Ángel Quintana (Tribuna libre).- El Puerto de Santa María se despierta tras un largo letargo pandémico, sus calles han cobrado la vida que tenía en los veranos más populosos de años atrás y los negocios con el arrojo de los autónomos como emprendedores incansables, auténticos héroes en nuestra sociedad, se arriesgan de nuevo a abrir nuevos locales o negocios sin apenas ayudas y al calor del despegue económico. El Puerto se anima, no queda más que subirse al carro y pedalear fuerte para sacar a la ciudad adelante.

Hombres y mujeres, pequeños empresarios, que tienen que partirse la cara con la lenta burocracia municipal y con la falta de recursos que ralentiza, aún más si cabe, el papeleo agobiante que hace que inaugurar algo se convierta en una yincana de obstáculos en la que nunca atisbas si vas a llegar a la meta o te vas a quedar por el camino. Lo conozco de buena tinta porque tengo amigos que no se rinden y que día tras día para poder comer más o menos dependen de ellos mismos, de su coraje, fuerza y riesgo. Sé que ha habido muchos sectores que han sufrido mucho con la epidemia y lo siguen haciendo: sanitarios, docentes, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, el sector turístico en el sentido amplio del término... pero poca gente se acuerda de ellos más allá de cuando necesitan una reserva, de aquellos que trabajan cuando te diviertes para que tu tiempo libre tenga la calidad que se merece: hosteleros y restauradores.

Cuando se adviene el verano tendemos a trivializarlo todo, se cierra por vacaciones y a los políticos locales del equipo de gobierno les gusta vivir la política en los eventos estivales haciendo parecer que todo funciona a la perfección o que traer conciertos son las únicas medallas que hay que colgarse.



Me llama poderosamente la atención que la falta de presupuestos municipales se contemple con la naturalidad que lo hace el Alcalde. En este sentido, Germán Beardo, es el único culpable de esta situación anómala que vive la ciudad. Un presupuesto sirve para, ente otras cosas, prestar servicios públicos de calidad que todos necesitamos. Con unos presupuestos probablemente el autónomo no tendría que arriesgarse a abrir un local sin licencia municipal y correr el riesgo de recibir un decreto de cierre firmado por el mismo que te engatusa y luego te da el palo porque se podrían contratar técnicos suficientes como para agilizar dichas licencias, con presupuestos se podría impulsar el famoso PEPRICHYE que sin dinero ha nacido prácticamente muerto, con unos presupuestos municipales se podría redactar ya un nuevo PGOU impulsando inversiones y adecuando los usos del suelo al desarrollo futuro de la ciudad, con esos presupuestos se podrían arreglar las calles sin necesidad de un contrato de mantenimiento improvisado y escaso, con presupuestos se podría salvar la diezmada oferta cultural de El Puerto y atraer a mayor cantidad de público que redundaría en nuestros bares y hoteles, con unos presupuestos se podría abordar la optimización de la plantilla de trabajadores municipales que se está literalmente cayendo o solucionar parte de los problemas de la Policía Local, con presupuestos se abrirían ciertos edificios municipales para ser visitados o se restaurarían monumentos como el Hospital de San Juan de Dios y se garantizaría la supervivencia en el futuro del edificio de la plaza de toros y el World Pádel Tour no se nos hubiese escapado, incluso tendríamos socorristas suficientes en nuestras playas por poner algunos ejemplos.

El otro día me senté en unos de esos bares que han tenido que abrir sin el apoyo municipal, sin papeles y sin protección policial por la falta de presupuestos municipales. Pensé que teníamos mucha suerte de tener empresarios como el del bar que con fe ciega invierten y tiran hacia delante. Lo felicité y me sentí orgulloso de ellos y avergonzado de nuestros dirigentes locales.

Pedí una sin y me vino a la cabeza que el Gobierno Municipal de El Puerto es también un producto sin: lo de producto es por su marketing publicitario de vendedores de poca monta y lo de sin porque van sin presupuestos, sin rumbo, sin modelo de ciudad, sin sentido, sin empatía, sin políticas efectivas, sin iniciativa y, dentro de poco, un Gobierno sin  el propio Ayuntamiento que como institución languidece día tras día sin dar respuestas a los ciudadanos.

Opino que si no sirven deberían de dimitir pero como oí decir a una vecina del barrio alto: ¿Y dónde van a ir las criaturitas?

Yo si fuera usted, señor Alcalde, ya me hubiese ido sin hacer ruido si tuviese valentía suficiente pero me temo que en esto último es lo único en lo que usted no es un sin, es un auténtico 0,0.