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Desde La Pasarela.- Si dar un paseo por el centro de cualquier ciudad debe ser motivo de orgullo por la historia de calles y edificios, hacerlo por el decimonónico casco viejo de El Puerto puede causar, además, una sensación tétrica al presenciar como innumerables inmuebles se encuentran en un estado deplorable.

Resulta dañino a la vista -y también al corazón- contemplar todas esas viviendas y solares que proliferan a cada esquina en un alarmante estado de abandono. Se ha tornado de histórico a reumático con el transcurrir de los años. Y es que es inevitable ir por ahí sin fijarnos en lo que está a nuestro alrededor, quizás pensando ¡qué lástima, otra casa abandonada! Una de dos: permanecer impasible o remediarlo con políticas adecuadas para no perder el contenido de los bienes vinculados con la historia de nuestra ciudad, a partir de la cultura que le dio origen, y para que ese turista que tanto se le espera no rehuya como está sucediendo de unos años a acá.

El último caso más flagrante de la dejadez de sucesivos gobiernos -ojo, de todos colores políticos- con nuestro patrimonio lo tenemos con el deterioro que padece el emblemático antiguo hospital portuense de San Juan de Dios que ya afecta al exterior de la iglesia; un edificio que es propiedad municipal pero que se nos cae a pedazos ante los ojos de todos.



La enfermedad es antigua, crónica. Mientras poblaciones del entorno empleaban medidas para revitalizar y adecentar sus cascos históricos, aquí andábamos enfrascados en levantar glorietas y en desmadres urbanísticos varios, todo ello en vez de aplicar un proyecto para recuperarlo, crear un centro de documentación en relación a las estructuras patrimoniales que permita tener el registro del estado en el que se encuentra, y un plan de vivienda para los jóvenes. ¿De verdad nadie durante las diversas legislaturas ha sido capaz de crear una partida presupuestaria para restaurar edificios ruinosos de la ciudad? Pero para cosas peregrinas como encuentros de 'influencers' y/o viajecitos a Fitur en los tiempos del despilfarro siempre ha habido y habrá pasta...

Un problema añadido es el peligro para la seguridad ciudadana en numerosas fincas y solares que son propicias para crear situaciones de insalubridad. Por otro lado está el inconveniente de la adquisición de los suelos pues los propietarios -en su mayoría entidades bancarias- se niegan a vender o piden cifras elevadas. A esto se le suma la ausencia de actividad económica en el centro pues no puede basarse la recuperación en reconvertirlo en zona residencial.

En El Puerto, cuando no hay dinero, los edificios se hunden solos; cuando lo hay es peor, dejamos nosotros que se caigan.

Desde estas líneas, reconocer el esfuerzo que realiza Betilo (Asociación de Defensa del Patrimonio Histórico El Puerto de Santa María) por intentar 'resucitar' un enfermo que, como se suele decir en estos casos donde nadie asume la parte que le corresponde de responsabilidad, “entre todos lo mataron y él solito se murió”.