Print Friendly, PDF & Email

“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

John Le Carré, el maestro de la novela de espías, ha fallecido este 12 de diciembre de 2020 a los a los 89 años. La vida de Le Carré fue tan apasionante como sus novelas, en las que concertaba su maestría literaria para presentar el enigmático y turbio mundo del espionaje, junto con una fortaleza moral que gustó a millones de lectores.

Estudió en las Universidades de Berna y Oxford y comenzó a trabajar para los servicios secretos británicos mientras estudiaba alemán en Suiza. Mientras daba clases en el elitista colegio privado de Eton, le reclutó el Servicio Exterior Británico.

Estaba especializado en relatos de intriga y espionaje ambientados mayormente en la Guerra Fría, pero cuando acabó el período de tensión entre bloques, Le Carré actualizó sus temas a la realidad internacional de nuestra época: el terrorismo islámico, el desmembramiento de la Unión Soviética, la política de los Estados Unidos en Panamá y también los manejos y negocios de las industrias farmacéuticas. Entre sus personajes, el más conocido es probablemente el agente Smiley, pero en general son siempre agentes complejos y turbios.

Este grande del género de espías, nunca admitió ningún tipo de premio literario, tampoco títulos ni distinciones. Le Carré, horrorizado por tanta falsedad como aparece en los medios de comunicación afirmó: “Las mentiras que se han difundido son tantas y tan persistentes que puede sostenerse en estos momentos que la ficción es el único modo de contar la verdad” ¡Ojo al parche!

Sus novelas siempre fueron material claramente cinematográfico, lo cual que es fácil seguir su rastro en la pantalla, con excelentes adaptaciones como las que menciono a continuación.

John le Carré y el cine

La primera de las adaptaciones de sus novelas fue la que realizó Martin Ritt en 1965, El espía que surgió del frío, apenas pasados a dos años de su publicación y primer éxito de ventas (film del que hablo más abajo).

Transcurrido un año, otro afamado director, Sidney Lumet, contaba con James Mason para interpretar al agente Smiley, adaptando su obra, Llamada para un muerto, 1966, con enorme éxito.

La chica del tambor (1984) con Diane Keaton y dirigida por George Roy Hill, se estrenó con buen resultado. En 1990 le tocó el turno a La Casa Rusia (1990) con Sean Connery y Michelle Pfeiffer.

En 2005 llegó una de las películas más recordadas en su novelística, El jardinero fiel, centrado en las intrigas de la industria farmacéutica, del director brasileño Fernando Meirelles.

Este tirón del espionaje moderno fue explicado por el propio John Le Carré, cuando, además de prestar su novela El sastre de Panamá (hablo luego de esta cinta) a John Boorman, de producir el film y escribir el guion para cine, una vez estrenado en la Berlinale de 2001; en ese entonces afirmó: «Es posible que con la caída del Telón de Acero los espías hayan perdido fuerza en términos de relato, pero siguen ahí. En el mundo siempre habrá espías». Para Le Carré la única diferencia es que los espías modernos: «no se mueven por ideales sino por dinero».

Entre sus mejores adaptaciones estuvo El topo (2011) –ahora me refiero a ella-, dirigida por Tomas Alfredson (luego llevada a TV). Y Anton Corbijn se encargó de la adaptación, El hombre más buscado (2014), con la última interpretación del célebre actor Phillip Seymour Hoffman (también la comento).

Las últimas adaptaciones han sido dos series de televisión. La ya mencionada La chica del tambor y El infiltrado de la directora danesa Susanne Bier.

EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO (1965). Al agente secreto británico Alec Leamas (Burton) le proponen la misión de de presentarse como desertor ante otra banda del telón de acero, en la Alemania Oriental. Tiene que hacerse pasar por un desencantado y alcohólico desertor. Para que resulte creíble su plan, se desacredita también ante sus superiores, hasta conseguir que lo expulsen de la inteligencia británica. Así, le resulta relativamente sencillo entrar en mundo del espionaje comunista. En esta misión conoce a una joven (Bloom) de la que se enamora; la joven forma parte del Partido Comunista británico. Pero al final, el agente descubre que su misión es sencillamente una tapadera y que él es utilizado al servicio de una trama secreta.

El director Martín Ritt adquiere los derechos de la novela y les encargó el guion a Paul Dehn y Guy Trosper, que supieron escribir un meritorio libreto con escenas y diálogos de gran interés, que son los que sostienen la mayor parte del peso narrativo. Ritt hizo una impecable dirección que logra un punto de tensión máximo desde el primer momento y mantiene la intriga todo el metraje con tiempos y ritmo perfectos.

La película tiene un gran reparto, sobresaliendo un genial Richard Burton en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Claire Bloom está muy afinada como bonita y expresiva joven idealista y enamorada. Grande Oskar Werner, que mereció el reconocimiento de crítica y público. Y acompañan a las mil maravillas Peter Van Eyck o Sam Wanamaker, entre otros.

Esta película trata sobre el espionaje, poniendo de relieve el interés que para el cine tenía el papel de los espías en la Guerra Fría. Este film favoreció a que espionaje se convirtiera un subgénero rentable comercialmente para el cine o la literatura. Prueba de ello fue la saga James Bond y sucédanos que habrían de venir.

Sin embargo, los espías de esta película poco tienen que ver con esos espías de relumbrón que lucían habilidades de lucha e incluso seductoras. Ritt nos hace abrir los ojos y ver de otra forma este tema, con un film serio y ponderado. Ritt nos mete en una Guerra Fría creíble donde el espía no usa armas. Su trabajo es el de un funcionario clandestino que pasa información secreta a su gobierno. No veremos en este metraje balas, ni peleas, ni persecuciones de coches. Incluso se puede decir que pasa por alto la acción, siendo que lo principal de la película son sus elaborados e interesantes coloquios.

Destacar el sorpresivo final, que viene a ser un perfecto remate que sintoniza con el tono fosco y lóbrego de la obra. Un final en el que Alec Leamas puede redimir su existencia. Una visión realista, fría, despojada de adornos del mundo del espionaje.

Más extenso en la revista Encadenados.

 

EL SASTRE DE PANAMÁ (2001). La película del director John Boorman es adaptación de la novela de título homónimo de John Le Carré, con un guion a cargo de Boorman junto al propio Le Carré y Andrew Davies.

Aunque no es un film de altura, sin embargo tiene un excelente reparto, donde brillan con luz propia un acertado Geoffrey Rush en el papel de sastre bien relacionado con las altas esferas; un inspirado Pierce Brosnan como espía británico; y está magnífica en su trabajo de esposa del sastre, la bonita Jamie Lee Curtis.

La relación del oscuro sastre en el cosmos panameño con amistades de la política local, empresarios y demás gente poderosa, junto con la presencia del intrigante espía inglés, gesta una atmósfera singular que resulta atractiva. En la reputada sastrería se conversan y airean aspectos sociales y políticos de la zona, especialmente sobre el Canal de Panamá, del cual en breve se van a retirar los norteamericanos.

Película normalita pero con regusto a Le Carré, sobre el sórdido mundo de la política, los intereses entre Estados y el poder del dinero. Todas las debilidades humanas se dan encuentro en este film.

 

Más extenso en la revista Encadenados.

 

EL TOPO (2011). La película transcurre en plena guerra fría, en los años setenta. La trama se desarrolla a partir del fracaso en Hungría de una misión especial, lo cual que provoca un cambio en la cúspide de los servicios secretos británicos. El agente George Smiley es cesado por ese motivo y cuando se disponía a jubilarse, le encargan la misión de averiguar quién es el “topo” que se ha infiltrado en la inteligencia británica.

Excelente película dirigida con maestría por Tomas Alfredson, conducido por un excelente guion de Bridget O’Connor y Peter Straughan, basada en la novela homónima de John Le Carré.

En cuanto al reparto, estamos ante un conjunto de actores y actrices de primer orden. Así, un excepcional Gary Oldman acompañado de Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Toby Jones, en un extenso y excepcional equipo actoral. Es realmente un lujo ver a Firth, a Hurt, a Jones, y no digamos a Gary Oldman, actores consagrados, en roles a los que otorgan veracidad y estilo.

Obra magnífica que absorbe y mete de lleno en su compleja trama. Alfredson ha captado el espíritu de La Carré, su estilo visual es tenso y pausado, describe los matices y hace entendible una historia complicada de narrar en imágenes. Los flashbacks no chirrían y tienen sentido. Excelente interpretación de Gary Oldman como Smiley, ese hombre que habla poco y observa mucho, capaz de analizar un mundo en el que resulta muy problemático distinguir la verdad de la mentira. “El topo” posee una estética que parece de otra época, tiene un tono hipnótico.

La película es laberíntica y hay que estar atento para no perder el hilo conductor; es como ordenar un puzle complicado. Pero el espectador se ve recompensado con un thriller interesante y envolvente.

Smiley es un espía que nada tiene que ver con James Bond o similares; en realidad El Topo es el anti James Bond, pues no hay persecuciones, ni en lanchas rápidas, ni explosiones nucleares. El director Tomas Alfredson dice del personaje: “En realidad, Smiley es el espía perfecto. Alguien cuyo rostro olvidarías inmediatamente si te lo cruzaras por la calle. Nunca expresa nada, nunca deja ver en qué está pensando. Hace preguntas y obtiene sus respuestas. Se podría pensar que no es un personaje muy cinematográfico, pero sí lo es”.

En este film encontrarás una recreación sobre la soledad y la desesperanza de hombres que existieron –y existen- y que no pueden mostrar los secretos de sus corazones, ni lo que piensan, ni lo que saben. Por eso es una película a la vez que trepidante y una auténtica cinta de espías, una obra de sobria intriga psicológica.

Más extenso en la revista Encadenados.

EL HOMBRE MÁS BUSCADO (2014). La novela homónima de Le Carré que adapta este film tiene su punto de arranque en el malestar político y de los servicios de inteligencia, motivado por los atentados del 11-S en Nueva York. En la historia sigue a un hombre medio checheno y medio ruso, de firmes convicciones religiosas, torturado en Rusia y que llega a la comunidad islámica de Hamburgo en busca de amparo. Pero a la vez, también reclama la herencia de su padre. La mirada de los Cuerpos de Seguridad de EE.UU. y Alemania acechan al joven, sin que se sepa bien quién es, si víctima de los rusos, un hombre cualquiera o un integrista peligroso. Sólo se sabe que necesita llegar a un lugar seguro y tener una tarjeta de identidad.

El director Anton Corbijn sabe crear el clima exacto de un Hamburgo oscuro y marrón. Pero además de marrón en lo que toca a los ambientes físicos, se puede igualmente ver el mismo color en el clima humano.

Película templada y sobria localizada en un Hamburgo deprimente, una ciudad bajo nubes plomizas. Así es la estética y el tono poderoso de Corbijn para esta ciudad portuaria y grafitera, poblada de servicios especiales, contraespionaje y CIA, que se zancadillean entre ellos y matan sin piedad si la cosa huele a “talibán”.

El checheno conocerá a una joven, Annabel, una abogada alemana idealista y defensora de los derechos humanos. Él la contrata para que le arregle los papeles e impida su deportación, y para ello deberán enfrentarse al heredero del banco Brue Frères de Hamburgo, un británico entrado en años que se encuentra a punto de una quiebra, y a la vez, será perseguido por los distintos Servicios de Inteligencia, y en ese embrollo de intereses encontrados, un desenlace imprevisto y despiadado.

Actores de primera talla, Phillip Seymour Hoffmann hace con gran verismo el papel de de detective o agente Günter Bachmann, que parece enteramente un rol cortado a su medida; personaje suicidal, terminal, lanzado hacia su destrucción. Está genial igualmente Willen Defoe en su rol de banquero, mirada y sus gestos también aparecían mortecinos y angustiados. Y qué triste suerte que Defoe al igual que Hoffman, acabarían sus días en ese fatídico año de 2014. Y por supuesto ambos hacen memorables interpretaciones.

Acompaña un elenco de los muy buenos con nombres como mi admirada Nina Hoss, una brillante Rachel McAdams, Robin Wright excelente o Daniel Brühl, entre otros.

Más extenso en la revista Encadenados.

Anuncio