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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Al igual que François Truffaut o Jean-Luc Godard en Francia, en Dinamarca apareció DOGMA 95, un movimiento rupturista formado por directores daneses que iba contra los cánones establecidos por la industria cinematográfica del momento.

Von Trier, figura principal, declaró en su “voto de castidad” o Manifiesto Dogma 95 las reglas a seguir: “Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad”. No hay, pues, lugar para la ficción, lo que vemos es lo que la cámara capta en ese momento.

Decálogo:

1) Los rodajes tienen que llevarse a cabo en locaciones reales. No se puede decorar ni crear un «set». Si un artículo u objeto es necesario para la historia, se debe buscar una locación donde estén esos objetos.

2) El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que esta sea grabada en el mismo lugar de rodaje).

3) Se rodará cámara en mano. Cualquier movimiento o inmovilidad debido a la mano está permitido. (El rodaje debe tener lugar donde la película tiene lugar).

4) La película tiene que ser en color. Luz especial o artificial no está permitida.

5) Se prohíben los efectos ópticos y los filtros.

6) La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden mostrarse armas ni pueden ocurrir crímenes).

7) Se prohíbe la alienación temporal o espacial. (La película tiene lugar aquí y ahora).

8) No se aceptan películas de género

9) El formato de la película debe ser el Académico de 35mm.

10) El director no debe aparecer en los títulos de crédito.

Consecuencias

Se llegaron a rodar más de 300 obras con tales características. Sin embargo, muchas de ellas no cumplían exactamente las reglas que se debían seguir según el manifiesto.

Algunas de los títulos más importantes fueron: “La tacha azul” (2003) de Natasha Arthy; “Lovers” (1999) de Jean-Marc Barr y Pascal Arnold (no danesa); “En tus manos” (2004) de Anette K. Olesen; “Un hombre de verdad” (2001) de Åke Sandgren; “Kira’s Reason: A love story” (2001) de Ole Christian Madsen; “The King i salive” (El rey está vivo) (2001) de Kristian Levring; “italiano para principiantes” (2000) de Lone Scherfig; “Mifune” (1999) de Søren Kragh-Jacobsen.

El manifiesto Dogma 95 se ha convertido en una fórmula genérica

En 2002 el secretariado del Dogma 95 decidió que “la corriente debía finalizar”: “El manifiesto Dogma 95 se ha convertido en una fórmula genérica, lo cual nunca fue nuestra intención. Como consecuencia de ello detenemos nuestra mediación e interpretación de cómo hacer filmes Dogma y cerramos el Secretariado”.

En su favor hay que decir que el tal movimiento tuvo la valentía de oponerse a la industria estadounidense en plena década de los noventa. Las corrientes buscan cambiar el rumbo de lo existente, y son éstas las que en su conjunto resultan “necesarias para definir nuestra cultura actual”.

Aprovecho para comentar Otra ronda (2020), de un miembro principal del Dogma, Thomas, Vinterberg, que este año consiguió con esta obra un Oscar; también de Vinterberg: Lejos del mundanal ruido (2015); y de Lars von Trier: Celebración (1997); Bailar en la oscuridad (2000); y Los idiotas (1998).

OTRA RONDA (2021). Cuatro profesores de instituto cincuentones se embarcan en un experimento psicológico. La experiencia está basada en las tesis del psiquiatra noruego Finn Skarderud, que sostienen que el cuerpo humano tiene un déficit de alcohol del 0,05%.

Este grupo de hombres en plena crisis de la mediana edad, decide cambiar su vida triste y aburrida entregándose a la bebida. Lo hacen para salir del tedio en que están instalados y también, como parte de un estudio que compruebe los beneficios profesionales y emocionales del consumo de alcohol.

Este es el punto de arranque argumental de Druk (“Otra ronda”) del director Thomas Vinterberg, una tragicomedia etílica que evidencia las deficiencias de la sociedad danesa e incluso de las sociedades occidentales: la soledad, la incomunicación, el individualismo o la ausencia de empatía, todo ello tras las beodas peripecias de este cuarteto de docentes al frente del cual está un Mads Mikkelsen sensacional.

Su director Thomas Vinterberg hace una reflexión de tipo existencialista, una cita de Søren Kierkegaard abre el filme: “la juventud es un sueño / el amor es su contenido”.

El realizador danés de Dogma maneja con destreza recursos como el constante movimiento de la cámara, lo cual hace que la película pase de la comedia de humor a la tragedia para concluir en una celebración de la vida que pasa por asumir las derrotas personales.

Al final, el protagonista explotará contagiado de la alegría de la celebración final con sus alumnos. La descarga se adueña de su espíritu y bailará una danza extrema que le liberará de todas sus cadenas mentales.

Más extenso en la revista Encadenados.

LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO (2015). De nuevo interesante película de Thomas Vinterberg, una cinta clásica con un solvente guion de David Nicholls, adaptación dela novela de Thomas Hardy (1840-1928), “Far from the Madding Crowd” (1874), sobre la vida rural inglesa.

El reparto es sobre todo la bonita Carey Mulligan, que hace un trabajo antológico e incluso salvaje, sosteniendo ella misma con sus dotes expresivas a la tozuda y libre heroína Bathsheba Everdene, que se adelanta a su tiempo. Le acompañan los buenos trabajos de Matthias Schoenaerts, un tanto inexpresivo; Tom Sturridge, excelente como de soldado y jugador seductor; o Michael Sheen, el tercer pretendiente, un hombre mayor que ansía el amor de Bathsheb.

Auténtico y fascinante drama, con una producción sólida y brillante. Tiene además un ritmo ágil y el tono pesimista que caracteriza la obra de Hardy.

Una película majestuosa y noble. Pero tiene sus lagunas. No aporta nada nuevo, mucha técnica que en ocasiones hace perder el hilo y en otros momentos está falta de grandeza pasional.

Lo que debería ser una gran historia de amor, deviene retrato frío con bonitos atardeceres y gran vestuario.

 

BAILAR EN LA OSCURIDAD (2000). Una muchacha inmigrante checa y madre soltera, de nombre Selma, trabaja en una fábrica en una pequeña ciudad de EE. UU. La muchacha tiene un hijo escolarizado que es el motivo principal de su vida.

Selma prácticamente no ve y su hijo tiene su misma enfermedad progresiva, por lo cual ella ahorra cuanto puede para que lo operen y no pierda como ella la visión.

En tanto, su vía de escape es su pasión por la música, se evade del trabajo imaginando que su existencia es parte de un musical cuya banda sonora son los ruidos cotidianos de la industria, de las puertas, cualquier sonido.

Ya desde el principio la cinta comienza con Selma ensayando para un papel en la producción local de The Sound of Music. Todo ello interrumpido por varios números de canciones y bailes.

Pero la tragedia acecha y una serie de circunstancias harán que la protagonista mate a una persona sea juzgada, encarcelada y condenada a muerte, tras una sucesión de acontecimientos fatales.

La dirección de Lars von Trier es excelente y en el reparto destacan la cantante Björk, con un trabajo creíble; y una Catherine Deneuve excelente y medida.

Es una obra que reinventa géneros fusionando los dulzones musicales hollywoodienses con el melodrama puro y duro, rociado todo ello con los amargos sabores de la tragedia griega y salpimentada con cine de policías y de juicios.

Cinta estilosa, original, que tiene partes de cuasi documental y a la vez de ficción, una obra que roza lo sublime con su fantasía y el mundo de lo onírico. Trier acierta a sacar lo mejor de la cantante islandesa Björk en el papel de Selma, la pobre joven invidente.

No es factible ni posible tomarse la trama en serio ni en un nivel literal. Debe abordarse como un ejercicio deliberado de una especie de ficción poderosa, asombrosa y repulsiva a la vez.

Más extenso en la revista Encadenados.

LOS IDIOTAS (1998). Unos jóvenes comparten su afición por la idiotez y en una casa campestre pasan el tiempo juntos profundizando y ejercitando comportamientos propiamente estúpidos. Su filosofía es esa y encaran el mundo social con ese tipo de actuaciones imbéciles.

Karen, una mujer solitaria y reservada, después de participar involuntariamente en una de sus actuaciones, se une al grupo. Es quizá la única persona honesta del filme. Los demás no tienen la valentía que se les suponía de arriesgar sus vidas personales. Trier se ríe de ellos. Como reírse de la burguesía.

En su parte final, el filme tiene una sucesión de escenas y secuencias en que los protagonistas provocan situaciones violentas ante gente desconocida que lesiona su vergüenza. Las secuencias dan la impresión de estar ante una especie de cámara oculta.

Realmente el producto puede parecer muchas cosas, pero no se puede negar que la película es rupturista e incluso provocadora.

En todo caso, la subversiva propuesta de Von Trier invita a la reflexión. El propósito de la película no es burlarse de los discapacitados. Más bien evidencia el idiota que todos llevamos dentro, a la vez que critica despiadadamente actitudes y pautas de nuestra sociedad.

Más extenso en la revista Encadenados.

LA CELEBRACIÓN (1998). Esta cinta del director Thomas Vinterberg habla de una celebración organizada por una importante familia de la alta burguesía danesa, en la cual van a conmemorar el sesenta cumpleaños del patriarca, un hombre con un recorrido de persona honesta y reputación intachable. Pero sus tres hijos, aunque diferentes entre ellos, se han dispuesto aprovechar el acontecimiento para sacar a relucir los trapos sucios de la familia.

Pareciera una película de Buñuel que mezcla farsa y tragedia de manera tan integrada que no se sabe bien cómo responder. Desde luego es una cinta estupenda, dinámica, multipremiada, a la vez que corrosiva y divertida, fruto de un fascinante ejercicio narrativo.

Tiene un gran trabajo actoral donde Henning Moritzen, Ulrich Thomsen o Thomas Bo Larsen, entre otros, hacen suyos los personajes y los defienden magníficamente. Es un trabajo excelente del director Vinterberg.

La fuerza del filme radica en un estupendo libreto del propio Vinterberg junto a Mogens Rukov, donde los giros arguméntales son auténticas estocadas. Sus protagonistas asombran e incluso aturden al espectador con una colección de gestos y silencios expresivos, miradas calculadoras y sonrisas despreciativas. Todos asumen sus roles y los plasman con la credibilidad del cine Dogma.

Verdaderamente es una película dura que igual te pone en estado de shock, como te puede dejar alucinando e incluso te hace sacar un raro instinto de violencia y cabreo supremo.

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