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Son conocidos, a poco atento que se haya estado en la vida, casos, tanto reales como de ficción, que tratan la relación de chóferes o conductores de profesión, con sus clientes, hombres o señoras generalmente en buena posición.

Los ejemplos tomados del cine a que ahora me refiero, son casos muy interesantes, en los cuales entre el chófer y su cliente, inicialmente no hay avenencia, pero en el transcurso de la historia ambas partes acaban por entenderse y algo más: traban una amistad sincera y afectuosa.

Como hay títulos diversos, he decidido hablar de tres películas buenas y gratas. De la más reciente a la más antigua me referiré a Perfumes (2020) de Grégory Magne. Green Book (2018) de Peter Farrelly; y la muy reconocida obra Paseando a Miss Daisy (1989) del director Bruce Beresford.

PERFUMES (2020). Guillaume es un individuo simpaticón, algo patoso pero avispado, trabaja como chófer para una empresa oficial. Su clienta Anne Walberg es una importante creativa del mundo de la perfumería que inventa y elabora fragancias, a la vez que vende su enorme talento empresas cosméticas o industriales. Es una mujer que conoce el valor de su don y vive cuidando mucho ese olfato que es una cualidad frágil. Es una persona narcisista, con fuerte temperamento, egoísta y solitaria.

Guillaume lleva a su clienta a lugares donde ofrece sus ‘servicios-nariz’. En el entorno de Anne, el único que no la teme es Guillaume, hombre divorciado y obligado a aguantarla, pues necesita ganar dinero para educar a su hija de diez años. Anne es maniática con los olores de las sábanas de los Hoteles, el olor a cigarrillos o la proximidad con la gente. Obliga a Guillaume a no fumar, a que le ayude a cambiar las sábanas o a subir y bajar sus pesadas maletas. Una pugna entre dos personalidades distintas que mantienen una vinculación tensa e imprevisible. Pero ambos están condenados a entenderse y a avenirse, lo que deparará sorpresas.

Primera película en solitario del director Grégory Magne, con un excelente guion de su autoría sobre estos dos personajes. Anne, usa su olfato para asesorar nuevos olores. Él es un hombre que ha de sobrevivir, un poco fullero y al mando del Mercedes Benz de su empresa.

Cada uno en su modalidad es ejemplo de mala educación, él como hombre burdo, ella como mujer estrella pero insensible y soberbia. Ambos aprenderán el uno del otro, para corregirse, incluso en las pequeñas cosas.

El reparto son unos estupendos Emmanuelle Devos (expresiva y elegante) y Grégory Montel (verosímil y natural) que consiguen una interpretación dual interesante. Aparece igualmente el actor español Sergi López como Dr. Ballester, experto en temas del olfato, que López interpreta con gran nivel.

Es interesante en esta película el análisis que hace del negocio de los olores, una industria multimillonaria que abarca el diseño de perfumes de alta gama, la elaboración de olores para fomentar la compra en los supermercados o disfrazar la fetidez de las emisiones tóxicas.

Aunque no es una historia de amor entre sexos, sí es un relato amoroso en el plano de la amistad y el afecto entre ambos protagonistas.

Magne habla de enseñanzas básicas que tanto la Mademoiselle olfativa como el chófer aciertan a transmitirse mutuamente, mensajes y saberes que sirven a sus respectivos espíritus. Progresivamente, Anne va suavizando su carácter altivo y Guillaume se torna más comprensivo y complaciente, estableciéndose entre ellos finalmente una relación entrañable.

Película que se ve con gusto, que entra por los ojos y por la nariz, lo cual que recomiendo no se pongan la mascarilla, pues “Perfumes” invita a oler y respirar.

Bien dirigida, no aburre y es una cinta inteligente. Hay Parfum, también Eau de Toilette, jabones, ambientadores y aromas mil. Obra con un bouquet exquisito, que cuenta con una Emmanuelle Devos que consigue con su mirada límpida y sus aciertos como actriz, dotar de elegancia a la película.

Más extenso revista Encadenados.

GREEN BOOK (2018). Road movie bonita, bien narrada, sin la mínima escena truculenta, humanista, de crítica social y racial, con elementos de la reciente historia americana, actores impecables y puesta en escena de lujo. Es cine para que todo público se sienta atraído, para que las salas se abarroten y el espectador alegre el corazón.

Peter Farrelly, sabe dirigir esta cinta buscando la complicidad del público con su buena onda. Atiende las cosas pequeñas para elevarse sobre las cosas grandes, de modo que nos ayuda a ser mejores, cual guía de autoayuda. Trabado y dinámico guion del propio Farrely junto a Brian Hayes Currie y Nick Vallelonga, basado personajes de los años sesenta en los EE.UU., con muchas situaciones efectistas, diálogos memorables y detalles que tocan la fibra sensible.

La historia es el viaje por el Sur profundo de Don Shirley, un virtuoso pianista y compositor negro instruido, exótico, homosexual e introspectivo (eficiente el hieratismo de Mahershala Ali), de la mano de su recién contratado chófer, Tony Lip, un italiano dicharachero, violento y comilón (superlativo Viggo Mortensen). Está contada la historia con la frescura del lado más evidente de las cosas, en forma de comedia.

El título de la película “El libro verde” alude a una guía donde se marcaban los bares, moteles y restaurantes en los que los afroamericanos eran aceptados en el sur norteamericano de los años ’60, era J. F. Kennedy Presidente. Esto da pie a que ambos personajes afronten esta flagrante discriminación y aborden la presencia de los prejuicios y el racismo en los diferentes lugares que visitan en la gira.

Pero este viaje y la normativa que dicta el “Green Book”, no habla sólo de racismo. En la médula del tal viaje Farrelly coloca otros componentes más complejos y espinosos de acoplar que los meramente ‘negro-blanco’. Son aspectos que incluyen lo común y lo sorprendente, lo incorrecto y lo distinguido, el arte, la idoneidad, la competencia, lo vital; también lo demoledor, la desconfianza, o la lealtad, el derecho, la obligación, la injusticia o lo legal. Y nuestro director lleva a cabo este maridaje con gran pericia y sentido del ritmo narrativo. 

Quiero subrayar uno de los elementos que me gustan de esta cinta. La dispar pareja de protagonistas, el italoamericano cerril versus el culto y distinguido pianista negro acaban encontrándose bien juntos. A lo largo de su aventura, ambos van poniendo en común sus capacidades y sus deficiencias, lo bueno y lo malo, y al final, el vínculo creado entre estos dos espíritus dispares, concluye de manera redonda en la mutua aceptación y en una sólida amistad. Final feliz pero no empalagoso, más bien un ejemplo de cariño y de superación entre razas y clases sociales.

En el reparto sobresalen un Viggo Mortensen con una vis cómica extraordinaria (ver aquí) una interpretación brillante, elegante y genial. Mahershala Ali logra un magnífico trabajo como hombre de color ilustrado, docto y afectado que, empero, tiene sus dificultades personales. Y gran química de ambos actores que viene envuelta de humor, sintonía y respeto mutuo.

Muy buena la puesta en escena, el vestuario, los salones sureños o los llamativos automóviles de la época, tipo el precioso Cadillac DeVille del 62 que conduce Tony.

Película que sigue el esquema chófer-cliente, donde los dos protagonistas contrapuestos, acaban entendiéndose y salen enriquecidos de la relación.

En conclusión, “road movie” (película de viajes), de unos entrañables personajes recorriendo el ‘sur profundo’ norteamericano y sus más xenófobos lugares, que aborda esa lacra social de la ‘segregación racial’, y el nacimiento de una noble amistad entre dos seres diferentes.

Comedia dramática del tipo ‘crowdpleasrs’ (popular), o sea, peli que seguro gustará a una gran mayoría, realizada con un presupuesto exiguo y que podría pasar por ‘indie’ (cine independiente), aunque no lo sea del todo.

PASEANDO A MISS DAISY (1989). La señora Daisy (Jessica Tandy) es una profesora de 72 años jubilada, despótica y fastidiosa. Tras sufrir un accidente de tráfico mientras conducía, su hijo (Aykroyd), preocupado por su por esta situación, contrata a un chófer negro (Freeman) para que la lleve de paseo y la devuelva a casa sana y salva cada día. Los comienzos de esta relación se acompañan de una gran desconfianza de Miss Daisy hacia el apacible chófer. Con el tiempo, las cosas cambiarán.

Tiene la obra una gran dirección del australiano Bruce Beresford con un buen guion de Alfred Uhry (recuerdos de su abuela con un chófer familiar), quien adapta una obra teatral de su autoría, premio Pulitzer en su momento. Envolvente música de Hans Zimmer junto a una gran fotografía de Peter James.

Es la historia de un gran amor y mucha paciencia, que tarda 25 años en desarrollarse. Explora finamente a sus personajes, tomándose su tiempo para hacerlo. Al final de la película, hemos recorrido un largo camino con la señorita Daisy Werthan, una engreída longeva sureña, y Hoke Colburn, su chófer; en ese tiempo el espectador consigue interesarse en los sentimientos de los personajes, en el hecho de que ambos acaban reconociendo el vínculo que se ha creado entre ellos.

Es una película sutil, en la que no son los diálogos los que ofrecen la información más importante, sino el lenguaje corporal, el tono de voz o las miradas. Hartos de tanta superficialidad en el cine que niega la humanidad, esta cinta es toda una lección que pone el punto de mira en el corazón de los protagonistas: toda una lección.

Esta guerra de voluntades entre dos viejos testarudos se resuelve con la sabiduría y la paciencia del chófer Hoke en su coche Hudson nuevo y brillante de 1949, y la final y lenta aceptación de la judía liberal del Sur Daisy.

Magnífico retrato de la vejez con el trasfondo sociocultural del Estado sureño y racista de Georgia en EE.UU. Todo cocinado con parsimonia, sin precipitación. Ella acabará por reconocer los errores de los supremacistas blancos, elevarse por encima de los prejuicios y aceptar los avances de los derechos de los negros, pudiendo complacerse por los discursos de Martin Luther King: “las cosas han cambiado”.

El reparto es sensacional con un actor grande como Morgan Freeman en el papel de algo más que un chófer. Maravillosa Jessica Tandy como Miss Daisy. Freeman y Tandy son actores con recursos considerables, y también idiosincrasias particulares que saben llevar esta relación de tándem chófer-señorita con una facilidad entusiasta y gran maestría. Dan Aykroyd muy bien como el hijo preocupado.

La película tuvo en su momento un extraordinario éxito de público y económico. Fue además multipremiada. Por no extenderme apunto que en 1989 obtuvo 4 Oscar: Mejor película, actriz (Tandy), guion adaptado (Uhry) y maquillaje, mas 9 nominaciones. Y en el mismo año, obtuvo 3 Globos de Oro a la Mejor Comedia, a la labor de Freeman y otro para Tandy.

Entrañable relato sobre cómo se desarrolla la amistad entre dos personas incompatibles al principio y el clímax final, cuando vemos al chófer dando de comer amorosamente a Miss Daisy, su amiga ya muy mayor; eso es más que un beso de la pareja de cualquier otra historia romántica… lo de los dos ancianos sí es amor verdadero.

Con esta obra, Beresford es capaz de llevarnos a lo más profundo de los sentimientos de sus personajes, sin equivocarse en su camino, hacia una luminosa escena final en la que quedamos invitados a contemplar uno de los misterios más privilegiados de la vida.

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