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Juan Mateo (Tribuna libre).- Vengo asistiendo de un tiempo a esta parte a un fenómeno muy curioso, la popularización de la política. Con esto no me refiero a que todo el mundo conozca la política, sino más bien al contrario, a que todos creen conocerla y todo el mundo se siente legitimado no ya a opinar, que es algo bastante lícito, sino a imponer su criterio, y lo malo, sin atender a modales.

Esto viene dado por las redes sociales, que desde hace aproximadamente una década se han integrado de una manera muy importante en nuestra vida, ahora la gente se desvive por un “like” en su perfil donde aparentan vivir una vida perfecta. Bien usada, una red social es una herramienta genial, gracias a ellas he podido contactar con compañeros de la Universidad que no veía hace 25 años o incluso encontrar amigos de la infancia a los que perdí la pista hace mucho.

Sin embargo, las RRSS presentan un grave peligro, y no es poner fotos de todo lo que comes como hacen algunos buscando la aprobación del prójimo, no. El peligro de las RRSS es la política. Y oiga, discutir de política con un extraño puede ser gratificante si se mantienen las formas, y si se pierden, pues no es agradable pero no pasará a mayores porque al fin y al cabo, tú vives en El Puerto y el otro vive en Calatayud, por decir algo.  Puede ser desagradable porque como dijo Mike Tyson, no precisamente un premio Nobel, “El anonimato de las redes sociales evita muchas visitas a urgencias”. No le falta razón, porque detrás de un teclado se escriben auténticas burradas.



El problema viene cuando todo eso se traslada a la política local. He asistido sorprendido a un fenómeno que cada día va a más y es una especie de “guerra civil” virtual que se vive en grupos de Facebook relativos a nuestra ciudad.  Y no se vayan ustedes a creer que es por falta de formación, porque uno de los pioneros en plasmar su opinión, muy parcial, es alguien que ya se presentó a unas elecciones y que puede presumir de una formación de alto nivel. El concepto inicial de ofrecer una crítica al gobierno podría ser correcto, el problema es que le encanta poner apodos, tirar de una ironía mal entendida que flirtea con la grosería y al final lo que provoca es que sí, tiene seguidores, los habituales que pierden las formas, pero a la gente sensata esas opiniones que podrían ser muy constructivas acaban resultando muy desagradables a la lectura.

Y he aquí que se ha abierto la veda y lo que en principio deberían ser grupos en los que se comentaran acontecimientos de la ciudad, se intercambiara información, se hablara de nuestra historia, anécdotas, etc.  se ha convertido en una especie de “mini congreso de los diputados” en los que hay una serie de individuos que pierden muy, pero que muy rápidamente las formas. En realidad es como si nunca las hubieran tenido.

Nunca me ha gustado posicionarme políticamente porque la teoría es una cosa y los hechos son otros. Si un regidor busca el bien de la ciudad y trabaja por ello, me dará igual el color político de su formación. Tengo muy buenos amigos en la práctica totalidad de las formaciones, y podemos sentarnos con un café por delante y debatir con todo el respeto del mundo. Sin embargo, resulta que ya se ha generalizado que haya una serie de individuos en los que su perfil es claramente político. Si alguien ve mi perfil verá que publico cosas curiosas, fotos de los lugares que visito por trabajo, y carreras de coches, muchas carreras de coches o temas relacionados, porque es lo que más me apasiona. Algún tema de actualidad y poco más. 

Lo que pasa es que de un tiempo a esta parte ha aparecido un “ejército” de cibervoluntarios que lejos de respetar el espíritu de estos grupos se dedican a criticar TODO lo que hace el ayuntamiento, a verter calumnias, a magnificar los fallos como si ellos fueran perfectos, a atribuirse los éxitos del consistorio actual aún cuando sus colores lleven ya dos años apartados del gobierno, y que, cuanto muestras tu desacuerdo, automáticamente te llaman facha, palmero, lameculos o directamente recurren al insulto fácil. Muy lamentable.

Si uno entra en algunos de los grupos de la ciudad, va a ser testigos de verdaderas batallas campales. Servidor, lo reconozco, no es de dar un paso atrás, así que vamos para delante con todo, y bueno, cuando se les acaban los argumentos, si alguna vez los hubo, se recurre al insulto fácil. Así no. Al final lo que ocurre es que en esos grupos no hay una foto de la ciudad, no hay una idea, no hay una anécdota, no hay historia… Y se salvan sólo iniciativas de personas que dedican su tiempo a ayudar a los demás, y además cuando intervienen lo hacen con un respeto exquisito a pesar de poder tener ideologías diferentes (mis respetos, Daniel).

Es poner una opinión y saber que vas a estar expuesto a un ataque, la mayoría de las veces en grupo. Permítanme la falta de modestia por esta vez: De uno en uno no pueden conmigo, pero es que en grupo, sin usar malas artes, tampoco.

Así que señores, vamos a dejar esta “Guerra Civil virtual portuense” y vamos a dejar de echar porquería en los grupos de El Puerto. El que quiera hablar de política, que cree su grupo y si quiere, que no deje entrar a los que opinen distinto. A mi me importa un comino. Pero mientras estemos en un grupo de El Puerto, vamos a hablar de cosas de El Puerto, vamos a hacer crítica constructiva, vamos a dar ideas, vamos a hacer grande nuestra ciudad y no pequeña nuestra educación.

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