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Para asombro de mi persona, mi amigo Pepe Falo ya se estaba tomando su café con churros en mi mesa, porque ya había comprendido que los clientes tenían, eso sí, por horas, nuestra mesa, y todos los que parábamos allí, respetábamos los turnos, así me lo dijo una señora, que llegaba siempre a las 9 de la mañana, porque sabía que a esa hora yo ya me marchaba.

Mi amigo, que debió pensar que me gustaba la compañía, se había adelantado, dejaba mi silla libre, y ocupaba mi mesa con un extraño papel gris lleno de churros.

Para colmo, el Bigotes también apareció por la puerta, y así, casi por arte de magia, me vi sentado entre mis dos amigos, los cuales comenzaron un acalorado debate sobre el gobierno de la ciudad.

Para Pepe Falo, el consistorio, como lo llamaba, era una degeneración, donde solo había gente de pluma, no sé bien a qué se refería, y corruptos, sinvergüenzas y ladrones, lo peor que la ciudad había tenido en muchos años, a lo que el Bigotes se opuso, manifestando que al menos ahora se hacía algo.

La cólera se vio enseguida en el rostro del contertulio, que, señalando con el dedo al pecho del Bigotes, lo acuso no solo de facha sinvergüenza, sino que afianzó su postura exigiendo que le explicara por qué.



El Bigote, sin alterarse apenas, le manifestó que por lo menos ahora se habían montado un par de empresas, como Amazon, y otra con un nombre raro. Pero claro, eso eran chiringuitos para los enchufados del alcalde, que hasta había metido a su hermano en una de las empresas.

Por mi parte, poco puesto en política había decidió  no participar, pero me extraño que Pepe Falo dijera aquello, cuando sus dos hijos habían entrado a trabajar hacia poco, uno en Amazon y otro en otra empresa.

Casi susurrando, y con la mayor de la inocencias del mundo, le pregunté, a lo que me respondió con un  rotundo que eran los únicos que habían entrado por merito, una excepción, la suya y la de quince amigos suyos. Encogiendo mis hombros le pregunté si la familia de los políticos no podían trabajar, a lo que me respondió que ni la familia, ni los amigos, ni los allegados, ni los conocidos, ni los conocidos de los conocidos del PP en las empresas que bajo su mandato se instalaran en cualquier parte del país o del extranjero… después de aquello me callé y le dejé que siguiera con su acalorado debate.

Sobre el autor: Paolo Vertemati representa a un personaje ficticio, un extranjero que ha venido a El Puerto de Santa María, y a través de sus capítulos narra a modo novelesco sus sensaciones y experiencias con las tradiciones y la propia idiosincrasia del lugar, con historias entre reales e imaginarias. [Lee aquí los anteriores capítulos]