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Están proyectando en nuestras salas de cine películas siniestras de terror, de animación y muchas de acción. Es lo que hay. Gran parte de lo que resta de estrenos lo he ido comentando en esta página.

Por lo tanto, hoy toca acción y quiero hablar de dos filmes de acción intensa. La primera tiene tintes de denuncia social, contra el racismo y los excesos de la policía, me refiero a Shorta: El peso de la ley (2020) de los directores daneses Ølholm y Hviid. La segunda película segrega venganza y también disparos y golpes a gogó; su título es Despierta la furia (2021), de Guy Ritchie. Por sus características particulares, dejo los Fast & Furious para otra entrega.

SHORTA: EL PESO DE LA LEY (2020). Al principio de la película un joven grita desesperadamente que no puede respirar. Es un muchacho de 19 años de nombre Talib Ben Hassi al que acaban de detener unos policías que le aplastan la cara contra el suelo. Es una escena que recuerda las muertes de Eric Garner y George Floyd, que pronunciaron las mismas palabras poco antes de morir a manos de policías blancos en los EE. UU. El movimiento Black Lives Matter adoptó el suceso para protestar contra el racismo de la policía norteamericana.

Los directores Anderrs Ølholm y Frederik Louis Hviid toman esa situación como inicio de un relato que quiere ser a la vez thriller trepidante y denuncia sobre la ferocidad y el racismo de las fuerzas policiales.

Estamos en el Copenhague de la actual Dinamarca, dentro de la cual vive peor que bien una sociedad multicultural, segregada, con muchas tensiones raciales.

El tal joven inmigrante Talib entra en coma tras la dura intervención de las fuerzas de seguridad.

Durante este suceso deplorable e imprevisible, los agentes de policía Mike Andersen (Jakob Lohmann) y Jens Høyer (Simon Sears) hacen ronda en un patrullero, justo en ese día crucial. Han entrado al barrio de Svalegården (barrio de ficción), persiguiendo un coche sospechoso. Al poco Andersen, haciendo gala de su crueldad, arresta a un chico inmigrante, Amos (Tarek Zayat); un muchacho juicioso y tranquilo.

Al anunciarse la muerte de Ben Hassi, el joven brutalmente violentado, no tardan en desatarse explosivos disturbios en el vecindario, que se convierte en un infierno sin opción a ayuda ni salida para los agentes.

Así, abandonados por un mando incapaz de enviarles refuerzos, los policías deberán abrirse paso por un territorio hostil mientras lidian con su prisionero, enfrentándose mientras tanto el uno con el otro, sino también consigo mismos y con una comunidad mucho más compleja de lo que ellos creen: los perseguidores convertidos en presas.

Sirva para aclarar el escenario que Mike es un agente veterano insensibilizado y corrupto por las miserias consustanciales a la profesión, que ejercita su autoridad cargada de prejuicios raciales y religiosos y hace uso de su fuerza física sobre quienes percibe como una amenaza, sobre todo personas de piel oscura. Jens en cambio es un joven idealista honesto pero que, quiera o no, pertenece al mismo sistema infecto que su colega.

Ambos policías pasan la mayor parte del filme dentro de Svalegården con mucha población perteneciente a minorías étnicas y con una alta tasa de criminalidad.

Shorta es una palabra que en árabe significa policía. Con el tal término los inmigrantes daneses se refieren a los polis. Según declaraciones de los directores del filme, esta es una obra de género en deuda con directores como William Friedkin, Sydney Lumet y Walter Hill y sus thrillers descarnados de los años 70 y 80, y con otros como Spike Lee, especialista en relaciones raciales, el crimen urbano o la pobreza, cuyo trabajo rezuma ira, indignación y rebeldía.

Es el primer largometraje conjunto en pantalla grande dirigido por Hviid y Ølholm, una obra que, aun con sus limitaciones, tiene el corte de thriller policial versus pandilleros, que nos mantiene con el corazón en un puño. Es también un ejemplo de las dimensiones que ha alcanzado el cine criminal nórdico en las últimas dos décadas.

En ese trance se producen cambios en los personajes. Uno de los agentes deja de lado sus tendencias racistas para mostrar su lado más sensible; y su compañero descubre cuán difícil es mantener la autoridad legal y moral en circunstancias tan adversas.

Los directores del filme consiguen atractivas acciones de reyertas y persecuciones, a lo cual sacan un gran partido dramático. Deviene la cosa en thriller espi?dico y nervioso, una cinta adrenalínica no exenta de crudeza.

El problema es que, al dedicar un tiempo excesivo a la persecución y la refriega, la historia desatiende el tema de fondo que son las causas y consecuencias del racismo y la violencia corporativa de la policía.

La obra saca un gran partido al intrincado espacio urbano en el que la caza tiene lugar, guiándonos con energía a través de callejones, pasos subterráneos, aparcamientos, edificios y comercios saqueados; todo ello con abundancia de disparos y llamas que crean una atmósfera “noir”.

Shorta tiene un reparto interesante, con actores muy capaces, profesionales y que saben trasladar cierto sentido de complejidad del escenario en que se desenvuelven. Antihéroes que representan la peor cara de los cuerpos de seguridad, reforzado por un fantástico trabajo de puesta en cuestión y estructura dramática. Los agentes Høyer y Andersen, son interpretados por los impecables Jacob Lohmann y Simon Sears, que sirven a modo de catalizadores para una reflexión que, aunque carezca de suficiente hondura, aborda el tema de la creciente escalada de tensión racial en Europa y en los EE. UU.

Encomiable trabajo de planificación que incluye la gestión de espacios y ambientes, excelente montaje de Kristiansen que juega con los contratiempos de manera precisa, y una genial dirección de fotografía de Jacob Møller que retrata de brillantemente la crudeza de los sucesos acentuando exponencialmente la violencia seca y sin artificios.

Cinta dura y brutal que encierra a sus personajes en un diabólico laberinto físico, social y psicológico en el que serán acosados sin piedad.

Más extenso en la revista Encadenados.

DESPIERTA LA FURIA (2021). H. (Statham) aparece para trabajar en una empresa de seguridad. Tienen que hacerles pruebas diversas y debe alcanzar el setenta por ciento de éxito. Y lo hace, es un tirador decente, con una preparación física que pasa el corte y no llama inicialmente la atención de forma especial.

Pero hete aquí que en su primer día de trabajo intentan robar el dinero con un resultado demoledor para los asaltantes. H, lejos de arredrarse baja del vehículo y sorprende a sus compañeros mostrando destrezas de un soldado profesional: el dinero a salvo y media docena de asaltantes abatidos. Sus compañeros anonadados.

Pero H. tiene otras razones para ese trabajo, aparte de proteger el dinero del camión blindado. Pronto quedará claro el verdadero motivo: está buscando un ajuste de cuentas ¡Venganza!

Flashback: Retrocediendo cinco meses en el tiempo, somos testigos de una tragedia que cambió el curso de la antigua vida de H. está con su hijo con quien se dispone a comer alguna cosa cuando lo avisan de algo importante, lo cual que deja al hijo en el auto esperando a que acabe su gestión, que la hace por teléfono.

Un atraco. Un equipo muy profesional disfrazado de trabajadores de la construcción ejecuta un golpe estratégico, detiene el camión fortificado y roba su contenido matando a dos guardias y un par de civiles, entre otros al hijo de H. que habían tumbado en el suelo bocabajo. H queda muy malherido.

La tal banda está compuesta por ex soldados de Afganistán ansiosos de pasar a la acción y ganar dinero, de la mano de su sargento (Donovan) quien en el transcurrir del filme les sugiere otro golpe: el atraco del siglo con la ayuda de un guardia de la empresa de furgones que está de su parte.

Sin nada que perder H., una vez recuperado comienza una persecución implacable dirigida a los asesinos de su hijo. No parece tener nada que perder.

El director Guy Ritchie y el actor Jason Statham han trabajado juntos en varias películas, todas de músculos y de un humor afilado. Vuelven ahora con este filme que es diferente, hay acción, golpes y, en fin, un thriller de puño apretado de cerca de dos horas, donde no hay oportunidad para la frivolidad o la humorada.

Ritchie sabe acoplar trama y montaje, junto con el frenesí de las secuencias violentas y de acción y unos diálogos bien trabajados. Thriller de acción y venganza de una solidez considerable.

La película engancha, porque Statham tiene un enorme carisma ante la cámara, pero la aportación de Ritchie resulta clave, originando la conexión con el espectador.

Con una narración formal impecable, Ritchie, con la ayuda de la fotografía de Alan Stewart, hace uso de las cámaras que se mueven con agilidad y estilo. Música grave, machacona y resultona. Cámara que se desliza con elegancia de un personaje a otro; zooms imposibles.

Y cuando se trata de conocer el origen del personaje H., Ritchie recurre a los flashbacks y va alumbrando un rompecabezas para que el espectador sepa las razones de que un hombre con semejante sangre fría y preciso en el disparo, esté como mero vigilante de seguridad.

En el reparto destaca un Statham que permanece fiel a sus mañas y aptitudes: poco texto, poco gesto y golpear primero. El resto del reparto es muy bueno. Holt McCallany (correcto como Halden “Bullet” Blaire), Josh Harnett (como “Boy Sweat” Dave Hanson) o Scott Eastwood (psicópata traidor Jan: muy bien), entre otros.

Un buen ejemplo dentro del cine policíaco de atracos a furgones blindados, que tienen su recorrido desde los años cuarenta. Película para el lucimiento de Statham y para que Ritchie demuestre sus habilidades tras la cámara.

Muchas escenas de acción trepidante y técnicamente impecables. También algo de oquedad y sin sentido.

Más extenso en la revista Encadenados.

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