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El pasado sábado 18 de septiembre falleció Mario Camus a los 86 años. Su trayectoria ha brillado con luz propia en el cine español de los últimos sesenta años.

Camus, natural de Santander, fue un director sólido y con estilo propio, que ha sobresalido adaptando obras narrativas españolas. La filmografía de nuestro director no se entendería sin conocer su pasión por la literatura castellana de los años 50 y las figuras de Cela, Delibes o Fernández Santos. Gran parte del gran público ha conocido las novelas de estos escritores gracias a sus filmes.

Camus comenzó su carrera artística como escritor, con un premio de novela corta. Pero no tarda en abandonar la literatura porque, como él dijo en una charla: “los escritores no ganaban nada”.

Se formó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid. Cuando finalizó, él mismo señaló que tuvo suerte porque iba de “incógnito”: “Todo el mundo pensaba que era escritor e irrumpí en Madrid de forma solapada, sin que nadie se diera cuenta”.

Camus definió el cine como “un oficio donde hay artesanías tan diferentes como que van desde la peluquería a los efectos especiales”. A lo largo de su carrera admitió su gran “dependencia” de la cuestión económica y afirmó que ser director no era oficio para engreídos: “Si eres un cantamañanas o un vanidoso, vete a otra profesión”.

Nuestro director formó parte de la generación del “nuevo cine español”, junto a Carlos Saura, Martín Patino, Miguel Picazo, Julio Diamante o José Luis Borau. Sus influencias cinematográficas venían del cine de las décadas de los años 30, 40, 50 y 60 (Billy Wilder, William Wyler o John Ford).

En el plano literario reconoce el influjo de novelistas como W. Faulkner, Hemingway, Dos Passos, Fitzgerald o los españoles Ignacio Aldecoa, Caballero Bonald, Martín Gaite, Ferlosio, Cela, nacidos en los años 20. En poesía la obra de Ángel González o José Agustín Goytisolo; y en el teatro, Lauro Olmo o José María Rodríguez Méndez.

Haré ahora un breve recorrido por su filmografía y para ello, sigo el esquema de mi colega Javier Herreros: nos conduce, no por la cronología de sus obras, sino por los períodos de la historia de España que aparecen en sus películas y series. Al modo de Galdós y Barea, Camus profundiza en los acontecimientos históricos que han ido marcando a España como país, una memoria necesaria para conocer la identidad española y su devenir histórico.

La Guerra de la Independencia (1808-1814) fue tratada por Camus en la serie televisiva “Los desastres de la guerra” (1983), con guion de Jorge Semprún, Rafael Azcona y Eduardo Chamorro. El hilo conductor es la colección de grabados de Goya del mismo título y narra el enfrentamiento entre las tropas napoleónicas y los españoles durante la guerra de la Independencia (1808-1814); Francisco Rabal haría de Goya.

La franja que va de 1869 a 1875 (Monarquía de Amadeo de Saboya, I República e inicio de la Restauración) se recoge en “Fortunata y Jacinta”, basada en la conocida novela de Benito Pérez Galdós (1887).

De 1907 a 1939 (Monarquía de Alfonso XIII, Guerra de Marruecos, Dictadura de Primo de Rivera, II República y Guerra Civil) es un período que podemos ver en “La forja de un rebelde” (TV) (1990), adaptación de la trilogía narrativa autobiográfica de Arturo Barea, escrita entre 1938-1945.

La durísima posguerra se recoge en la gran película “La colmena” (1982), adaptación de la novela homónima de Camilo José de Cela.

La resistencia guerrillera a la dictadura franquista (maquis) fue la temática de “Los días del pasado” (1977), con Pepa Flores y Antonio Gades.

El despotismo de los terratenientes hacia los campesinos se refleja en “Los santos inocentes” (1984), basada en la novela del gran escritor vallisoletano, Miguel Delibes.

La Transición democrática (1975-1978), el terrorismo de ETA y los GAL durante los años 80 se plasmaron en “Sombras en una batalla” (1993) y “La playa de los galgos” (2002).

La caída del muro de Berlín (1989) y la caída del bloque comunista inspiran “Después del sueño” (1992), mientras que el consumismo de la sociedad contemporánea encuentra su reflejo en “Adosados” (1996).

La última película de Camus, “El prado de las estrellas” (2007) aborda varios temas de actualidad: la incertidumbre vital de los jóvenes, el confinamiento de personas mayores en residencias o el urbanismo feroz que no respeta la naturaleza.

No quiero olvidar que también trabajó en una serie muy popular en su momento: “Curro Jiménez” (1976), con Sancho Gracia como protagonista.

La estética de Mario Camus es realista y realistas son la mayor parte de textos literarios sobre los que ha trabajado. Pero su cine no es mera reproducción de la obra literaria, sino que existe un aliento poético original suyo en sus películas. Su capacidad para escuchar el ritmo de las palabras y transformarlas en imágenes, le convirtieron en el adaptador oficial de la novela al cine, repasar su filmografía es similar a una clase de literatura española.

Hace apenas dos años, Camus contaba en unos encuentros en El Escorial que llevaba “con esfuerzo” una vida normal. “Porque estoy solo”, añadía. Desde que murió su mujer, confesó que su vida consistía en salir a comprar el pan, leer los periódicos y “ver el cine o los deportes por TV”.

Cuando en 2011 le otorgaron el Goya de Honor, le costaba hablar de sí mismo, se cobijaba en su timidez “enfermiza” y se sacudía las entrevistas como podía, a base de frases breves, convencido de que, en el cine, el protagonista no es más que el propio cine.

Para este homenaje he seleccionado cuatro de sus películas que paso a comentar y que, por orden cronológico, desde las más recientes a la más antigua son: Los santos inocentes (1984); La colmena (1982); Fortunata y Jacinta (1980); y Los días del pasado (1977).

LOS SANTOS INOCENTES (1984). Estamos en la España franquista, década de los sesenta. Una familia campesina vive pobremente en un cortijo extremeño bajo el dominio del terrateniente. Su vida se reduce a obedecer y pasar penalidades. Su destino está marcado, salvo que ocurra algo que les permita romper sus cadenas.

Las humillaciones de estos jornaleros simbolizan las injusticias cometidas sobre la población pobre en el conjunto de España, durante la dictadura. Lo cual proporcionó a Camus la materia para construir una auténtica joya del cine español. Está basada en la novela homónima de Delibes escrita en 1981, que es también una obra literaria cumbre.

 

Paco, Regula, sus cuatro hijos con la Niña Chica y Azarías se convirtieron en la mirada sin pliegues de Camus en una especie de espejo cruel y naturalista. Camus captura la dureza y también la riqueza que caracteriza las vidas de estos obreros rurales.

El filme presenta a estas personas de una manera gradual y fascinante, sin enfatizar demasiado las formas reprobables en que son tratadas, tratando lenta y cuidadosamente los acontecimientos de la historia.

La novela ha quedado ya indefectiblemente unida a la película que es sin duda exp5resión máxima de un cine que es también compromiso moral, un cine que define a la perfección el sentido del oficio, del pudor y del deber (Mención especial Festival de Cannes). Pocos directores tan transparentes, tan claros y tan cabales.

 

LA COLMENA (1982). En la novela y en la película los acontecimientos se suceden en el Madrid de 1942, durante tres días, que ni siquiera son correlativos en el tiempo. Plena posguerra.

Camus recorta mucho y selecciona dentro del inmenso conjunto de personajes y situaciones que abarca la novela de Cela. En el filme, apenas aparecen unas decenas de los más de trescientos personajes de la obra.

Predomina la clase media baja y la pequeña burguesía venida a menos. Gentes en una situación difícil, inestable, con un futuro incierto y que viven viéndolas venir, “a salto de mata”. Sus aspiraciones e ilusiones son falaces. Sus miradas «jamás descubren horizontes nuevos», y su vida es una «mañana eternamente repetida» transitando por «caminos inciertos» (Cela).

Fiel al espíritu de la novela, Camus consiguió una genial película costumbrista, con una magnífica ambientación. Un cine ponderado, minucioso, de precisa puesta en escena, realizado con maestría soberbia y una depurada técnica.

Es muy importante el elenco actoral extenso y de excelencia donde todos, actores y actrices, hacen papeles memorables que ya quedan en el recuerdo del buen cinéfilo.

La obra de Camus obtuvo nada menos que el León de Oro del Festival de Cine Internacional de Berlín en 1983.

Una colmena de personajes cuyo epicentro es el café de Doña Rosa. No sólo se describe la pobreza de los clientes hasta para tomarse un mísero café, sino también retrata la situación extrema y paupérrima del momento. Como dijo Dámaso Alonso de la época: «Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres».

Narra con descarnado humor la situación política y social de la época. Soberbio y preciso documento histórico, como lo es la novela de Cela.

Más extenso en la revista Encadenados.

FORTUNATA Y JACINTA (Serie TV) (1980). Miniserie de TV de 10 episodios, adaptación de la conocida novela de Benito Pérez Galdós del mismo título. La historia se desarrolla entre 1865 y 1876. Juan, hijo único de la rica familia Santa Cruz, conoce a Fortunata, una muchacha de origen humilde. Surge un amor apasionado entre ambos.

Sin embargo, la madre de Juan decide casarlo con su sobrina Jacinta. Tras la luna de miel, Jacinta, mujer a favor de la beneficencia, se inquieta por no quedar encinta. En tanto, Fortunata se casa con un joven. Con el tiempo, Juan y Fortunata acabarán encontrándose.

 

El profesor y ensayista Francisco Caudet identifica a Jacinta con la burguesía y a Fortunata con el pueblo. Juanito Santa Cruz, perteneciente como Jacinta a las clases acomodadas, juega con una y otra mujer. Estos vaivenes sentimentales ocurren a la par de los sucesos sociopolíticos de esta época decimonónica.

En esta serie de Camus, Ana Belén y Maribel Martín encarnan brillantemente a Fortunata y Jacinta. Magnífica recreación del Madrid del siglo XIX, siguiendo fielmente a Galdós.

 

LOS DÍAS DEL PASADO (1977). Transcurridos seis años tras el fin de la Guerra Civil, Juana, una chica malagueña, viaja a un pueblecito del Norte para ocupar su plaza de maestra; pero había otra finalidad en su viaje.

Al acabar la guerra, su novio Antonio huyó a Argelia. Pero la muchacha sabe que vive refugiado en las montañas con los maquis, y tiene la esperanza de encontrarlo. Cuando llega el rumor de que hay una partida de maquis en las montañas, le pide a Gelín, uno de sus alumnos, que la ayude a encontrarlo. El chico le revela que el grupo de maquis bajará al pueblo en la noche a buscar provisiones.

La resistencia guerrillera de los maquis en el norte de España durante los años 40 y 50, fue la temática de esta cinta, con Pepa Flores de maestra y Antonio Gades de luchador antifascista.

Excelente Camus contando el desgarro amoroso y la desesperanza, como claves narrativas, y poso amargo que retrata personajes muy convincentes. La cámara acompaña a los protagonistas sin ornamentos ni afectación. Película íntima y una preciosa y trágica historia de amor.

 

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