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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hay películas que provocan la extraña sensación de estar presenciando secuencias y acontecimientos en contextos insólitos, así como un devenir de escenas mareante, de tan confusos e increíbles como son los mundos en que se desarrollan. Incluso apetece que acaben pronto, porque la cosa puede a llegar a resultar incluso desasosegante.

Por esto, he querido titular esta entrega “Mundos ficticios”, referida a películas dispares con aventuras y desventuras que se desenvuelven en entornos y situaciones irreales, próximos a lo onírico, películas que suscitan un enorme interés, atrapando al espectador, que queda definitivamente enganchado al filme hasta su sorprendente final.

Escribiré hoy de tres de estas pelis. La primera es un estreno de éxito titulado Free Guy (2021), de Shawn Levy. Continuaré con una obra original y de culto: El Show de Truman (1998), de Peter Weir. Y acabaré el recorrido de esta semana con otra gran producción que ha pasado ya a los anales del cine, dirigida en este caso por Harold Ramis: Atrapado en el tiempo (1993).

FREE GUY (2021). Los videojuegos son eje central del actual entretenimiento, sobre todo entre niños y jóvenes. Es una manera principal de matar el tiempo, mientras la industria cinematográfica se arrima a ellos para sacar partido. La unión de ambos medios es un hecho incontestable y tiene trazas de crecer exponencialmente, teniendo en cuenta las cifras que se manejan en ambas maneras de distracción.

El director de cine y productor canadiense Shawn Levy es considerado un artesano, una especie de autor para enriquecer la industria de Hollywood. En esta aventura digital que ahora comento se hace notar, sobresale, una cinta donde los personajes secundarios y prescindibles (por ser entre otras de ficción), toman conciencia de su identidad, de sus valores y de sus afectos. Una especie de humanización.

Cierto es que “Free Guy” va a ser definida, con condescendencia, como el Ready Player One, conclusión buenista y tranquilizadora, donde “la realidad es lo único real”, porque es el único sitio donde se puede comer y amar sin trajes hápticos (o virtuales) que valgan. El filme representa la nueva realidad de bytes y confusión que vivimos, que hace difícil diferenciar entre lo que es verídico y lo que no.

En la película que comentaré más abajo (“El show de Truman”), el personaje, cuando navega por un mar artificial se da cuenta de que lo que hay más allá de él es un muro donde choca la fe, donde acaba el engaño o Dios se desvanece. No es azaroso que el Guy, a quien Reynolds dota de gran inocencia y humor en esta cinta, se pregunte también por Dios y piense que la bondad sea una vía para entenderlo.

La cosa es así. Guy (Reynolds) trabaja como cajero de un banco; es un tipo cordial y a la vez solitario, siempre optimista y buscando el lado positivo de las cosas. Incluso cuando es utilizado como rehén durante un atraco a su banco, Guy no pierde el humor y sonríe como si nada ocurriera. Pero un día descubre asombrado que, en realidad, es un personaje secundario de “Free City”, un popular videojuego.

En este juego los jugadores pueden hacer lo que quieran, apuntándose al lado salvaje de la vida: cometer actos criminales sin coto, disparar a diestro y siniestro, y otros similares. Reina al caos absoluto, la desolación y la irracionalidad. En este loco escenario, Guy conoce a Molotovgirl, a quien interpreta la genial Jodie Comer, como psicópata glamurosa.

Entonces hace su aparición el amor y el funcionario bancario despierta de sopetón cuando descubre que es un producto virtual, y llegan la acción y el enredo, con todo encanto y un encadenamiento de efectos visuales apabullantes.

Dirige el cotarro Levy y como él mismo aclara: «”Free Guy” es en gran medida el viaje de un hombre que solo ha existido en un mundo falso y compartimentado y que tiene la candidez y la bondad de espíritu de un inocente (…) Como resultado, la película ofrece ese humor que tanto nos gusta en personajes como este, pero también tenemos a un protagonista con el que es fácil identificarse, un héroe que admiramos, cuyas luchas sentimos visceralmente, y cuyos triunfos finales celebramos con gran pasión».

Es una peli muy entretenida, a ratos tontorrona, que saca el jugo al lenguaje de los videojuegos.

El reparto es muy bueno, eficaz y los actores se entregan totalmente a la causa, especialmente sobresale un Ryan Reynolds que sintoniza con el espectador. Le secundan intérpretes de reparto como la bonita Comer (el amor de Guy), Joe Keery, Lil Rel Howery o Taika Waititi, entre otros. Todos conjuntados y muy bien.

Con una buena música de Christophe Beck y esplendente fotografía de George Richmond, la película es una comedia de acción romántica que entretiene. Está repleta de gags pensados para los amantes de los videojuegos y los superhéroes.

 

EL SHOW DE TRUMAN (1998). Película insólita sobre los Reality Show televisivos (Telerrealidad). El filme cuenta la historia de un individuo corriente e inocentón llamado Truman Burbank, cuya vida ha transcurrido en una pequeña ciudad donde nunca pasa nada. Ha crecido, se ha casado, cada mañana su amante esposa lo despide en la puerta de casa cuando marcha al trabajo, en fin, lo propio. Pero hete aquí que un día se da cuenta por ciertos sucesos anómalos que le hacen sospechar, que algo está ocurriendo, algo que no es normal.

Se percata que todos sus amigos son gente inventada, o sea, que actúan, que son actores dentro de un gran plató constituido por toda la ciudad y que su vida es filmada y emitida de forma continuada a modo del Reality Show más ambicioso jamás imaginado.

El director Peter Weir se hace cargo con inusitada capacidad y un gran nivel, de esta película que deviene en historia a la vez que sorprendente, inquietante. Sin duda su mejor película junto a sus conocidas obras: Gallipoli (1981), Último testigo (1985) o Master and Commander (2003).

Cuenta con un gran guion de Andrew Niccol, uno de los libretos más originales de la década de los noventa, que es algo más que un mero guion. Es, según mi modo de ver, una brillante obra que debería leer como texto cualquier estudiante de cine. Creo que es lo mejor que Niccol ha escrito, dentro de que ha construido otras historias muy originales.

Cuenta además con una banda sonora de Burkhard Dallwitz genial, que convierte los diez últimos minutos en una envolvente y brillante obra de arte, sinfonía de notas incluida y una bella y sugerente fotografía de Peter Biziou.

En el reparto sobresale un Jim Carrey más contenido de lo habitual en él, que hace así una meritoria interpretación del personaje principal. En este filme, se puede decir que vemos al mejor Carrey convertido en un auténtico actorazo.

También a un Ed Harris genial que demuestra su experiencia y su saber, gestionando un personaje que fácilmente se le habría podido ir de las manos y que, en él, resulta creíble y fantástico: el maligno presentador del programa de TV. Acompañan con gran solvencia Laura Linney (excelente), Nolah Emmerich (estupendo) y Natascha McElhone, entre otros excelentes actores de reparto.

Es una película que impacta, lo cual fue aún más evidente en la época de su estreno, cuando estaban en pleno auge los “reality show”. Como dice Boyero: “Muy de vez en cuando, se da el milagro de que a un guionista de raza se le ocurra un argumento insólito, cae en manos de un director de altura y los espectadores podemos disfrutar de lo nunca visto y oído.”

Filme que intenta dar respuesta a la pregunta del millón: ¿qué pasaría si alguien nos dijese que nuestra vida es una farsa, que no es real, que la realidad es otra cosa? Creo que en principio pensaríamos que esa persona no está en sus cabales. En esta película, Jim Carrey descubre por sí mismo que está dentro de la caverna y batallará por salir de ese gran decorado que era su existencia ficticia.

Un bello canto a la libertad por la rebeldía. Una enorme crítica a las vidas artificiales y planificadas al milímetro que la mayoría llevamos, puede que sin saberlo. Alas para volar, ánimo para salir de la rutina, brío para enfrentar los convencionalismos y las mentiras ortopédicas, para derrumbar el itinerario común y tedioso, para dar batalla a la hipocresía.

El cine, al modo de la Literatura como escribiera Cesare Pavese: siempre tiene que mostrar algo rompedor. Algo que apele a la rebeldía interior”. En mi caso, el del espectador, al salir de ver la peli sentí la actitud rebelde de salir del decorado, del artificio, de esa terrible convención que nos preside y nos recorta por igual.

Más extenso en revista la Encadenados.

 

ATRAPADO EN EL TIEMPO (1993). Interesante película dirigida magistralmente por Harold Ramis, con gran guion de Danny Rubin y el propio Ramis basado en una historia de Danny Rubin, estupenda música de George Fenton, y gran fotografía de John Bailey.

Phil es el hombre del tiempo en una cadena de televisión y, como cada año, asiste a Punxstawnwey, para dar cobertura del Día de la Marmota, donde el tal animal, sacado de su hibernación, predice el tiempo que va a hacer ese año.

En el viaje de regreso, Phil y su equipo se ven sorprendidos por una tormenta que los obliga a regresar a la pequeña ciudad. A la mañana siguiente, al despertarse, Phil comprueba atónito que comienza otra vez el Día de la Marmota. Lo cual ocurrirá día tras día, sin fin, siempre el mismo día, la misma música al despertar, los mismos encuentros, todas las rutinas idénticas y la jornada un calco de la anterior.

En las interpretaciones son sobresalientes sobre todo un genial Bill Murray y la bonita Andie McDowel. Él es uno es un agrio presentador de TV y ella la ayudante de producción, y un tercer personaje es el cámara.

Phil ha quedado atrapado en el mismo día una y mil veces, una maldición, un elemento para la reflexión del espectador. Pero hay que salir del maleficio de esta condena a la rutina, de ese día eterno y tedioso en que a veces vivimos, y ello sólo se consigue con esfuerzo, pero sobre todo por medio del amor

Gran mensaje ¡Viva la vida, viva el amor! No se la pierdan.

Más extenso en revista la Encadenados.

 

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