
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Las películas que comento hoy no son meramente de evasión o fuga, son auténticos dramas de personajes que ansían escapar de una realidad tortuosa, difícil y malévola, liberarse de esas cadenas de tormento..
Me voy a referir a: El expreso de medianoche (1978), de A. Parker; y La gran evasión (1963), de Sturges.
EL EXPRESO DE MEDIANOCHE (1978). Dirige esta película Alan Parker, un director irregular que tiene en este film la principal y más dramática obra de su carrera. La trama se conduce por un inmejorable guión de Oliver Stone, basado en la biografía del protagonista real de la historia, Billy Hayes.
William «Billy» Hayes (1948) es un escritor, actor y director de cine neoyorquino, conocido por su libro autobiográfico Midnight Express, donde narra sus experiencias y su evasión de una prisión en Turquía tras una condena por contrabando de hachís.
Cuenta la película con una música de las buenas de Giorgio Moroder y una gran fotografía de Michael Seresin.
En lo que toca al reparto, está la figura principal del protagonista Brad Davis, que hace un papel enteramente trágico, con expresión de múltiples tonalidades emocionales, que sustenta sobre sus espaldas el grueso de la película.

Colaboran en el reparto de manera brillante actores y actrices como John Hurt (muy bueno), Bo Hopkins, Irene Miracle, Randy Quaid, Paolo Bonacelli o Mike Kellin (estupendo).
La sinopsis del filme narra la desventura de Billy Hayes (Davis), un veinteañero norteamericano detenido en el aeropuerto de Estambul con hachís. Este delito, considerado de muy grave en Turquía, le valió una condena de cuatro años de cárcel, que luego habría de agravarse a cadena perpetua.
La prisión será para el joven un auténtico infierno donde sufrirá todo tipo de vejaciones y calamidades, lo propio de un sistema carcelario brutal e inhumano.
Es una película dura que refleja la funesta experiencia carcelaria del joven, contada magistralmente por Alan Parker, que cuenta las penalidades del verdadero Billy Hayes, quien soportó durante varios años una infernal prisión turca.
Desde el principio ya se puede ver de manera verídica y creíble las crudas imágenes de descalabro y ansiedad con que se enfrenta el personaje, las mismas sensaciones que experimentaríamos cualquiera de nosotros si nos encontrásemos en semejante situación. Es decir, la película conecta con el espectador, que siente la zozobra del personaje.

El filme tiene características documentales, a modo de denuncia, y de hecho tuvo incluso repercusiones en el gobierno turco a fin de lograr acuerdos formales con EE. UU. para el intercambio de prisioneros. Aunque en este sentido, el protagonista real Hayes declaró de que él nunca había querido sembrar mala prensa o mala opinión sobre el pueblo turco, a quien respetaba y bien consideraba.
Declaraciones que me parecen ajustadas, pues no caben las generalizaciones y no creo que nadie equilibrado piense que una determinada cultura o población pueda ser calificada negativamente en términos generales (esto serían «prejuicios»).
El caso es que Billy Hayes sobrevivió a las extremas condiciones carcelarias a las que fue sometido. Esto me trae a la memoria a un psiquiatra y psicólogo eminente, el vienés Victor Emili
Frankl (1905-1997), que sobrevivió a cuatro campos de exterminio nazis y acabó mencionando al filósofo Friederich Nietszche: «Aquellos que tienen un porqué para vivir, pese a la adversidad, resistirán».
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LA GRAN EVASIÓN (1963). Esta película se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en un campo de concentración nazi donde son agrupados unos oficiales ingleses y norteamericanos conocidos por sus reiterados intentos de huida. De esta manera, los germanos, como dice un jefe militar, colocan todas las manzanas podridas en el mismo cesto, en el mismo campo de prisioneros: Stalg Luft III.
Nada más entrar, los reclusos ya comienzan a organizar una fuga en la que se verán implicados doscientos cincuenta presos. Para ello deben excavar tres túneles. Es una cinta que se pasa volando por el tenso ritmo y las ocurrencias para huir a toda costa.
Entre estas huidas, la primera de ellas fracasa, y sus dos organizadores, el capitán de la USAAF Virgil Hilts (Steve McQueen) y el oficial de vuelo de la RAF Archibald Ives (Angus Lennie) son encerrados en “la nevera”, una celda especial de aislamiento.

Cuando tres estadounidenses están celebrando el Día de la Independencia de los Estados Unidos junto con los demás prisioneros (la mayoría británicos), los guardias descubren el primer túnel, luego el segundo. Uno de los prisioneros, hace un intento un desesperado de escapar delante de las torretas de los guardias y los guardias lo abaten a tiros.
A partir de este punto, todos los esfuerzos se polarizan en la segunda evasión: excavar un nuevo túnel, vigilar las entradas de los barracones en los que están trabajando, conseguir materiales de contrabando, etc. Y completan la última parte del tercer túnel, pero por un error de cálculo, faltan seis metros hasta los árboles que tendrán que recorrer arriesgando sus vidas a campo descubierto.
Setenta y seis prisioneros consiguen escapar antes de que los guardias descubran el túnel, si bien son pocos los que realmente logran escapar de las garras nazis.
Es una película muy bien dirigida por John Sturges que hace una filme muy entretenido y emocionante, con un guion de James Clavell y W.R. Burnett basado en novela de Paul Brickhill. La música es magnífica y acompaña la tensión junto con una gran fotografía de Daniel L. Fapp.

Película que es ya un clásico, paradigmático y un lujo de ritmo y de progresión dramática; obra maestra en la que una medida puesta en escena subraya tanto la esencia aventurera como los elementos claustrofóbicos de la trama.
Esta obra no habría sido posible sin un reparto de lujo con actores donde destacan algunos como el rebelde y sufrido Steve McQueen –único militar yanqui-, el fuerte pero claustrofóbico Charles Bronson, el genial James Garner que imprime con su papel un endiablado ritmo con sus planes de evasión o unos excelentes Richard Attenborough y James Coburn. Todos en una brillante conjunción actoral.
La película resulta siempre amena, pero los últimos cuarenta y cinco minutos son trepidantes y fabulosos. Hay pocas películas bélicas de evasión tan emocionante y bien llevada como esta obra de Sturges, pues, aunque la fuga puede parecer un tanto desigual en su desarrollo, el director resuelve admirablemente la historia.
Inolvidables escenas como la fuga frenética en moto de parte de Steve McQueen, que ya pasado a los anales de las más célebres del séptimo arte; tampoco hay que olvidar las escenas de Garner y CIA en el tren, el vuelo en la avioneta de pruebas nazi robada por Hendley y Blythe, el remar de Bronson y compaña, o la escena de James Coburn leyendo el periódico en una terraza de París camino a España.
El final de la peli nos muestra a Hilts (Steve McQueen) que vuelve al campo y a va directo a “la nevera” de nuevo. Allí, saca su guante de béisbol y su pelota, y la lanza contra la pared. El guardia se gira para oír el familiar sonido de la pelota rebotando contra la pared.

Y como sabemos, la película es en gran medida un homenaje a los más de cincuenta oficiales tiroteados a sangre fría por sus captores tras el intento de huida, como represalia y por orden expresa de Hitler, con el mayor Roger Bushell al frente de ese pelotón. Tras la guerra se condenó, a diversas penas, a los participantes de los fusilamientos.
Hay un documental que cuenta los secretos de aquella monumental escapada. Los soldados aliados lograron huir del campo de prisioneros de guerra Stalag Luft III, situado en la actual Polonia, tras, efectivamente, excavar en secreto tres túneles de los que sólo se pudo utilizar uno. El Stalag Luft III era un campo de prisioneros alemán gestionado por la Lufwaffe en el que había alrededor de 2.500 oficiales de la RAF y cerca de 7.500 de la USAF, y otros pilotos de diversas naciones aliadas, llegando a tener 10.494 entre oficiales y suboficiales.
En el Diario ABC de 17 de Noviembre de 2012 se describe que Paul Brickhill, autor del libro en el que está inspirada la cinta, fue un piloto derribado en Túnez y trasladado a aquel campo, por lo que vivió esta aventura que el cine ha hecho célebre. E incluso el túnel por el que se fugaron los prisioneros ha permanecido intacto durante casi 70 años y con él los últimos secretos de la interesante historia de esta fuga.
Así pues, tras la película existe una historia real, una realidad dramática, como dramática fue la más cruenta y fatal guerra en la Historia de la humanidad.
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