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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

El cine español siempre se caracterizó por sus excelentes comedias, obras con sarcasmo y mordiente que, en tiempos de la dictadura, tenían que vérselas y sortear con inteligencia la censura. Sin embargo, las comedias de estos días de marzo y abril de 2022, aunque sepan hacer reír un poquito, adolecen de la calidad y la categoría de aquellas grandes películas.

Podrían mencionarse muchos títulos clásicos, pero por no resultar cansador, quisiera recordar algunas comedias españolas consagradas, a cuyo lado, las comedias que he tenido la oportunidad de ver de estreno estos días, quedan en un segundo plano.

Así: Bienvenido Míster Marshal (1953), de Luís García Berlanga; Historias de la radio (1955), de Juan de Orduña; Un ángel pasó por Brooklyn (1958), de Ladislao Vajda; Plácido (1962), de García Berlanga; El cochecito (1960), de Marco Ferreri; Atraco a las tres (1962), de José María Forqué; Del rosa al amarillo (1963), de Manuel Summers; El puente (1977), de Juan Antonio Bardem; Pepi, Luci, Bon y otras chicas del montón (1980), de Pedro Almodóvar; Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), de Pedro Almodóvar; Amanece que no es poco (1988), de José Luís Cuerda; Belle Époque (1992), de Fernando Trueba. Y habría más. Prometo algún día escribir sobre esta temática.

Mi parecer es que hacer comedia en cine es muy difícil, pues es un género que debe tener un humor fino e inteligente, que provoque la risa o la sonrisa, que sepa profundizar en el espíritu de los personajes, con su pizca de sátira, final feliz y una buena sensación en el paladar al acabar la función. De modo que, siendo un prolífico y popular género, a veces la calidad deja que desear.

Hablaré hoy de tres estrenos, los tres de aprobadillo, aunque sirvan para pasar un ratito agradable. Canallas (2022), de D. Guzmán; Camera Café, la película (2022), de E. Sevilla; y, El mundo es vuestro (2022), de A. Sánchez.

CANALLAS (2022). Pasados veinte años, tres sinvergüenzas de barrio se encuentran de nuevo. Brujo y Luismi siguen sin oficio, aunque tienen alguna paguilla o beneficio. Joaquín dice haberse convertido en un importante empresario. Son gente muy pasada la cuarentena y aún siguen viviendo en sus casas paternas.

Pero las deudas acucian y se ponen de acuerdo para dar algún golpe y sacarse un buen dinero, sobre todo si hay que evitar un desahucio. Los tres amigos se meten en una aventura a la desesperada, lo cual que arrastran a la familia de Joaquín casi a la ruina.

El director Daniel Guzmán acomete en su segundo largo una comedia inclasificable con un guion suyo también, una obrita menor después de “A cambio de nada” (2015) -aquella era mejorcita. En esta, como escribió nuestro poeta José Hierro: “todo ha sido nada”; o casi nada. Hasta aquí llega Guzmán… por ahora.

Su autor dice que lo que ha pretendido es "reírse, pasárselo bien" con los suyos de antes, los de la adolescencia de motos ruidosas y de discotecas de garrafón. Añade que lo hizo para “huir de toda fórmula aprendida”, y se nota.

 

Tiene como principales pilares a los actores y actrices. Están Joaquín González, que se interpreta a sí mismo, el propio Guzmán -que ha querido estar en todas partes; y el Luisito Tosar que anda en todas las pomadas últimamente, incluido el buen thriller de “Código emperador”, un todo terreno, vaya.

Pero a mí quienes más han gustado han sido Miguel Herrán, Esther Álvarez, Brenda González y Chema González, y para añadir picantito, la insólita presencia de Jacinto, el pretendiente de la madre, al que le confiere una superlativa gracia y vida de extrarradio un excelente Víctor Ruiz.

Si algo hubiera que celebrar de la peli sería lo descriptivo, amén de una introducción cuasi quinqui (los protagonistas de jóvenes que ya anuncian qué será de sus vidas en el futuro), un argumento de puro canalleo, donde vemos y escuchamos a esos “jetas” fabulando y fantaseando en lo ricos que se harán traficando con la auténtica dentadura de Hitler, plan loca la cosa, o sea, lío tras lío. Tiene una pizca de malicia/sin malicia, picaresca a tope, inocente/salvaje, trama contradictoria y “profundamente atribulada”, según Rodríguez.

La película tiene un punto de frescor y sabe arrancar alguna risotada al espectador, una cinta coral bien llevada en cuanto a humor grueso y a alegrar un poco tanta subida de los carburantes, la luz y etcétera.

La película da lo que se espera de ella, una gamberrada para pasar el rato sin mayores dificultades; peca de conformista, no yendo más allá, con un humor ramplón y algunos de sus mejores chistes desvelados en el tráiler, lo cual puede mover a decepción.

 

CAMERA CAFÉ, LA PELÍCULA (2022). Comedia basada en la serie de TV Camera café (2005-2009). Cinco temporadas, más quinientos episodios de gran éxito, procedente ello una serie francesa del mismo nombre y estilo.

Esta serie original para TV tenía escenario único, cámara fija, se desconocía todo de los personajes más allá del entorno de trabajo, los protagonistas actuaban coralmente y los capítulos eran breves. Es obvio que esto no se puede trasladar al formato del cine. Luego, lo primero que asume el filme es romper esas reglas para desanclar la cámara (tras unos primeros planos idénticos) con un movimiento que recorre el decorado y muestra la oficina, cosa que en TV no conocíamos.

De manea que no es fácil llevar esta obra al cine, pues la dinámica de la mítica serie televisiva tiene unos patrones claros y estrictos: un grupo de trabajadores de una oficina que se reunían frente a una máquina de café, donde se registraban sus relaciones y sus cotilleos.

Ahora, la película se orienta en otra dirección, aunque permanecen mayormente los personajes de la serie original. Rasgos, gestos y vestuario se mantienen y se sitúa en un punto de partida con el recuerdo nostálgico de lo que fue. Un producto independiente fiel al humor absurdo, como marca de identidad. A cambio se abre el encuadre y otros aspectos, como ahora apunto.

Se focaliza el filme a través del personaje de Quesada (Arturo Valls), que es quien establece el hilo conductor que une los fragmentos humorísticos, para darle un sentido global a la historia.

Quesada, Julián, Marimar, Cañizares, Victoria y compaña, deben afrontar una crisis que presagia el hundimiento de la empresa. Y algo peor, deberá salvarla su nuevo director, que es nada más y nada menos que Quesada, el rey de la vagancia y el escaqueo. De modo que el filme vuelve a la oficina para vivir una aventura con nuevos empleados y viejos conocidos, para que la empresa no vaya al desastre, a costa de lo que sea.

Buena, por decir algo, dirección de Ernesto Sevilla en su debut cinematográfico, acompañado en el libreto por Joaquín Reyes y Miguel Esteban, especialistas todos en manejar sketches e imprimir un sentido del humor alocado.

En el filme el espacio se amplía y la cámara se mueve por la oficina tras los pasos de Quesada y sus afrentas.

Comedia turbulenta, absurda con cierto garbo, el punto justo de nostalgia hacia los personajes y un sugestivo surrealismo.

A la vez que tiene momentos pop memorables, como cuando aparecen Karina o Andy & Lucas; también batallas samuráis con catanas, los bucles temporales o las tartas alucinógenas.

Adecuada fotografía de Enrique Santiago Silguero. Junto a un reparto que en ocasiones repite la TV con aciertos con figuras como Arturo Valls, Carlos Chamarro, Ana maría Milán, Carolina Cerezuela, Joaquín Reyes, Marta Belenuer, Álex O’Dogherty o Esperanza Pedreño, entre otras.

Problemilla: que los gags están lanzados al aire y resultan dispersos para tratarse de una obra con genuina vocación de película. A pesar de eso tiene momentos de inspiración, incluidas las sorpresas musicales de Flipe Melo que, aunque un tanto azarosas, tiene un puntito que gusta.

 

EL MUNDO ES VUESTRO (2022). Un tal Rafi (Alfonso Sánchez), sujeto arruinado, se cuela en una montería de alta alcurnia organizada por una Marquesa, que junta a toda la alta sociedad española para dar gran pelotazo. Dentro está Fali (Alberto López), y juntos, descubrirán que la montería es diferente a lo previsto y que en su seno se está decidiendo el futuro de España.

El actor, guionista, dramaturgo y director Alfonso Sánchez, triunfó hace una década y levantó un proyecto modesto con la descacharrante El mundo es nuestro (2012); vino luego El mundo es suyo (2018), algo más tópica y burda; todo lo cual acaba en esta pedestre cinta, El mundo es vuestro, que cierra la trilogía.

Sánchez retoma a los personajes de Rafi y Fali, interpretados por él mismo y por López, para llevarlos a una nueva aventura directamente inspirada en La escopeta nacional de Berlanga, aunque esta es en todo superior a la que comento. Y se van de montería para cerrar el historial de los compadres, el mejor lugar para disparar contra todo lo que se mueva.

Tiene de bueno la agilidad de comedia alborotada que sabe apuntar en algunos pasajes de manera certera, que hace “pupa”, convirtiéndose por momentitos en un grito iracundo y desesperanzado, hacia la España que nos esta? tocando vivir.

El filme empieza más o menos bien, planteando un encuentro internacional de negocios en la finca del suegro del protagonista, todo ello con las señas de identidad de la pareja cómica. Sin embargo, más allá del jolgorio y el divertimento, en general la cinta afloja conforme avanza.

La cosa está en que te guste este tipo de gracias. Los sevillanos no engañan a nadie con ese humor en parte berlanguiano, pero en peor, como decía, andalusí en exceso, con chistes vulgares y situaciones más bobaliconas que otra cosa.