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Con la festividad de este miércoles, se dan por terminadas las navidades más distópicas que usted y un servidor han podido vivir jamás y ya estamos inmersos en el año donde, según los astrólogos, “viviremos una nueva era: un despertar de la conciencia lógica y espiritual desde un lugar iluminado y abstracto”. Adiós al 2020 maldito que ha traído con él dolor, muerte, incertidumbre y hasta hambre. Una crisis con toda su crudeza que nos pilló a todos inmersos en nuestro microcosmos cotidiano, con nuestras pequeñas angustias y nuestra confusión de prioridades, tan humanas y cegadoras. Sí, se fue el año en que nada fue lo que iba a ser. Todos teníamos planes, ideas, expectativas; todos tuvimos que cambiarlos. Para muchos fue dramático; para algunos fue una contrariedad; para otros fue fatal. Pero nadie nadie nadie -eso es lo extraordinario- salió ileso.

Indudablemente, con el 2021 recién estrenado no acaba ni empieza nada porque la pandemia no entiende de calendarios ni de construcciones culturales. No se debe caer en la común falacia de pensar que por cambiar de cifra en el almanaque podemos hacer borrón y cuenta nueva. La memoria es terca para quienes han perdido a alguien, han sobrevivido a un hospital, han perdido su trabajo o su calidad de vida. La memoria es terca con los traumas y deja heridas profundas, nos ha sacado de cuajo de nuestra zona de confort para mostrarnos que somos infinitamente más vulnerables de lo que nos creemos. Atrás quedaron los aplausos en los balcones, los bulos, el odio y el ya clásico “y tú más” en las redes, la vieja del visillo -esencia del ser humano- y etc, ahora nos queda rezar para que las fiestas no nos pasen factura con la ya temida tercera ola…



La entrada de un nuevo año se espera sea beneficiosa para que El Puerto progrese en diversos proyectos de futuro que permanecen paralizados. Se desea, pues, que definitivamente se despegue hacia el desarrollo y los portuenses vean como se cumplen aquellas promesas electorales que cada cuatro años nos prometen los políticos y que nunca terminan cumpliéndose ni por asomo. Soñemos que sea favorable para la ciudad y represente el poder de ser optimistas y mantener viva la esperanza y la fe frente a las dificultades, como camino para conquistar paz interior y apertura de conciencia. ¿Será esta anualidad cuando al fin la ciudad avance? Hagamos cábalas e imaginemos.

Tanto los sueños como las ilusiones caen en el ámbito de lo deseado, de visiones imaginarias que podrían o no convertirse en realidad, en definitiva la fe que casi todos tenemos en que algún día cambie para bien la situación que nos rodea. Dejando a un lado anhelos personales, realicemos un ejercicio onírico de perspectiva positivista con este rincón de la Bahía que tantos males padece. Imaginemos que el desempleo desaparece, el comercio en el centro se revitaliza, se adecentan edificios ruinosos y solares abandonados, se erradica el vandalismo, las calles lucen limpias y sin excrementos caninos, el agua vuelve a ser un bien público, se recupera el prestigio que una vez tuvo esta tierra en el ámbito cultural y festivo, el turismo vuelve a ser el motor económico, cesan los impuestos abusivos, se edifican más viviendas de protección oficial y se emplean más ayudas sociales para los más desfavorecidos. Ah, por favor, y que el interminable parking se convierta al fin en una realidad… Con toda probabilidad, esta retahíla de ambiciones para los próximos doce meses resulten ser meras utopías, no obstante, y como dice Paulo Coelho, “la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”.

Ojalá la conjunción de Júpiter y Saturno en el firmamento sea el signo que marque el inicio de la revolucionaria y famosa era, un tiempo que anuncia cambios masivos y muy trascendentales en la conciencia colectiva de la humanidad, algo así como un gran despertar. Ya lo cantaba el impar Raphael con su mítica adaptación de la canción ‘Aquarius’ del grupo estadounidense The Fifth Dimension donde anunciaba un periodo de “harmony and understanding”, o sea, armonía y comprensión. Simpatía y confianza por doquier resume muy bien el lema que quiso hacer realidad la cultura hippy de los 60 y que ha llegado hasta hoy concentrada en el lema “paz y amor”. Que así sea.

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