“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hoy tocan algunas películas de amor estrenadas en este verano o casi. Son comedias simpáticas, tiernas, agradables de ver y sin mucho mordiente.

Escribo sobre Viaje al paraíso (2022), de O. Parker; Una historia de amor a la italiana (2021), de P. Genovese; y Licorice Pizza (2021), de P. Thomas.

VIAJE AL PARAÍSO (2022). Trama mil veces repetida pero incluso yo mismo quería ver a George Clooney y Julia Roberts, de 61 y 54 años respectivamente.

Clooney interpreta a David, un hombre próspero de mediana edad que está divorciado de la tratante de arte de alto vuelo, Georgia (Roberts). Eran novios universitarios que se casaron demasiado pronto y se separaron infelizmente después del nacimiento de su única hija.

Lily (Kaitlyn Dever), la hija, tras obtener su grado de abogada se marcha de vacaciones a Bali con su amiga Wren (Billie Lourd), y allí conoce y se enamora del cultivador local de algas Gede (Maxime Bouttier) con el cual desea contraer matrimonio. David y Georgia se horrorizan al recibir la invitación de boda y acuerdan viajar para sabotear ese matrimonio apresurado y salvar a Lily del mismo error que cometieron ellos.

A todo esto, Georgia tiene un enamorado novio, Paul (Lucas Bravo), piloto de líneas regulares que no sólo los lleva a destino, sino que protagoniza las escenas más cómicas del filme.

La dirección del británico Ol Parker es profesional y plana, o sea correcta y poco más, al igual que el guion. Música llevadera de Lorne Balfe y excelente la fotografía y los paisajes de Ole Bratt Birkeland.

Del reparto diré que Clooney se repite y tiene escasa sintonía con una Roberts que tampoco da la talla, aunque, a decir verdad, nunca me ha parecido una actriz de fuste. Acompañan más o menos bien actores y actrices como la joven Kaitlyn Dever, regular; Billie Lourd, pasable; Maxime Bouttier, correcto y guapetón; y muy cómico, Bravo.

Para hacer una obra en condiciones no bastan unos actores de relumbrón que, además, tampoco brillan como la gente espera. De otro, lado la historia está muy vista y sus consecuencias predecibles.

Comedia que apenas da lo que promete y que hay que ir a verla sin esperar nada extraordinario. O podríamos decir: “Comedia de segundas nupcias”, donde parejas divorciadas se reconcilian de nuevo (muy al estilo de “Mamma mía: una y otra vez” (2018), del mismo director.

Parker tendría que haber creado más diálogos interesantes y con cierto calado, con algo más de intriga, más comedia de las buenas y también, haber controlado mejor a Clooney.

Pero, aunque falte acidez e ingenio como comedia romántica, como el ambiente general es afable, amoroso y espumoso, puede que a muchos espectadores les guste y encuentren una razón alegre para celebrar su visionado.

 

UNA HISTORIA DE AMOR ITALIANA (2021). Historia de una dibujante de cómics que tiene la original idea asemejar el mundo de la pareja con el de los superhéroes, un mundo en el que los emparejados, deben enfrentarse a mil y un problemas para mantenerse unidos.

Una noche de lluvia, Anna, dibujante de cómics, conoce a Marco y dan comienzo a una relación. Diez años después siguen juntos, y ella tiene la idea de crear un cómic inspirado en su propia experiencia, lo titula: “Superhéroes”, pues que una pareja mantenga vivo el amor durante tanto tiempo resulta una heroicidad. Cada entrega describirá misiones épicas como luchar contra la tentación de la infidelidad y otros.

Anna (Trinca), amén de dibujante de comics, es una chica vehemente, intuitiva e inconformista. Marco (Borghi), un profesor de Física racionalista, que cree que todo en la vida tiene una explicación (los polos opuestos se atraen).

 

Anna (Trinca) y Marco (Borghi), de alguna manera se complementan y el amor hace el resto. Sobre cómo se mantiene una relación así, ellos se lo preguntan a menudo sin encontrar respuestas definitivas.

Entre los dos, la pericia del libreto y la ligereza de la puesta en escena se van armando diversas formas de amor, separaciones y vueltas que es la vida en común, desde el encuentro fortuito (bonita secuencia de lluvia y paraguas), a los esfuerzos por conocerse, gozarse y soportarse

Almas gemelas en la que el tiempo y el cambio son los adversarios principales. Pero los sentimientos amorosos persisten en un juego donde conviven azar, determinismo y libertad, reflexiones de cómo todos los acontecimientos de la historia cambian el albur en destino.

Hay en el filme mucha creatividad e ingenio visual, con dibujos y animaciones interesantes. Excelente tono verbal: bien dialogada, ponderada y cuidadosa, y sabe equilibrar la gravedad y la chispa.

 

De otro lado habla cautelosamente y con importantes elementos de verdad, sobre el gran problema (matemático) de una pareja, ese uno más uno igual a tres -la maternidad-paternidad-, un asunto que tiene miga en la historia y que se resuelve de manera valiente, en tiempos de narcisismo y fatuidad.

Meritoria la dirección de Paolo Genovese con una obra que entretiene y provoca sentimientos encontrados en el espectador, también le hace pensar en este mundo donde las parejas duran poco con una alta tasa de divorcios y separaciones, sobre las razones de este fenómeno. Pensemos que, según la Psicología, los dos sucesos que más angustia provocan en las personas son: el divorcio y el enfrentamiento con la muerte.

Película que puede ser considerarla comedia romántica que descorazona; o también un drama romántico que permite reír, o sonreír. Peli perspicaz, imaginativa, simpática, y sus dos personajes principales, poseen un enorme encanto que el eficiente Alessandro Borghi y la bonita Jasmina Trinca, extraen con naturalidad, habiendo entre ellos “química”.

La película de Genovese no cae en la trampa de los tópicos ni en las convenciones. Al contar la historia lo hace de un modo en el que los hechos no se narran linealmente, sino que los presenta desordenados en el tiempo, pero ordenados en amor y sentimientos. Un pequeño rompecabezas sencillo de construir, a pesar de su falta de concierto temporal.

Bien hilvanada, bien interpretada, capaz de tocar las teclas del corazón, incluye sonidos de gloria y también los dolorosos; capaz de recorrer los estadios y momentos decisivos por los que pasa una pareja: las dudas, los celos, los amigos, la pasión, los bonitos momentos iniciales, el trabajo, las suspicacias, las heridas y cicatrices del alma que siempre quedan o tener un hijo.

Publicado más extenso en revista ENCADENADOS.

 

LICORICE PIZZA (2021). Un par de excelentes actuaciones por primera vez, de Alana Haim y Cooper Hoffman, impulsan la película más entrañable del director Paul Thomas Anderson hasta el momento, tras “El hilo invisible” (2017), en una vuelta atrás en el tiempo, al sur de California de principios de los 70.

El título (“Licorize Pizza”) evoca una desaparecida cadena de discos de los años setenta, de Los Ángeles.? Anderson explicó: "Si hay dos palabras que me hacen tener una respuesta pavloviana y un recuerdo de ser un niño y correr, son 'regaliz' y 'pizza' [...] Me lleva instantáneamente a esa época". Agregó que las palabras "parecían abarcar la sensación de la película [...] que van bien juntas y tal vez capturan un estado de ánimo”. La obra cuenta la historia de Alana Kane y Gary Valentine, de cómo se conocen, pasan el tiempo juntos y acaban enamorándose en el Valle de San Fernando, en 1973.

Muy interesante el manejo del relato por parte de Anderson con un guion suyo igualmente, en que Cupido ocupa un lugar central. Maravillosa fotografía igualmente de Anderson junto a Michael Bauman.

Sobresalen en el reparto A. Haim y C. Hoffman, ambos mostrando una naturalidad y frescura inusual, más aun debutando ambos en el cine; ella ha hecho, junto a su banda de música familiar, Haim, varios videoclips dirigidos por Anderson, y él es hijo del gran actor ya fallecido, Phillip Seymour Hoffman, quien también estuvo unido al cine de este director (“Sydney”, 1996 o “The Master”, 2012). Y sobresaliendo en sus cortas intervenciones estrellas como Sean Penn, Bradley Cooper o Tom Waits.

Lo que mueve este filme no es el argumento en sí, sino el laberinto deslumbrante de un valle californiano lleno de vida y eros. El espectador se ve inmerso en un jovial delirio amoroso en el que todo es, a la vez que mágico, perfectamente necesario y hasta inocente.

Amor que es física más que química, que es velocidad de cuerpos y fuerza de gravedad. Una velocidad y una fuerza que es la que dispara a la película en varias direcciones, en digresiones narrativas, alimentándose de una vitalidad casi tolondra. 

El amor como movimiento y danza de atracciones y retrocesos, un trabajo serio, una relación de poder que cambia de bando sin avisar, una carrera de fondo hacia ninguna parte que, finalmente, encuentra su meta: el cuerpo que ama.

Cada episodio que Alana y Gary viven refleja un aspecto de la época como la crisis del petróleo; y otros como el mundo del cine o la hipocresía de la política. Pero también hace aportes a un complejo mosaico de sorpresas y decepciones en su relación íntima.

La película triunfa como humanísimo y rendido homenaje a un cine perdido, tal vez imposible en el contexto actual.

En suma, del afectuoso retrato de un amor primero y temprano donde Hoffman está cálido, irónico y a la vez, decidido y perseverante en busca de su amor. La Haim hace gala de un gran encanto. La banda sonora (Jonny Greenwood) es reconocible de los setenta, lo cual es de agradecer, y la película deja un buen sabor de boca.