Gritos y susurros", y Desplechin, al comenzar su escena en la pantalla, hace un paneo hacia el público para capturar la película desde el punto de vista atónito de Paul. Un visionado que cambia la vida de Paul, con aquellos grandes rostros femeninos bergmanianos en la pantalla.
Desplechin y la fotografía Bach le confieren a las escenas y a los escenarios un cálido resplandor ambarino, que trasfiere el romance de ir al cine, y subraya cuán ligados están nuestros recuerdos de experiencias visuales específicas.

Haciendo repaso
Desplechin, a sus 63 años, tiene una buena edad para hacer revisión y retrospección, indagaciones que son importantes en su filmografía. Dédalus, su álter ego, proporciona un hilo conductor. El personaje (interpretado previamente en dos ocasiones por Amalric) se encarna en diferentes edades.
Desplechin nos pone delante a Paul, de 6 años, fascinado por Recuerda (Hitchcock) en el televisor de su familia, sin mencionar Dies irae de Carl Theodore Dreyer, a quien su padre (Jeremy Zylberberg) declara el mejor cineasta de siempre jamás.
Cuando su abuela (Lebrun) lo lleva al cine por vez primera, está tan sugestionado con cuanto le rodea, que se queda mirando la luz que sale de la cabina de proyección, confundiéndolo con lo que hay en la pantalla; y por supuesto se enoja cuando su hermana (Dachi), quiere marcharse a toda prisa, aterrorizada por Fantômas.
El adolescente Paul (Machado-Graner), dirige un club de cine en la escuela. Como proyeccionista, es una especie de mago que evoca mundos nuevos, incluso aunque no los conozca. Cuando va a visionar Gritos y susurros; la taquillera le advierte: "¡Te vas a aburrir!"; nada más lejos de la realidad.
Para el joven adulto (Chemoul), admirador de Francis Ford Coppola, el cine independiente es el lugar ideal; se acompaña de un libro del periodista y guionista americano Ring Lardner y somos testigos un cándido triángulo amoroso con dos amigas (Marilou Poujardieu, Salomé Rose Stein).
Para Paul, interpretado por un aspirante a director por Cissé, un encuentro casual con un cineasta (el narrador Amalric, que aparece en pantalla) es una señal del destino.
Hay también guiños de Desplechin al pasado incluyendo homenajes a figuras fallecidas que admiraba: la actriz Misty Upham, a quien compara con Marilyn Monroe, y el cineasta Claude Lanzmann, a quien coloca a nivel de Picasso por su reinvención del medio.
Pero el corazón de esta obra se resume en el apasionado testimonio de una preadolescente. Experta en West Side Story que antes de ver el remake de Spielberg, se sorprendió al descubrir que la película no solo la conmovió, sino que le cambió la vida.

Cerrando
La película sigue a Paul Dédalus (al propio director), desde su infancia hasta convertirse en cineasta. Se articula como un viaje emocional y filosófico por su vida a través de sus recuerdos y descubrimientos cinematográficos.
Encuentros con grandes obras como Gritos y susurros de Bergman o Los cuatrocientos golpes de Truffaut, construyen una narrativa que celebra el acto de mirar cine como experiencia transformadora y como acto de resistencia.
Entre sus características principales cabe señalar que es una película que fusiona géneros, combinando ensayo, documental y ficción, como una colección de estampas que forman un retrato íntimo del espectador apasionado.
Es una narración personal y universal donde su director Desplechin utiliza su personaje para reflexionar sobre el cine como arte, memoria y como firmeza cultural. Estilo visual libre inspirada por el movimiento de cámara en Melancolía de Lars von Trier.
Hay que señalar también que contiene fragmentos de 55 películas, incluyendo escenas de clásicos y éxitos comerciales.
Si eres amante del cine, “Cinéfilos” te hará reflexionar sobre tu historia como espectador y te recordará por qué las salas oscuras siguen siendo espacios mágicos.
LOS CINÉFILOS (2013). Webserie peruana que narra las fantasías y vicisitudes de dos amantes del cine, Manuel y Guillermo. En cada capítulo, con sus debates y discusiones, nos demuestran lo lejos que puede llegar el amor hacia el séptimo arte.
Dirección y guion de Gonzalo Ladines y Bruno Alvarado, y protagonizada por Guillermo Castañeda y Manuel Gold, esta serie planteó sketches donde los protagonistas que le dan nombre a la historia se meten en líos por la terquedad al defender sus gustos.

Ladines, cineasta y guionista radicado en España desde hace unos meses, es quien precisamente recordó en redes sociales la fecha redonda del estreno del primer episodio, dedicado a James Cameron. Diez años después, Ladines declaró:
“Fue una comedia diferente. Tal vez más juvenil y nos dimos cuenta que había un grupo grande de cinéfilos, una comunidad que estaba esperando que alguien se comunicara con su tipo de lenguaje. Ahora, nosotros nos burlábamos un poco de los cinéfilos”.
Interesante, con un reparto con Guillermo Castañeda y Manuel Gold, música de Karin Zielinski y fotografía de Omar Quezada, es una producción interesante.
CINÉFILOS A LA INTEMPERIE (2005). En los primeros tramos de este documental de Carlos O. García y Alfredo Slavutzky, el artista Jorge Acha lanza una frase sugestiva para iniciar su obra: “el cinéfilo es como un contador de sueños; el cine es sueño”.
Una concepción que ilumina una posible de lectura del relato a partir de una lógica que hace de lo onírico un principio básico y, por lo tanto, el modo de percibir la cinta debe ser diferente.
Hay en la cinta un sueño contado en manera poética, a modo de obsesión, o como se dice en psicoanálisis, como repetición incesante de lo mismo (“compulsión de repetición”).
Vemos entrevistas a críticos, escritores, artistas y comentaristas argentinos de cine. Realizadas entre 1989-1990 y montadas en 2005. Los entrevistados hablan sobre los viejos cines de barrio, las distintas maneras de acercarse al cine, los directores más subrayados, las transformaciones en el visionado, la liviandad, y las características de la cinefilia.

Se trata un filme inasible. Por un lado, varios de sus protagonistas murieron o desaparecieron de la luz pública. Pero, sobre todo, da toda la impresión de ser una película para una minoría. Un filme documental sobre el estado de la cinefilia argentina a finales del siglo XX. Un tema poco apasionante, pero de enorme calado.
Se trata de un documental (los personajes hablan de su infancia en el cine, de sus directores preferidos, de sus rutinas y de sus obsesiones). La obra es un juego inteligente planeado por los realizadores. Consiste en simular una serie de entrevistas y dejar que los entrevistados reaccionen frente a la cámara con distintos grados de complicidad, a la vez que se hace la película.

Es decir, elegir localizaciones, plantear un travelling, disponer las figuras en el cuadro, disfrutar del aire libre. Aparecen artistas y pensadores reflexionando y haciendo comentarios entre amables y sarcásticos.
Llama la atención y lo distendidos que están los invitados, como si hablaran desde una burbuja en el más allá, como si quisieran dejar un mensaje cara al futuro. El resultado es muy raro.
La película cobre identidad por la participación de Acha, que interpreta el juego como nadie y produce intervenciones geniales, seriamente jocosas.
Hay una gran melancolía en la película que se transmite abiertamente. Pero también, casi milagrosamente, prevalece otra sensación: la alegría de un juego para muchachos grandes.











