
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Esta entrega sirve para recordar a uno de los grandes dibujantes del cómic español, Manuel Vázquez Gallego, nacido en Madrid en 1930 y fallecido en Barcelona en 1995.
Aún recuerdo en mi infancia las viñetas sobre La familia Cebolleta o Anacleto agente secreto, y por supuesto, Las hermanas Gilda. Hay que reconocer el tremendo humor de aquellos pobres personajes de casi postguerra.

Ángel Síseñor y los mencionados, tenían mucho fondo e incluso dramatismo. Por ejemplo, el nombre de las hermanas Gilda deriva de la famosa y prohibida película “Gilda” (1946), de Charles Vidor, con Rita Hayworth y Glenn Ford.
Era la época en que se compraban tebeos por 2,50 pesetas y los más caros un duro, o sea cinco pesetas. Época en la que triunfan los tebeos de la editorial Bruguera, que se caracterizaban por contar historias conflictuales en las que, como era característico en aquella época, abundaban las agresiones físicas.
EL GRAN VÁZQUEZ (2010). Vázquez (Manuel Vázquez Gallego), es un personaje controvertido, bohemio, holgazán, mujeriego y polígamo, caradura a más no poder, con acreedores persiguiéndolo, dando sablazos por doquier, personaje políticamente incorrecto, molesto para mucha gente, y que siempre entregaba los encargos de sus dibujos a destiempo e incluso con engaños para que le adelantaran dinero.
Un personaje que se hace simpático por ser calamitoso y vividor en aquella España franquista donde lo que privaba eran el “orden” y la “disciplina”. Claro que uno no querría tenerlo de vecino.
Esta película está excelentemente dirigida por Óscar Aibar y conducido por un guión del propio Aibar que sabe ir a la sustancia del personaje Vázquez en toda su cruda realidad de poco menos que sinvergüenza.
Óscar Aybar trabajó duro para confeccionar el guión, un guionista de historietas cómicas y llegó a conocer al personaje en la revista Makoki, donde trabajaron juntos una temporada; y luego indagó y entrevistó a amigos y familiares durante dos años, hasta hacer el filme que es una muestra cabal del personaje y de cómo se trabajaba en la antigua editorial Bruguera.

Y quién mejor para interpretar a este personaje que Santiago Segura, un Segura que también era conocedor y fan de la obra de Vázquez y que borda el papel: está convincente como el Vázquez timador, mangante, heterodoxo y cuanto se pueda imaginar.
También hacen grandes papeles Álex Angulo como el constreñido y metódico Peláez, o Enrique Villén que interpreta al editor Rafael González, un hombre con fama de persona dura pero con buen fondo, amén de ser admirador de Vázquez.
Sale también el ya mítico Ibáñez, interpretado por Manolo Solo; Jordi Banacolocha interpreta al dibujante de Zipi y Zape o Carpanta, José Escobar. Y Mercé Llorens, que hace el papel de Rosa, una de las mujeres que tuvo Vázquez.
Vázquez campa a sus anchas hasta que en la Editorial Bruguera cambian las cosas con la llegada de Peláez, el nuevo contable, que llega por orden de los dueños debido al alto crecimiento de la empresa. Peláez es la antítesis de Vázquez: hombre ahorrador que sueña con comprarse un SEAT 600 y formar una familia.

Vázquez tiene hijos con unas y con otras, hasta once, es suelto de cuerpo, vago, etc. Y además conoce a Rosa, a quien le apasionan sus aventuras, con la que consigue todo sin pagar nada por ello.
Pues bien, Peláez comienza hacer cambios y pide la cesión de la autoría de los personajes de Vázquez en favor de la editorial. La vida de Vázquez sufrirá un gran cambio cuando es entrevistado en televisión, donde explica la realización de Los cuentos del Tío Vázquez y explica que él cuenta sus propios problemas con los acreedores.
Entonces Peláez, a quien no le gusta ese comportamiento, llama a la policía y logra meterlo en la cárcel. Una vez en la cárcel, Vázquez descubre que sus personajes están siendo dibujados por otros dibujantes y reclama a González que pague la fianza y lo saque de la trena, lo cual hace.
A su vuelta las cosas ya no son como antes y se han colado otras formas de dibujar y otros personajes que desplazan a Vázquez. Tal el caso de las historietas como Mortadelo y Filemón y el botones Sacarino de Ibáñez, y Zipi y Zape o la hambrienta Carpanta de Escobar.

Finalmente, Vázquez, que continúa su errática vida de mujeres, fue de nuevo a la cárcel por bigamia y problemas con la Hacienda, y falleció a los 65 años víctima de una crisis diabética. A propósito de esta vida anárquica y bohemia, alguien le preguntó al director de la cinta, por qué no hizo la película sobre la vida de Ibáñez, más conocido que Vázquez, a lo que respondió el propio Ibáñez diciendo: «nadie vería una película sobre un tipo sentado en una mesa de dibujo durante 60 años».
Subrayo, y parte de esto sale en la película, la macroviñeta de Ibáñez titulada 13, Rue del Percebe que ocupa una página, dividida en viñetas, y que muestra un edificio de apartamentos y la comunidad que lo habita, y en la buhardilla vive Manolo, un pintor que vive acosado por sus acreedores, personaje inspirado en la leyenda de Vázquez.

Destaco también la buena música de Mastretta, que acompaña al pícaro en sus aventuras; la fotografía de Mario Montero y una excelente ambientación de época que a muchos hace sentir nostalgia, que incluye la recreación de la Barcelona de los sesenta y las antiguas oficinas de la editorial Bruguera.
A mí le película me encantó, me resultó agradable de ver, con su humor a veces cáustico, y con la siempre atractiva presencia de un personaje histórico del comic, irreverente, ácrata, díscolo e incorrecto.
ANACLETO: AGENTE SECRETO (2015). En la película se cuenta la historia del detective Anacleto, viudo, y su hijo Adolfo. Adolfo, un joven ennoviado con una médica y trabaja como guarda en la seguridad de unos grandes almacenes.
Es un individuo apático, que fuma marihuana y que incluso no le importa que roben en el establecimiento que lo tiene contratado, con tal de no meterse en bronca con los ladrones. Está pasando un una mala racha, pues su novia lo quiere dejar. El deseo de ella es pertenecer a Médicos Sin Fronteras y viajar a la India. Él no tiene ambiciones, sólo gusta ver TV tirado en el sillón.
Su padre, Anacleto agente secreto, tiene a Vázquez como enemigo, el cual se ha fugado de la cárcel y prometido emprenderla con su hijo Adolfo. Vázquez es, además de la alegoría del dibujante original del personaje de Anacleto y en la realidad un gran vividor; además, digo, en el film es un peligroso criminal. Llegado el momento, Adolfo descubre que su padre es quien es, no un payés dedicado a elaborar embutidos, como él ha creído toda la vida, sino un agente ultra secreto que encarceló a Vázquez treinta años atrás.

Ahora Adolfo tendrá que abandonar su confortable vida y colaborar con su padre, persona con la no se entiende bien, para sobrevivir a la venganza de Vázquez. De paso, entre disparos a discreción, bombas, persecuciones, huidas y otras lindezas, hace un intento final por recuperar a su novia. El final es inesperado.
El director Javier Ruiz Caldera ha sabido montar una obra graciosilla, con las piezas de una comedia extravagante y enloquecida más o menos encajadas, e intentando traducir en la trama a un Anacleto que en poco o nada se parece al del popular cómic de los años sesenta de Vázquez. Aquel Anacleto era un agente de mercadillo para los tebeos de Bruguera, este es más preparado.
Tiene la obra gags y diálogos “graciositos”, pero le faltan ingredientes sustanciales como para ser considerada una auténtica y respetable obra cinematográfica. Hay frases con retruécano, hay alguna sorpresa ingeniosa y briznas de brillante ocurrencia. Una “buddy movie” paternofilial, donde la gran fuente de comicidad es la fricción entre un extraordinario Imanol Arias y un Quim Gutiérrez entregado a su papel.

El guión de Fernando Navarro, Pablo Alén y Breixo Corral es adaptación al cine del cómic de Vázquez, que nada tiene que ver con el personaje original. El Anacleto del cómic era más torpón, surrealista y estrábico que el que nos muestran Ruiz y sus guionistas.
La criatura creada por Vázquez en los años 60 era una parodia del cine de espías a medio camino entre Bond y su réplica el Superagente 86. Sus armas: la probada afición al absurdo, la rapidez en el trazo y, lo mejor, esa capacidad para adivinar las miserias del héroe.
Hay dos aspectos de valor que considero piezas importantes del filme. Por una parte la música de Javier Rodero, que incluye piezas muy conocidas; y la excelente fotografía de Arnau Valls Colomer, que le da enjundia a la obra.
El elenco da la impresión que se ha tomado a chufla el rodaje y es quizá este extremo el que puede hacer más creíble y cómica la trama. Imanol Uribe, está bien como Anacleto. Quim Gutiérrez Álvarez tiene un pase como actor que talla para el humor. Alexandra Jiménez es la novia de Quim. Carlos Areces, además de actor es historietista, bien como Vázquez.

Acompañan con solvencia Berto Romero (cuya presencia en pantalla hace sonreír), Emilio Gutiérrez Caba (que es siempre un valor), Eduardo Gómez y Silvia Abril. Especial mención y felicitación merece en su pequeño papel Rossy de Palma, quien como siempre, está genial en su desternillante versión de amantísima madre inmaculada, en una cena descacharrante, en la que resulta ser ella la delatora del hijo y todo eso.
Y está la «cena de la verdad», cuando se confiesa el triple crimen de la abuela. Hay que acordar que constituye una parte de la película llena de imaginación, malicia y risotada, que vale por sí sola el precio de la entrada.
También está la escena de la lucha karateka con el vibrador o la reacción alérgica de Adolfo a los cacahuetes. Pero la cena narcotizada es para mí la mejor.











